30 noviembre 2003

Tragedias en Mesopotamia

Uno ya no sabe qué pensar, ni, como dice mi madre, a qué carta quedarse. Hace ya muchas semanas que advertí en este mismo "blog" de que la estabilidad y la seguridad en Irak, tras el triunfo de las tropas anglo-norteamericanas sobre el decrépito ejército de Sadam, iba a ser asignatura más complicada de aprobar por parte de los mandos de la coalición. Y han fracasado. Hasta la fecha, la zozobra de los responsables de las operaciones sobre el terreno, así como de las autoridades políticas encargados de coordinarlos, ha sido manifiesta.

Y eso me duele, me entristece y me enoja a partes iguales. Yo siempre he apoyado la intervención, como postrer fórmula que permitiera la eliminación política del sangriento y despótico régimen del partido Baaz, encarnado en la figura de su cruel líder, Sadam Hussein. Pero así como he expresado en numerosas ocasiones mi defensa del uso de la fuerza como recurso de urgencia para acabar con el dictador y liberar al pueblo iraquí, también he expuesto no pocas veces, mis más que razonables dudas en torno a las razones últimas que encaminaron a Bush y Blair, secundados por Aznar y Berlusconi, a aprobar una intervención militar que desencadenó un grave seísmo en el marco de las relaciones diplomáticas internacionales y que teóricamente, buscó su justificación inicial en la existencia de peligrosos y abundantes arsenales de armas de destrucción masiva que amenazaban e inquietaban por igual a potencias regionales y mundiales.

Esa justificación inicial a la que hacía mención previamente, al no verse plasmada en la realidad, dio paso con el transcurrir de los meses a nuevas excusas que tuvieron la misión de echar un manto de tierra sobre las anteriores y seguir disculpando la necesidad de que las tropas occidentales continuaran acampadas en aquellas lejanas tierras.

Hace poco, creo que tras el asesinato de los 19 carabinieri italianos en Bagdad, insistí en la posibilidad de que de una vez por todas y visto el peculiar modo de los musulmanes de entender la vida, la sociedad y la política, Occidente acelerara el proceso de retirada de Irak, en beneficio de los soldados que allí se juegan la vida a diario y en vista del enconamiento de la situación.

Sin embargo hoy, tras el cruel atentado que ayer le costó la vida a siete agentes de la inteligencia española en Irak, debo plantearme la situación desde una doble perspectiva. La primera, es la de que la retirada unilateral de las tropas allí estacionadas, tanto las anglosajonas, como las del resto de países aliados, entre ellos España, al margen de convertirse en vergüenza y oprobio para todo el mundo civilizado, desembocaría en un caos generalizado que convertiría al actual día a día que se vive en Mesopotamia, en una inocente atracción de feria en comparación con lo que podría avecinarse.

A este respecto, considero prioritaria la formación de un gobierno indígena que cuente con los medios suficientes para garantizar un mínimo de control y estabilidad en la zona y eso, es algo que no tiene lugar de la noche a la mañana, sino que requiere de un largo y duro proceso de negociaciones, formación y constitución definitiva. Es decir, que hasta dentro de muchos meses, los ejércitos occidentales, que son en la actualidad los teóricos valedores de la seguridad y la estabilidad social en Irak, no estarán en disposición de abandonar definitivamente sus posiciones y sus responsabilidades y entregárselas a unidades policiales y de seguridad iraquíes.

Al margen, hay por medio una ímproba labor de reconstrucción de sectores vitales para la vida y el desarrollo de un país, como el eléctrico, el petrolífero, el del agua o el de las infraestructuras, que también a fecha de hoy, es de casi exclusiva competencia de los aliados. Hasta que esa labor se dé por terminada, será imprescindible mantener una representación militar nada testimonial en la zona, por lo que en definitiva, podemos estar hablando de varios años, tal vez un lustro.

Y mientras tanto la otra vertiente o perspectiva del problema, que es la que se empeña en percutirnos a diario con su trágico y sangriento martilleo. Soldados norteamericanos abatidos en sus helicópteros o degollados en sus "jeeps", carabinieri volatilizados en sus cuarteles en Bagdad, españoles calcinados y pisoteados en una perdida calzada de las afueras de la capital iraquí...

Como decía al principio, ¿qué hacer? ¿a qué carta quedarse? ¿qué camino elegir? Yo creo que sé cuál será la opción finalmente escogida por los responsables de tomar tal determinación. Pero habrán de ser conscientes del gran tributo que tendremos que pagar todos, empezando por ellos, por no haber sido capaces de prever con nitidez y claridad las consecuencias de nuestras acciones.

Lucio Decumio.

No hay comentarios: