31 octubre 2003

¿Ofensiva del Gobierno?

Hoy he leído que el Gobierno, por voz del Ministro de Justicia, José María Michavila, ha anunciado que va a recurrir el Plan Ibarreche ante el Tribunal Constitucional, ya que esta trampa ilegal propuesta por el melífluo lendakari vulnera en más de 100 aspectos la letra -que no digamos ya el espíritu- de nuestra Carta Magna.

A mí me parece estupendo. Seguramente es la medida y el paso a dar en estos instantes. Además, ha sido convenientemente consensuada con el PSOE, por lo que goza del apoyo de más del 90% de la población española. Pero a mí me quedan dudas. Dudas razonables, que no me permiten encarar con optimismo las próximas fases que alumbrará este viciado proceso iniciado por la perfidia del PNV, EA, IU-EB y ETA.

Sería larga y procelosa la pormenorizada enumeración de las incertidumbres y recelos que me asaltan, así que sólo haré constar uno. En los últimos meses se ha acelerado un proceso de chulescos desafíos al Estado de Derecho, a las víctimas del terrorismo, a los amenazados por ETA y a todos aquellos que de un modo u otro, se han opuesto a los planes rupturistas del conglomerado abertzale-comunista. Eso lo saben los más tontos. Y los más listos, que son mis lectores, mejor que nadie, vista mi insistencia en abordar esta cuestión. Esa aceleración se ha intentado frenar desde el Gobierno y el Poder Judicial poniendo palos en las ruedas del carro independentista, pero no deteniéndolo del todo, así que éste, aunque duramente y con dificultades, sigue avanzando.

La prueba de lo que digo se encuentra en que las sucesivas resoluciones y mandatos judiciales -emanadas el Tribunal Supremo, que no de ningún pasante de un despacho de abogados- que se le hicieron llegar al presidente del Parlamento Vasco, Juan María Atucha, conminándole a disolver el grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak, han sido premeditada e indignamente obviadas por éste, cumpliendo las más que seguras consignas de su partido en ese sentido.

Este vil soslayo de sus obligaciones como máximo representante del órgano legislativo vasco y la subsiguiente inacción del Gobierno y de los jueces ante tamaño reto, es lo que me invita a pensar que por muy duras que puedan ser las sentencias promulgadas por el Alto Tribunal, declarando inconstitucional uno y mil puntos del infame documento pergeñado por el nefasto Ibarreche, las consecuencias para éste y toda su manada de lobos van a ser mínimas.

Es más que seguro que Arzallus y sus cachorros peneuvistas, en vista de que ninguno de ellos ha acabado ante la Justicia y entre rejas tras sus repetidos y cada vez más sangrantes agravios al Estado de Derecho y a sus leyes, sigan tirando del carro de la secesión pese a quien pese.

Yo cada vez creo menos en las iniciativas políticas y jurídicas para frenar este desatino. Se amaga mucho, pero no se golpea nunca. Y hay que golpear. Hay que ponerles ante sus propias responsabilidades y meterles en la cárcel. Cuando uno vea las barbas del vecino cortar, echará las suyas a remojar. Seguro, porque son cobardes. Como es cobarde el niño que amparado por su notable inferioridad física ante un padre, le desafía, le chulea y le busca las cosquillas con el ánimo de minar al máximo su autoridad y poder hacer de su capa un sayo. Sabe que el padre no se atreverá a darle un buen pescozón por temor a empeorar las cosas y a que el niño le termine odiando definitivamente. Le pone, en definitiva, ante una situación de hechos consumados. O me dejas hacer lo que quiero, o será peor.

Pues esto es igual. Desde el mismísimo pacto de Lizarra, los dirigentes del PNV tendrían que haber sido procesados por colaboracionismo con organizaciones políticas que apoyan el terrorismo. Y si esa figura jurídica no existía en su momento, se tendría que haber creado. Yo sólo espero que no sea demasiado tarde por una razón. Desde dentro, Ibarreche está encontrando más oposición y más dura de la que encuentra fuera. Cuando los que deseas que vayan contigo se niegan, ¡¡¡aaahhh migo!!! entonces es que algo está a punto de fallar.

Y como por hoy ya es bastante, otro día hablaré sobre esos desafectos internos que harán -espero- naufragar el plan del lendakari.

Lucio Decumio.

28 octubre 2003

Cinco del viernes

Hoy, algo rapidito para irnos pronto a acostar, que mañana me espera un día en la oficina de tomo y lomo, como decía Don Pantuflo. Además, las preguntas de hoy son realmente absurdas, así que creo que no me entretendré demasiado.

1) ¿Qué prefieres, carrito con hoja de lechuga o con folleto?

Como decía la pregunta es absurda. Pero ya puestos, prefiero el carrito con el folleto. No deja de ser algo más higiénico.

2) ¿Crees en la existencia de las "cajas rápidas" o piensas que es un mito como lo de "el tamaño no importa"?

Lo de las cajas rápidas viene a ser una reedición de lo que suele suceder cuando te acercas al cajero automático de un banco. Cuando te encuentras a diez metros y ves que no hay moros en la costa, empieza a dibujarse una sonrisa en tu rostro que se apaga bruscamente a los tres metros de llegar a tu destino, pues surge de la nada un individuo que ni siquiera el rabillo de tu ojo había oteado para adelantarse, introducir su tarjeta en la ranurita y pasarse diez minutos haciendo mil y una operaciones, mientras a ti no se te quita la cara de tonto ni con estropajo. En las cajas rápidas sucede lo mismo. Siempre te encuentras a alguien delante de ti que se pasa un cuarto de hora tratando de pagar con una tarjeta que no hay manera de que comunique con el banco. Y la última vez que me ha sucedido esto ha sido ayer, así que no me lo estoy inventando, no. En cuanto a lo de que el tamaño no importa, obviaré cualquier comentario. Esta página la leen niños y mayores.

3) ¿Cuál es la distancia de seguridad que mantienes entre la compra anterior, la barra de "cliente siguiente" y tu compra? ¿Eres de los que tiene miedo a que el de antes de ti te pague tus croquetas o acosas a la pobre barra?

Qué chorrada de pregunta. Me gustaría saber a quién se le ha ocurrido semejante majadería. Derrochar un poco más de imaginación tampoco cuesta tanto, demonios.

4) ¿Alguna vez has sido capaz de guardar los productos a la misma velocidad que la cajera los pasa por el láser o crees que no lo conseguirían ni los de Matrix?

Ciertamente, sí que me he visto en más de una ocasión envuelto en situaciones parecidas a las que describe la cuestión expuesta. La clave está en despegar rápidamente los laterales de las bolsas, algo realmente complejo pues en este caso, el concepto "electricidad estática" adquiere una nueva y deseperante dimensión.

5) ¿Qué le diríais al que tuvo la idea de redistribuir periódicamente los pasillos para que cada 15 días te vuelvas loco al encontrar los zapatos donde antes estaba la leche?

Simplemente le preguntaría cuánto le pagan por mover u ordenar mover objetos. Tal vez gane más que yo y servidor esté haciendo el canelo en una oficina de una multinacional informática. Bueno, al margen de lo que le paguen, sí, es evidente que desde hace tiempo estoy haciendo el canelo en la citada oficina.

Lucio Decumio.

Atucha el sectario

El filósofo griego Aristóteles, sin duda uno de los hombres más sabios de la Historia de la Humanidad, vino a decir en una ocasión algo así como que pobre es el discípulo que no deja atrás a su maestro. Tan bella cita ha sido tomada, consciente o inconscientemente, tan al pie de la letra por los actuales dirigentes nacionalistas vascos, que ha sido retorcida y llevada hasta su extremo más abrupto y peligroso. Ni en las ensoñaciones sabinianas más febriles podrían haber tomado cuerpo como lo están tomando, las sucesivas agresiones al Estado de Derecho que está perpetrando el PNV desde sus distintos tentáculos de poder.

Hace un par de días o tres, en una de las sesiones del Parlamento Vasco, órgano de representación política de todos los vascos que ha sido definitivamente secuestrado por el PNV para llevar a buen puerto sus más espurios fines, el presidente de la Cámara y ex-consejero de Interior del Gobierno Vasco, Juan María Atucha, expulsó, en una de las interpretaciones más sectarias y nauseabundas que se recuerdan del reglamento de un parlamento democráticamente elegido, al portavoz del grupo popular en el recinto, el indomable Carlos Iturgáiz.

Este hombre, amenazado de muerte por la banda terrorista ETA desde hace tanto tiempo que ni tan siquiera él mismo debe ser capaz de recordarlo, se ha mantenido siempre firme y valientemente erguido en sus convicciones políticas frente a las amenazas terroristas, frente a sus atentados, frente a sus secuestros y frente a aquellos que en los últimos años, más y más se han ido aproximando y comulgando con las tesis de los criminales para sacar partido y ventaja política de sus sangrientas acciones.

Seguramente todos hemos leído u oído lo sucedido en aquella sesión, pero bueno será recordarlo, para que quede constancia. Joseba Azkárraga, a la sazón consejero de Interior del Gobierno Vasco, acusó a los diputados del Partido Popular, al finalizar una de sus intervenciones en la tribuna de oradores, de ser los herederos del franquismo en el País Vasco. Iturgáiz, que por su actitud en el escaño parecía nadar entre las aguas del hastío, el tedio y la repugnancia por lo que acababa de escuchar, respondió solícito al provocador consejero que si ellos eran herederos del franquismo, él lo era de ETA.

La furibunda reacción del sanedrita Atucha en defensa de su correligionario nacionalista, ha sido contemplada ya por toda España y sólo merece la calificación que destila el propio despropósito cometido al hilo de la respuesta de Iturgáiz ante la acusación de Azkárraga. Atucha expulsó al parlamentario popular, amenazado, agredido, insultado, vituperado y escoltado desde hace años en su propia tierra por haberse distinguido con especial énfasis en la defensa de la idea de un País Vasco libre de la amenaza terrorista y de su totalitarismo racista y excluyente.

Atucha, que jamás se ha atrevido, o mejor dicho, que jamás ha querido expulsar del Parlamento a ningún activista abertzale cuando las barbaridades proferidas por éstos siempre han superado cualitativa y cuantitativamente a las declaraciones que provocaron la expulsión de Iturgáiz, echó a la calle a éste y le sancionó con el máximo castigo que contempla el Reglamento de la Cámara: dos sesiones sin poder acudir a su escaño.

Atucha es un sectario, un prosélito partidista y partidario de los más rancios argumentos racistas y xenófobos defendidos por el fundador de su partido. Empeñado, como decía Aristóteles, en superar a su etnicista maestro, se ha terminado por convertir en el brazo ejecutor de los más escandalosos, desafiantes y desvergonzados episodios de burla peneuvista a las instituciones que representan al Estado de Derecho, del que no olvidemos, emana la propia legitimidad de este sujeto.

Esto tiene que terminar de una vez. No puede haber por más tiempo en España una región en la que se concatenen sistemáticamente los más elementales derechos humanos y ciudadanos, en la que se pisoteen con tanta comodidad como infamia las libertades de los mismos, en la que las instituciones sean un juguete en manos del partido gobernante, en la que las resoluciones judiciales que perjudican a los prebostes nacionalistas y a sus fines sean obviadas reiteradamente, en la que la mitad de la población viva amedrentada y no pueda expresar libremente sus ideas políticas, en la que los amenazados y las víctimas tengan que verse obligados a casi pedir perdón a sus asesinos y a sus verdugos, en la que, en definitiva, el poder ejecutivo se ponga del lado de quienes matan, extorsionan, asaltan y amenazan a un elevadísimo porcentaje de la ciudadanía.

Paz y libertad para todos los vascos con el fin de que todos, absolutamente todos, puedan manifestar en verdadera libertad sus ideas y concurrir en igualdad de oportunidades ante un debate político o ante una convocatoria electoral, por muy descabelladas que sean las propuestas. Que nadie mate, secuestre, amenace o ponga en la diana a sus rivales políticos y si lo hacen, que lo paguen. Y si alguien les ayuda a hacerlo que lo paguen también. Enjuiciamiento y prisión para todos aquellos que impiden, de uno u otro modo, vivir en paz y libertad a cientos de miles de españoles en varias provincias de nuestra Nación, traicionando su esencia y las instituciones que libremente nos concedimos hace tantos años.

Firmeza desde el Gobierno de España y apoyo leal y sin fisuras de la oposición es lo que reclamo a voz en grito.

Lucio Decumio.

24 octubre 2003

Anasagasti escribe sobre el abuelo de Aznar

Como ya he dicho en anteriores ocasiones, yo no entro a valorar el contenido y la validez de una película, un libro o cualquier otra creación artística, si no la he visto, leído o contemplado previamente. En el caso del libro que ha escrito el portavoz en el Parlamento de la Nación del Grupo Parlamentario Vasco, Iñaki Anasagasti, sobre el abuelo del Presidente del Gobierno, José María Aznar, no voy a hacer una excepción.

Desde hace varias semanas se ha hablado largo y tendido en los medios de comunicación sobre la aparición de este volumen que por lo que parece, glosa la vida y milagros del abuelo paterno del Presidente durante unos años en los que, siempre según Anasagasti y su colaborador Erkoreka -el apellido parece sacado de algún refresco de cola vasco, vendido en Eroski, preferentemente- Manuel Aznar simpatizó con la causa nacionalista vasca y hasta con el propio fundador del PNV, el infausto Sabino Arana.

Hace un par de días, estos dos políticos de medio pelo -especialmente el más conocido de los dos- metidos a biógrafos mantuvieron una charla cibernética con los internautas de "El Mundo". Estas chácharas suelen dar mucho de sí y arrojar datos muy reveladores sobre la personalidad y las opiniones de los cuestionados. En el caso que nos ocupa, no ha sido diferente, así que pasaré a señalar alguna de las declaraciones de ambos en el trascurso de la conversación sostenida con los lectores del diario.

-Anasagasti a un lector: "Si leyese usted el libro, observaría cuanto de lo que ahora se dice contra el nacionalismo vasco se decía ya, hace muchas décadas, en España".

Al respecto, yo le preguntaría al señor Anasagasti si no le da que pensar el hecho de que se sigan escuchando contra el nacionalismo muchas de las cosas que se decían en España hace 70 u 80 años.

-Un lector acusa a Anasagasti de que el PNV ha perdido el norte, sobre todo en el seno de una Unión Europea que tiende a la eliminación de fronteras y a la igualdad entre sus ciudadanos, a lo que el nacionalista montaraz responde con la mala fe que caracteriza a un racista furibundo como él: "Que sepamos, el único que ha luchado denodadamente en el seno de la Unión Europea para mantener a ultranza las fronteras actuales, es el presidente del Gobierno. Nosotros y en el libro aparece claramente reflejado, nunca hemos compartido las actuales fronteras europeas. Manuel Aznar, natural de Etxalar, en la frontera, nunca entendió aquella frontera que pretendía desgarrar un territorio en el que la hierba crecía por igual en ambas partes".

-En este párrafo, Anasagasti invierte conscientemente la carga de la culpa y acusa muy poco veladamente a Aznar de ser un aldeano que se refugia en su terruño y que no quiere ver más allá. En cambio, presenta muy solapadamente al PNV, con la amplitud de miras que ha caracterizado siempre a este partido, como un impenitente luchador por la disolución romántica e idílica de unas fronteras establecidas por estados totalitarios, que dividieron malévolamente los campos y las montañas por líneas fronterizas imaginarias con el fin de quebrar la armonía y la concordia del pacífico pueblo vasco. Entran ganas de vomitar.

-Anasagasti: "Aznar no conoce de verdad la historia de su abuelo. Lo que Aznar Zubigaray decía ayer, en nombre del nacionalismo vasco, no difiere excesivamente de lo que nosotros decimos hoy. Si el presidente hubiese hecho un mínimo esfuerzo en comprender aquellas posiciones de su antecesor, hoy a buen seguro, actuaría de otra manera con un movimiento que le precedió y que, a buen seguro, le sobrevivirá".

Nueva muestra de mala fe y de interpretación retorcida de una realidad que ni tan siquiera conoció. Pero, ¿quién le dice a este cretino que si Aznar nieto hubiera conocido mejor al Aznar abuelo, el primero habría entendido mejor el problema vasco? Yo conozco perfectamente a mi padre y le quiero mucho, pero es del Atleti lo que no obsta para que yo sea del Real Madrid, pudiendo ser padre e hijo y diferir en cuestiones de filias y fobias. Cuando le interesa, relaciona consanguinidad con ideología y cuando no -caso palmario es el de Arzallus, cuyo padre fue chófer de Franco durante la Guerra Civil- descarta de plano tal razonamiento.

-Otro lector pregunta a Anasagasti lo siguiente: "Yo no le veo nada malo a que Aznar tuviese un abuelo nacionalista, al contrario a los vascos constitucionalistas nos enorgullece, a mi abuelo le enterraron con una ikurriña y cantando el Agur Jaunak, yo he salido vasco y español. Si acaso esto prueba que Aznar conoce muy bien el problema vasco.

-Y el manipulador contesta lo que sigue: "¿Quien ha dicho que el hecho de que el abuelo de Aznar fuese nacionalista vasco fuese malo? Al contrario, a buen seguro, la mejor parte de su vida, aquella en la que se comprometió más altruistamente y en favor de valores más elevados, es la nacionalista vasca. Después, cuando cerró filas con el franquismo, hizo elogios de Hitler y defendió planteamientos antisemistas. El problema del actual presidente del Gobierno es que ignora la primera fase de su abuelo. De ahí lo poco y lo mal que sabe del tema vasco. Y con asesores como los que tiene...francamente...no creemos que la situación vaya a cambiar".

Anasagasti vuelve a retorcer el contenido de una pregunta para adaptarla a sus necesidades. El lector le dice que no considera malo que Aznar tuviese un abuelo nacionalista, pero el portavoz peneuvista que, o es muy tonto y no entiende lo que le preguntan, o es muy sibilino y trata de intoxicar a la primera que se le presenta, responde diciendo que no tiene nada de malo que el abuelo fuera nacionalista. Claro que no tiene nada de malo, señor Anasagasti, como no hay nada de malo en ser bajito, gordo, feo y calvo. O acaso, ¿es lo mismo que yo no tenga que ser juzgado por los crímenes de mi abuelo, a que no tenga nada de malo que mi abuelo fuera un criminal? ¿Distingue usted el matiz o no, señor Anasagasti?

Y así una tras otra. Haré mención a una de sus últimas perlas de la charla.

-Anasagasti: "Dijo el malogrado Ernest Lluch que el nacionalismo manufacturado en el País Vasco ha sido cuantitativa y cualitativamente más intenso en el lado nacionalista que en el vasquista. El nacionalismo español más acendrado, agresivo e intolerante ha encontrado, siempre, destacados valedores en el País Vasco. Vascos fueron, entre otros, Maeztu, Víctor Pradera, Sanchez Mazas, Valdes Larrañaga, Aizpurúa y Azqueta, Jacinto Miquelarena, y el autor de la música del cara al sol, el maestro Tellería. Por tanto, ¿qué quiere que le digamos?"
Penúltima bajeza de este individuo infecto e infeccioso. En primer lugar, el "malogrado" Ernest Lluch no falleció en un accidente de tráfico o de un ataque al corazón. Le descerrajó dos tiros en la cabeza un escualo etarra, sí señor Anasagasti, un chacal abertzale de esos a los que tanto gusta su partido de defender políticamente, proteger jurídicamente y subvencionar a sus familias para que le visiten cuando esté en prisión. Con ese asesinato, ETA quiso demostrar que ni tan siquiera aquellos que se mostraban más condescendientes con las tesis abertzales, estaban a salvo del plomo y de la dinamita de sus comandos. Y hasta donde yo sé, ni Maeztu, ni Víctor Pradera, ni Sánchez Mazas ni ninguno de los vascos que usted enumera, mató a nadie, ni apoyó sin disimulo a quienes mataban y atemorizaban a sus conciudadanos. Algo que sus amigos etarras y ustedes mismos, vienen haciendo desde hace casi cuarenta años.

Y no me extiendo más, que me pongo enfermo. Sólo una cuestión adicional. He sido lo suficientemente magnánimo como para tratar de corregir las numerosas faltas de ortografía y de puntuación cometidas por estos dos personajes, pero es posible que alguna se me haya pasado, por lo que pido encendidas disculpas a mis lectores.

Lucio Decumio.

22 octubre 2003

China y Taiwán II

Creo que ayer me extendí demasiado sobre China, su programa espacial, sus avances tecnológicos y el resquemor que ello debería despertar en las cancillerías occidentales. Pero bueno, allá cada cual con lo suyo.

Había metido a Taiwán en todo este “fregao” porque hace unos días, tuvimos conocimiento de que en la capital de la antigua Formosa se está levantando y están a punto de finalizar las obras del que será -bueno, ya es- el rascacielos más alto de la Tierra. Una pasada arquitectónica de 508 metros de altura que albergará oficinas, viviendas, centros de ocio, la Bolsa de Taiwán, bancos y demás servicios y hasta un total de 12.000 personas, que podrán convivir y trabajar a un tiempo en tan singular y majestuosa construcción.

Mi propia y reconocida incapacidad para la ciencias más técnicas no obsta para que reconozca, alabe y envidie la obra de aquellos que son capaces de diseñar, levantar y darle vida a estructuras civiles de este calibre. No dejo de asombrarme ante la audacia y la inteligencia de arquitectos, ingenieros de caminos, canales, puertos y demás individuos que con la sola ayuda de las matemáticas y de su imaginación, son capaces de concebir y plasmar estas construcciones.

Me vuelvo a desviar del hilo argumental que me trajo hasta aquí y que no era otro que mi encendido convencimiento de que este tipo de edificios puede ser y debería ser la solución a los problemas de espacio que acucian a las grandes ciudades, incluidas las españolas. Y ahí señalo a Madrid con especial énfasis. Hace unos años, leía que países como Japón y Corea estudiaban la posibilidad de construir edificios de un kilómetro de altura e incluso más, con la finalidad de solucionar sus graves problemas de densidad de población.

Aunque parezca una barbaridad, a mí no me da esa sensación. Y en países tan inestables y peligrosos, desde la perspectiva sísmica como Japón, aún podría antojársenos como una peligrosa alternativa, pero Madrid, donde la máxima actividad telúrica de que se tiene constancia la produjo hace unos años la caída de un suicida con sobrepeso desde el viaducto, los edificios kilométricos o medio-kilométricos pueden ser una opción muy a tener en cuenta.

¿No sería mejor uno, dos o cinco edificios de estas características en nuestra capital antes que la construcción de múltiples barrios que se extendieran por una superficie mucho mayor, aumentando el caos urbanístico y causando más daños ambientales?

Soy lego en estas materias, lo reconozco, pero yo creo que puede ser una opción arquitectónica y urbana razonable.

Lucio Decumio.

21 octubre 2003

China y Taiwán

No queridos lectores, no me voy a detener en el remoto pero latente conflicto que sostienen ambos países. Para los más jóvenes o incluso aquellos que estén algo desinformados sobre la realidad política internacional, apuntaré brevemente que la China Continental, Gran Muralla incluida y la China Insular –Taiwán, antigua Formosa- eran la misma nación hasta que la Revolución Cultural de Mao Tse Tung triunfó en Pekín y provincias continentales y los derrotados nacionalistas de Chiang Kai Check hubieron de retirarse a la citada ínsula para lamer sus heridas y establecerse como estado independiente de la China comunista.

El apoyo norteamericano ha permitido la pervivencia durante los últimos 50 ó 60 años de Taiwán como nación autónoma, pero obviamente, eso no le ha permitido ser reconocida como tal por sus poderosos hermanos. De ahí han derivado multitud de enfrentamientos fronterizos e incluso varios cañonazos entre ambos países, que afortunadamente no han pasado a mayores porque de haber sido así, la implicación americana habría tenido mayor calibre y las posibilidades de una guerra a gran escala, se hubieran incrementado notablemente.

En fin, después de las avanzadas y gratuitas lecciones de historia impartidas por Lucio Decumio, voy a lo que iba.

China ha lanzado recientemente a su primer hombre al espacio. No sé cómo lo denominarán allí. Los americanos eran y son astronautas, los soviéticos cosmonautas y los chinos, pues no tengo ni idea, imagino que les llamarán “chinonautas”. Total, que resulta curioso y chocante el hecho de que una nación como la que nos ocupa haya desarrollado la capacidad de enviar un ser humano al espacio exterior, cuando tantas y tantas de sus provincias y tantos millones de sus habitantes, se encuentran sumidos en la más absoluta pobreza, cuando no miseria.

Cierto es que a nadie se nos puede escapar que China se está convirtiendo a pasos agigantados en la segunda superpotencia del planeta y en breve, 10, 15 años tal vez, puede que sea la primera. Potencial humano, recursos naturales y medios técnicos e intelectuales seguro que no le van a faltar para lograr esa meta.

Pero hay un contrasentido en todo esto. China sigue recibiendo cuantiosas ayudas al desarrollo por parte de algunas de las potencias más destacadas del orbe, como es el caso de los Estados Unidos, para quienes sigue gozando de la cláusula de nación comercial y económicamente más favorecida. Asimismo, su poderoso y muy receloso vecino nipón, ha denunciado internamente este disparate, pues un país que gasta cientos de millones de dólares en su programa espacial, no debería considerarse de puertas hacia fuera como una nación dependiente de esas ayudas.

Yo tengo una teoría, cómo no y es que al gobierno chino, que por la particular aplicación de la ideología y la filosofía que sustentan su poder, aún conculca sistemáticamente los más elementales derechos humanos, civiles y políticos de su población, le dan igual unos cuantos miles, incluso millones de vidas de compatriotas, si eso les alfombra el camino para la consecución de sus objetivos expansionistas. Y no me extrañaría que muchos de los fondos de ayuda al desarrollo que recibe el gigante de ojos rasgados, sean derivados por éste hacia asuntos y tareas que poco o nada tengan que ver con la mejora de la calidad de vida de las zonas más desfavorecidas de la nación. Las dictaduras hacen y deshacen a su antojo y una tan poderosa como la china, seguro que más que ninguna.

Habrá que tener mucho cuidado y ojo con China. Su formidable fuerza demográfica puede permitirle a su vetusto y sangriento régimen alcanzar cualquier fin que se propongan aun a costa de las vidas de las que hablaba previamente. Hasta que este país no sea un estado plenamente democrático y respetuoso con los derechos humanos, yo no me voy a fiar, por mucho que me insistan en ello, de que sus avances tecnológicos y científicos tienen lugar con fines pacíficos.

Y en otro momento diré lo que iba a decir sobre Taiwán, que hoy se me está haciendo un poco tarde ya.

Lucio Decumio.

20 octubre 2003

Fútbol, mentiras y cintas de vídeo

Me gusta el fútbol. Siempre me ha gustado y supongo que siempre me gustará, como juego y como deporte. Sin embargo, cuando muchos de los miserables que lo dirigen y lo presiden lo utilizan como arma arrojadiza contra algún pretendido rival administrativo, territorial o político, ya me gusta menos. Cuando se enarbolan banderas que buscan la desunión y el enfrentamiento entre comunidades o regiones, me gusta mucho menos. Cuando sirve de válvula de escape a las frustraciones acumuladas de algunos retrasados que acuden a los estadios envueltos en parafernalias y símbolos anticonstitucionales, empiezo a aborrecerlo. Y cuando, algunos mandamases buscan justificarse en sus sillones y tratan de politiquear a costa de los sentimientos y de las filias de los aficionados que siguen a los equipos de sus amores, entonces y sólo entonces, detesto este deporte y lo que le rodea.

Una de las cosas que desde el modesto prisma que me sirve para ver la realidad que me rodea, más ha contribuido al enfrentamiento y al enconamiento entre las aficiones de algunos equipos antes hermanados y armonizados, es la utilización masiva e indiscriminada por parte de los dirigentes de los equipos teóricamente perjudicados en un partido de fútbol, de los mil ángulos que recogen las grabaciones tomadas de ese encuentro por las cámaras de televisión.

Desde que existe este deporte, las marrullerías, los fingimientos, los disimulos y las tretas que han llevado a cabo los futbolistas durante un encuentro, han sido moneda común y aceptada por los mismos. El objetivo, tratar de desconcentrar a tu rival para obtener el máximo provecho. Es una regla no escrita del fútbol. Cientos de veces hemos escuchado decir a los jugadores que un partido dura 90 minutos, para lo bueno y para lo malo y que una vez finalizado, todos tan amigos. Eso quiere decir, traducido al lenguaje de aquellos que hayan jugado o participado de este pasatiempo poco o nada, que los codazos, los insultos, los empujones, las patadas, los salivazos y los agarrones siempre han existido, existen y existirán, pero que han de quedar circunscritos a esos noventa minutos.

Aunque las cámaras de televisión demuestren posteriormente lo contrario, lo que sucede en un partido es lo que el acta redactada y firmada por el árbitro registra. Y punto. Y eso que no me estoy deteniendo en versar la cantidad de errores arbitrales que se producen a lo largo de un encuentro, pues en caso contrario no pararía de escribir hasta que me sangraran las yemas de los dedos. El árbitro es un humano y como tal, se equivoca, pese a que haya ocasiones -las menos- en que sus decisiones a la hora de enjuiciar los hechos que suceden en un partido de fútbol se vean condicionadas por aspectos que no estén directamente relacionados con las reglas del juego.

Sin embargo, desde hace unos años, los presidentes de los clubes han encontrado un filón en las imágenes que graban las doscientas cámaras de televisión que se sitúan en los recodos más insospechados de un estadio y que captan cualquier gesto, movimiento y palabra realizado o pronunciada por un jugador, así como las mil pifias o confusiones cometidas por el árbitro. Buscan al escudarse indiscriminadamente en estas tomas, una justificación a las derrotas o a su pésima gestión al frente de los equipos, sin darse cuenta –o si se la dan, no les importa- de que esa utilización torticera de las imágenes genera un profundo malestar tanto en quienes teóricamente han padecido de las artimañas de los rivales y de los errores arbitrales, como en los rivales mismos y en los propios jueces.

Cuando el equipo cuyo delantero propinó un codazo a un defensa del equipo local, vuelve al estadio de éste para disputar otro encuentro, la recepción que se le tributa a ese club y a ese jugador, se encuentra en las antípodas de lo que se podría calificar como cálida bienvenida. Y si es el árbitro que “escamoteó” un penalti o que expulsó al niño bonito del equipo local el que vuelve al estadio de sus desaciertos, apaga y vámonos. De ahí en adelante, las cosas sólo van a peor.

Esta paranoica utilización de hasta la más mínima instantánea grabada en un partido de fútbol está convirtiendo a este deporte en una maloliente fosa de acusaciones y de declaraciones cruzadas entre dirigentes, entrenadores y ocasionalmente jugadores, que termina revirtiendo dramáticamente en el comportamiento de algunos espectadores que como digo, rebozados en su propio retraso mental y en su inmundicia intelectual, son incapaces de discernir entre el bien y el mal cuando se ven amparados y cobijados por el anonimato que les confiere la muchedumbre, llegando a verse capaces de cometer cualquier barbaridad.

Las imágenes grabadas de un partido de fútbol no pueden servir, al igual que no sirven para alterar un resultado final, para modificar el transcurso posterior de la competición sancionando a equipos o jugadores al respecto de acciones cometidas durante el encuentro y que no han sido recogidas en el acta arbitral. Por mucho que sangre la nariz de un jugador tras la agresión de un futbolista contrario, aquél no debería padecer castigo alguno si el árbitro de la contienda no se ha apercibido del hecho. Del único modo correcto en que podrían usarse las imágenes de un partido sería durante el desarrollo del mismo, para sancionar o enmendar sobre la marcha, nunca a posteriori.

Tal vez el problema se encuentre ahí, en que un señor de negro cuya media de edad es 10 ó 15 años superior a los jugadores que debe controlar, se tenga que valer en exclusiva de su vista y un físico notoriamente inferior para gobernar el buen devenir de las acciones de 22 tipos que corren como demonios y que se las saben todas.

Yo digo una cosa. Si en el baloncesto hay tres árbitros para diez jugadores, si en el tenis hay un juez de silla y seis u ocho jueces de línea para dos contendientes, ¿por qué razón en el fútbol sólo hay un árbitro y dos jueces de línea cuando la valoración de tantas y tantas acciones en un mismo encuentro depende de la decisión que se tome en milésimas de segundo y que muchas veces el ojo humano es incapaz de captar?

Resumiendo; o se ponen más árbitros y se les intercomunica para hacer más efectiva su labor o al cuarto árbitro le dan un monitor y una consola de vídeo para enjuiciar el desarrollo de las jugadas más conflictivas sobre la marcha.

Lucio Decumio.

19 octubre 2003

Otras cinco del viernes

Ante la pertinaz sequía de ideas que sufre mi intelecto, me veo en la obligación de recurrir nuevamente a las preguntas que se vierten al ciberespacio desde el célebre blog "Las cinco del viernes", curiosamente cada viernes. Como dije en otra ocasión pero con otras palabras, cuando uno carece, circunstancialmente eso sí, de la proactividad creativa necesaria, qué mejor que te asalten a preguntas para poner en marcha tu imaginación e inventiva.

Bueno, pues ahí voy de nuevo con las cinco preguntitas que ponen esta semana en liza.

1/ ¿Tienes un sueño? Sí. ¿Alguna vez has logrado realizar alguno de tus sueños? Que yo recuerde y suelo recordar muy bien, no.

2/ Si supieras que sólo te queda un día de vida, ¿qué harías? Depende de las circunstancias y me explico.

A/ Si el mundo entero estuviera a la espera de la caída de un meteorito del tamaño de Texas, como sucede en la película "Armaggedon", me lo tomaría con absoluta filosofía y no me preocuparía demasiado. Supongo que me aplicaría el viejo adagio de "mal de muchos, consuelo de tontos" y me iría tranquilamente a acostar a la espera de poder contemplar al día siguiente el fin del mundo. Es posible que, en un arrebato de recuperada fe en Dios y en la Iglesia me acercara por algún confesionario y vaciara el saco de mis faltas ante algún misericordioso pastor y ante el Altísimo, por si las moscas, que no por otra cosa. Aunque bien visto, si todo el mundo fuera consciente de la inminencia del fin de los tiempos, los confesionarios registrarían unas colas que me impedirían llevar a cabo con éxito esta tarea. Moriría, por tanto, en pecado mortal y en el Juicio Final, no me salvaría ni "Pirri Manson".

B/ Si algún médico me dice en su consulta que me resta un único día para convertirme en un gigantesco criadero de malvas, le metería tal galleta que se le quitarían las ganas de volver a decir nada parecido a nadie, eso en primer término. En segundo lugar y una vez abandonado el despacho del galeno con los nudillos ensangrentados por su impacto en la mandíbula del indeseable, me dirigiría a mi casa, le daría un beso a mi madre, escribiría algo a mis amigos y familiares y dejaría en lugar bien visible de mi escritorio las claves de mis tarjetas y mis cuentas bancarias, para que mi familia pudiera pegarse un modesto homenaje a costa de mis parvos ahorros y de algún seguro de vida de esos que se firman cuando ingresas la nómina en un banco. Por último, llamaría a la Mutua y pondría como conductores habituales de mi flamante coche nuevo a mi hermana y a mi padre, para que pudieran utilizarlo sin mayor inconveniente. Moriría, por tanto, habiendo dejado todo atado y bien atado, pero en pecado mortal, lo que significaría que en el Juicio Final mi salvación eterna se encontraría igualmente en entredicho, pese a la noble acción de aporrear al médico.

C/ Si es alguna pitonisa o adivino quien me hace partícipe de mi fatal y cercano destino, ése o ésa sí que no lo cuentan. Para el tiempo que voy a pasar en el presidio, no tiene por qué haber compasión con pájaros de tan mal agüero. Este postrer acto, aunque honroso y justificado, no terminaría por redimirme de todas mis faltas. Moriría, por tanto, en pecado venial y pasaría una temporadita en el Purgatorio hasta que en los cielos, a bien tuvieran abrirme sus puertas.

D/ No le haría el amor repetidamente y hasta la extenuación a mi novia, por la sencilla razón de que no la tengo. Y si lo intentara con alguna conocida o con la primera que pasara a mi lado por la calle, seguro que ante mis apresurados ruegos contestaría que le parezco un chico estupendo, muy educado, culto, inteligente, intuitivo, sagaz y donairoso que podría estar con cualquier chica que me propusiera seducir, pero que ella no está por la labor. Moriría, por tanto, en pecado mortal y con la definitiva certeza de que a los empanados, nos está vedado el néctar de los encantos femeninos. En el Juicio Final, ya estoy oyendo el fallo del Sumo Hacedor ante mi caso: al Infierno doblemente, por tonto y por pecador.

3/ ¿Si pudieras tener un superpoder, ¿cuál escogerías? La sanación de enfermedades incurables y de enfermos terminales mediante la simple imposición de mis manos.

4/ Si pudieras cambiar alguna parte de tu cuerpo ¿cuál cambiarías? Sin dudarlo, la nariz. Mi madre me ha recordado en alguna ocasión que siendo yo un infante balbuceante y despreocupado, vine a tropezar inopinadamente con el borde de la alfombra del salón para desplomarme de bruces contra la misma, unos ochenta centímetros más allá del traspiés. Tan ciega hubo de ser mi confianza en lo esponjoso del tapiz, que rehusé amortiguar la caída haciendo uso de mis manos, por lo que el "alfombrizaje" fue absorbido en su totalidad por mi apéndice olfativo-respiratorio. De ahí que a día de hoy, aún siga marcadamente ladeado hacia la derecha de mi rostro. Un último apunte a este respecto para indicar que si en Corporación Dermoestética estuvieran de aniversario y me ofrecieran un "dos por uno", buscaría angular y afilar algo más las facciones de mi semblante.

5/ Tienes alguna manía, temor o fobia. ¿Cuál? Creo no tener manías, sólo hábitos o costumbres que si tienen que ser alterados circunstancialmente, tampoco me importa demasiado. Tal vez os preguntéis cuáles son y yo os aseguro que no tendría el menor inconveniente en comentarlos en estas líneas que tan desenfadadas me están quedando, si no fuera porque están íntimamente relacionados con asuntos escatológicos cuya descripción, educada y púdicamente eludiré.

Sólo manifiesto un temor atávico, enfermizo y obsesivo hacia el cáncer. Ya se me puede caer el cielo sobre la cabeza o que me saquen vestido con un casco, espada, malla y taparrabos a la arena del Coliseo para combatir a diez leones, que lo prefiero a la detección de cualquier indicio tumoral en mi organismo o en el de un ser cercano.

En última instancia, detesto a los gatos, aunque creo que ese repudio no alcanza el grado de fobia. Con lo que no puedo es con los mosquitos. Prefiero pasar las noches de verano con las ventanas cerradas a cal y canto y con 30º de temperatura en mi habitación, que abrir el paso a esos diminutos insectos para que se ceben en mi cara, mis piernas y mis brazos. Desde mi particular punto de vista, pocas cosas hay más desagradables que verte despertado por el zumbido provocado por el aleteo de estos bichos infectos y por la irritación desencadenada por sus múltiples picaduras.

Lucio Decumio.

16 octubre 2003

25 años de Pontificado

Hoy se cumplen 25 años desde que Karol Wojtyla fuera elegido Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Aún recuerdo, vagamente eso sí, aquellos tumultuosos días que agitaron los cimientos del pequeño estado católico durante las últimas semanas del verano y las primeras del otoño de 1978. A principios del mes de septiembre de aquel año, falleció Pablo VI a quien le sucedió en el sillón de San Pedro, Albino Luciani, más conocido como Juan Pablo I y más conocido incluso como el Papa Sonriente, el Papa Amable o para algunos algo más ácidos e irreverentes, el Papa Breve. Breve porque su pontificado duró apenas cuatro semanas.

Su repentina muerte, aún salpicada por claroscuros que no han terminado de despejarse con el paso de los años, implicó un golpe muy duro para la Iglesia Católica y puso en alerta máxima a todas las cancillerías del planeta en previsión de consecuencias nada halagüeñas para la estabilidad mundial. Sin embargo, el 16 de Octubre de 1978, apenas un par de días después del fallecimiento de Juan Pablo I, el cónclave cardenalicio -creo que se le denomina así- reunido de nuevo con el fin de elegir sucesor, nombraba a Karol Wojtyla como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Su nombramiento ya revolucionó ideas, nociones y juicios que sobre la Iglesia Católica, se tenían como inmutables. Era el primer Papa de origen eslavo y el primero no italiano desde hacía más de cuatro siglos. Casi nada. Sin embargo, la revolución no se quedó ahí. Desde aquellas lejanas fechas, el mundo ha cambiado tanto que a cualquier observador de la época que hubiera realizado un salto en el tiempo hasta 2003, le costaría un imperio reconocerlo en sus actuales estructuras políticas, sociales, económicas y cómo no, religiosas.

Y en muchos de esos cambios que el mundo y la Humanidad han experimentado desde 1978, se percibe con notoriedad la intervención del Papa polaco. Muchos errores pueden achacársele a la Iglesia a lo largo de su dilatada historia y no pocos pueden imputársele desde que Wojtyla ocupa la silla de San Pedro. Pero desde el modesto punto de vista de un redactor católico, bastante apartado de las liturgias, los ritos y los ceremoniales de su propia confesión religiosa, la labor desempeñada por este Papa, ya crepuscular, ofrece un balance netamente positivo.

No quiero obviar los numerosos anacronismos de que siguen haciendo gala tanto la jerarquía eclesiástica como el propio Pontífice, especialmente todos aquellos referidos al sexo, pues desde la Iglesia Católica se sigue entendiendo su práctica como un mero acto reproductivo que no puede sentirse ni extenderse más allá de esa finalidad. Asimismo, doctrinas o posiciones en torno a distintos supuestos relacionados con el aborto, el sida o el uso de métodos anticonceptivos, defendidas con especial énfasis en las zonas menos favorecidas del planeta, han hecho, a mi juicio, más daño que otra cosa.

Pero lo que ha de resultarle indisputable a este hombre al que la vida retuerce dolorosamente en una silla hasta convertirle en un inválido, pero al que su voluntad de hierro y su sentido del deber le yerguen y engallan, es su compromiso con sus ideas y sus ideales.

Ideas e ideales que le han llevado a dar la vuelta al mundo más veces que algún transbordador espacial y para cuya expansión por el globo, se ha valido en exclusiva de la fuerza de una voz cada vez más apagada y de su autoridad filosófica, religiosa y moral.

Porque nadie puede negarle su inquebrantable compromiso con los derechos humanos, el respeto a la dignidad de las personas y a la libertad religiosa y política de las mismas, así como su obcecada apuesta por la paz, la concordia y el diálogo entre los pueblos, las naciones y las religiones; nadie puede discutirle su formidable labor literaria en forma de encíclicas y cartas; nadie puede reprocharle sus contínuas, repetidas y humildes peticiones de absolución de la propia Iglesia por las tropelías cometidas en el pasado; nadie puede contrastarle su robusto y hercúleo empeño en el derrocamiento de algunos de los regímenes más abyectos que ha conocido la Humanidad; y nadie puede rebatirle haber llevado a cabo una labor pastoral y evangélica más propia de un cíclope que de un humano.

Nadie debería poder, en definitiva, darle a los errores cometidos por Wojtyla y su Iglesia el valor y el peso del plomo en la balanza y a los aciertos logrados, la pobre estimación de la broza y la hojarasca. No sería justo, ni honesto.

Puede que no sea políticamente correcto alabar la figura y la labor de un Pontífice de la Iglesia Romana, pero yo lo hago sin tapujos.

Lucio Decumio.

15 octubre 2003

Delincuencia y asesinatos en Madrid

Sigue y no para el goteo de asesinatos en la Comunidad de Madrid. En lo que va de año, por lo menos se han debido producir del orden de 90 crímenes, algo realmente inaudito y sorprendente en lugares tradicionalmente pacíficos como son nuestra capital y región. Sencillamente, estos datos, más propios de los arrabales de ciudades históricamente golpeadas por una violencia endémica como Bogotá o Río de Janeiro -por poner dos ejemplos palmarios- se me antojan intolerables.

Hoy les ha tocado el turno a un albanés y a una rumana. Él, 28 años, ha fallecido. Ella, algo más joven, herida. Antes les precedieron búlgaros, ecuatorianos, colombianos, ucranianos, rusos, moldavos, magrebíes y algún que otro español, en este siniestro via crucis en el que se han convertido las calles de Madrid y su Comunidad en los últimos dos o tres años. Pero como decía con anterioridad, 2003 se lleva una mención especial por su carácter marcadamente sangriento.

Sinceramente, no me he ocupado de llevar a cabo ninguna estadística que refleje con exactitud datos sobre procedencia u origen de los muertos y de los sicarios, pero no creo estar muy descaminado ni muy desacertado cuando me atrevo a afirmar que en un altísimo porcentaje de estos sucesos, quienes toman parte en los mismos son ciudadanos extranjeros, cuya situación administrativa y legal, posiblemente no sea la más recomendable. Salvo algunos de los que cayeron víctimas del célebre "asesino de la baraja" y Sandra Palo, no recuerdo más españoles que hayan fallecido violentamente en Madrid en el curso de este año, ni más asesinos de la misma nacionalidad.

Sin embargo, si acudimos a cualquier buscador e introducimos las palabras clave "asesinatos en Madrid 2003", podremos acceder a un auténtico rosario de noticias relacionadas en las que se nos informa de colombianos tiroteados, ecuatorianos apuñalados en reyertas, magrebíes desangrados, eslavos ejecutados... Y las reseñas sobre los asesinos, aunque someras, parecen no dejar lugar a la duda, pues casi siempre se trata de compatriotas de las víctimas que llevan a cabo ajustes de cuentas por asuntos relacionados con el mundo del hampa -ocasionalmente hay crímenes pasionales, desde luego-, al modo en que lo harían en sus países o ciudades de origen.

Muchos dirán que mientras se maten entre ellos, poco puede importarnos a los demás. Pero estos crímenes no dejan de crear un clima de inseguridad ciudadana muy grave entre las gentes de bien que pueblan, trabajan y viven en nuestra Comunidad. Al margen, estos acontecimientos transmiten una imagen al resto del país y al extranjero realmente pésima, por no hablar de la foto que se ofrece de las comunidades de inmigrantes a las que pertenecen los infaustos implicados en estos luctuosos hechos. En último término, aunque las mafias colombianas, ecuatorianas o eslavas observen una estricta Ley del Talión hacia sus miembros más díscolos, cualquier transeúnte inocente podría verse envuelto en algún tiroteo o conflicto entre estos grupos y quedar malherido. O en un peor y más hierático estado.

Urjo a las autoridades municipales, regionales y nacionales a que tomen las medidas que sean oportunas para poner freno a este desatino. Y sobre todo, que no se dejen influir en sus decisiones por los tradicionales complejos de inferioridad moral que siempre les han afectado ante la camada de intelectualoides pseudo-progresistas que ven en el imperio de la Ley y en su cumplimiento estricto, más un obstáculo que una salvaguarda.

Lucio Decumio.

14 octubre 2003

Fiestas de El Arenal

Vuelvo a incorporarme a mis modestas tareas de redactor tras haberme abstraído de mis obligaciones con el teclado durante casi 96 horas. Esta prolongada ausencia, como bien saben mis escasos veinte lectores, ha estado motivada por mi presencia en las fiestas patronales del pueblo de mi madre. Alguno de vosotros, cuando no todos, seguro que ya ha tenido la ocasión de contemplar imágenes y declaraciones detalladas en los más variopintos y estomagantes programas de televisión en torno a lo allí sucedido durante el último fin de semana, por mor de la presencia de Julián Muñoz, como bien sabéis, oriundo del lugar y de Isabel Pantoja, amante y confidente del primero.

No me voy a extender en glosar el pregón de los festejos pronunciado por Julián y tampoco en los saludos iluminados por la sonrisa invertida de la Pantoja el pasado viernes 10. Asimismo, no haré mención a la presencia de ambos por las calles de la villa durante las procesiones que tuvieron lugar el sábado y el domingo. En primer lugar, no me interesa y en segundo, no tuve la oportunidad de verlos, así que cualquier declaración al respecto traicionaría mi voluntad de objetivar coherentemente los hechos que suceden a mi alrededor.

Me voy a limitar a hacer constar una experiencia personal, que en el marco de las Fiestas de Octubre de El Arenal, tiende a acrecentarse y a magnificarse a cada año que pasa. Mi modo de contemplar, con la vista y el espíritu, los más tradicionales festejos de mi amado pueblo, ha cambiado abruptamente de un tiempo a esta parte. Hasta hace tres o cuatro años, me sentía partícipe de los mismos y me divertía de lo lindo con mis amigos y con mi familia. Pero desde hace un par de años, percibo que el ambiente que me rodea ha cambiado. Quién sabe, tal vez sólo haya cambiado yo o quizás lo advierto de un modo diferente. El caso es que me siento cada vez más desubicado y menos integrado en la atmósfera festiva que se respira.

Hace presa de mí desde hace un tiempo la desasosegante sensación de que al margen de que por mi edad y por mis inquietudes el núcleo de los festejos ya no encaja con mis ganas de divertirme como antaño, las fiestas de El Arenal han quedado algo trasnochadas y periclitadas. Me duele en el corazón decirlo de este modo, pero han envejecido mal, en definitiva.

Desde mi humilde óptica, que puede estar perfectamente desenfocada, que a nadie le quepa la menor duda, pienso que unas fiestas de estas características no pueden quedarse en un tradicional baile con orquesta en la plaza del pueblo, cuatro atracciones de feria decadentes, unos fuegos artificiales, que son sobre todo eso, artificiales y un chocolate con churros matinal para tratar de levantar el ánimo de los más trasnochadores.

Hace 50 años e incluso menos, 30 ó 20, esta clase de festejos tenían como objetivo que las gentes del lugar, que se pasaban el año entregadas a sus agotadoras labores agrícolas y ganaderas, disfrutaran de unos días de esparcimiento, diversión y algo de desenfreno. Olvidaban así durante unas horas, una vida dura e ingrata, más llena de sinsabores y de momentos agrios, que de pasatiempos y distracciones.

Pero en el Siglo XXI, cualquier observador mínimamente imparcial se da cuenta de que los usos y costumbres de los españoles han cambiado incluso en ubicaciones recónditas, como es el caso de esta pequeña villa de la Sierra de Gredos. La calidad de vida ha mejorado y las nuevas técnicas agrícolas y ganaderas han transmutado tareas antes ásperas en trabajos más llevaderos.

Los nativos ya no ocupan entre el 80% y el 90% de su tiempo en estas labores. Hay mucho más tiempo libre y las oportunidades de ocio, esparcimiento y disfrute se le han multiplicado exponencialmente a cualquier joven de cualquier localidad española o inclusive a un hombre o mujer de mediana edad. Ahora se viaja más, se puede disfrutar de la TV vía satélite en cualquier punto de España, del vídeo, del DVD, de libros, de cine cerca de casa. Disponemos de más bienes de consumo que nos hacen la vida más fácil y transitable, como automóviles, teléfonos móviles, ordenadores, reproductores de música... A la vista de estas realidades incuestionables, debemos darnos cuenta de que los típicos entretenimientos de hace unas décadas, han quedado más que obsoletos.

Propongo desde aquí, a las autoridades municipales de El Arenal y a todas aquellas corporaciones locales que se encuentren en una situación similar, una revisión en profundidad de los programas de fiestas para años venideros, con el fin de que se vayan modificando y puedan incluirse actividades más en la línea de los tiempos que corren.

Siento -seguro que muchos no lo sentís- no extenderme más, pero hoy estoy especialmente cansado y quiero acostarme temprano.

Lucio Decumio.

10 octubre 2003

Breverías

Esta palabra no aparece en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. La acuño yo -con todas sus consecuencias, que de momento no serán muchas- modificando conscientemente un término creado por Ramón Gómez de la Serna hace ya algunos años y que no es otro que el de "greguería". Para los legos, decir que una greguería es una imagen en prosa que presenta una visión personal, sorprendente y a veces humorística, de algún aspecto de la realidad. A fuerza de ser sincero, conocía el término y era capaz de identificarlo si me lo encontraba en algún escrito, pero la definición que acabáis de leer me la he volcado del Diccionario de la RAE, directamente y sin contemplaciones. Buscad en Google y seguro que encontraréis ejemplos de greguerías. Algunas que he leído son muy divertidas e ingeniosas.

Por su parte, la brevería carece de definición -aunque podría concretarla en el futuro- pues como digo, es un término que hace no mucho troquelé desde mi privilegiado intelecto para plasmarlo en un reciente comentario. Como me gustó, la retomo como encabezamiento de mi intervención de la noche de hoy, que dividiré en pequeñas reflexiones que versarán sobre distintos aspectos de la realidad general y de la mía particular -esto podría ser la definición- y que por razones de espacio y tiempo, no puedo convertirlas en los grandes latifundios literarios en que suelen devenir las observaciones que manifiesto en esta página.

1/ Hoy, ya viernes 10 de Octubre de 2003, me marcho al pueblo de mi madre, cuyo nombre a mis lectores debe resultarles ya familiar. Muy bien, lo habéis adivinado, es El Arenal, esa pequeña villa que descansa sobre las mismas faldas de la cara sur de la Sierra de Gredos y que mira apaciblemente hacia el fértil Valle del Tiétar. Este fin de semana tendrán lugar allí las Fiestas Patronales Mayores, en honor del patrón de la localidad, el Santísimo Cristo de la Expiración. Una pequeña gran celebración en la que se entremezclan y confunden comerciantes ambulantes, atracciones de feria en decadencia, misas, dulces, procesiones, sangría, baile, fervor cristiano, encuentros de viejos amigos y familiares y cómo no, diversión. El punto álgido se alcanzará durante este fin de semana, pero los festejos se extenderán durante la semana siguiente en forma de distintos actos feriales. No se me olvidaba; el pregón de las Fiestas correrá a cargo de Julián Muñoz, "Cachuli", así que es más que posible que me veáis en algún espacio del inframundo catódico, como extra involuntario de la comedia que se trae entre manos con la Pantoja. En fin.

2/ Estoy harto de contemplar como distintos grupúsculos de aficionados al fútbol -habría que hacer un muy profundo estudio en torno a cuáles son sus verdaderas aficiones- acuden a los estadios españoles a tomar parte en ritos tribales de exaltación de la masa y del poder violento que ésta puede alumbrar. La muerte de un joven aficionado del Deportivo de la Coruña, ocasionada por la brutal patada que le propina un energúmeno enfebrecido por su propia miseria moral, debería hacer reflexionar a todos los dirigentes de los clubes de fútbol españoles y hacerles ver que entre los seres humanos, todavía hay individuos que se agrupan en clanes de Neardhentales, con el exclusivo fin de acudir a los estadios para dar rienda suelta a sus más primarios instintos. Pero los presidentes y los dirigentes no dan mucho más de sí, así que me temo que en el futuro, hechos como este volverán, desgraciadamente, a repetirse.

3/ Buen golpe de la Policía al entramado etarra. Extraordinaria acción diría yo. Entre el País Vasco, Navarra y Aragón -cierto, hasta Aragón han llegado las víboras para anidar y poner sus huevos- los agentes han detenido a 34 activistas de la banda terrorista, integrados en su mayor parte dentro del aparato de captación de nuevos cachorros para la sangrienta causa abertzale. Curioso; al parecer, entre los detenidos se encuentra el hijo de una concejala socialista de un municipio navarro. Volvemos aquí a encontrarnos con lo que yo denominaría como prototípico caso de una voluntad pusilánime que busca romper el pavoroso cerco social a la que se ve sometida por el entorno hostil, a través de su rendida integración en el mismo. Vivir rodeado por ese círculo tan viciado debe ser espantoso, pues en ocasiones como esta, obliga a los débiles de espíritu a renunciar a los propios orígenes y al ambiente por el que se es rechazado. ¡¡Cuándo acabará esta pesadilla!!

4/ Schwarzenegger ya es Gobernador de California. Bautizado como "Gobernator" en un alarde de falta de originalidad de los medios de comunicación, poco se sabe de su programa electoral, salvo las típicas promesas de cualquier candidato en campaña que se compromete a crear más empleo, a mejorar la sanidad y la educación y a traer más prosperidad y riqueza para los habitantes del país o región que desea dirigir. Al parecer, se ha rodeado de un buen equipo y la cosa podría llegar a funcionar decentemente. Habrá que esperar y ver. Por lo que a mí respecta, siempre me ha caído bien este tipo hercúleo que con el tiempo y las películas que realizó, fue capaz de ir modulando tímidos registros dramáticos en su rostro hasta transfigurarse desde el bulto casi inanimado de sus primeros filmes, al mal pero aseado actor que ha sido en los últimos. Aunque físicamente se le veía bastante apurado en sus postreras intervenciones en la gran pantalla, echaré de menos sus películas. Costará acostumbrase a verle ganarse la vida en el mundo real y no en el de ficción. Le deseo suerte.

Lucio Decumio.

08 octubre 2003

Castigo ejemplar para los asesinos de Sandra Palo

Era una chica de Alcorcón, de tan sólo 22 años de edad, cuando la noche del 16 al 17 de Mayo de 2003, mientras esperaba pacientemente el autobús que le llevaría a su casa pasadas las 02.30h, fue secuestrada a punta de navaja por una pandilla de hijos de puta que tras introducirla en un coche, llevársela a un descampado, violarla repetidamente y atropellarla con el mismo vehículo hasta dejarla inconsciente, se atrevieron a rociarla con gasolina y quemarla, aún viva, para mayor deleite de sus perversas e inicuas mentes.

Los hijos de puta que perpetraron este crimen, para el que no encuentro calificativo, son al parecer cuatro adolescentes -tal vez alguno más, según las últimas investigaciones-, menores de edad todos salvo uno, que residen en la citada localidad madrileña y que hasta la fecha en que cometieron esta abominable carnicería, acumulaban más de 700 denuncias ante la Comisaría de Policía de Alcorcón y la Fiscalía de Menores. Las mencionadas denuncias, que iban desde la quema de coches y otros actos vandálicos, hasta las heridas causadas a algunos viandantes por disparos realizados con escopetas de perdigones, fueron agolpándose durante años en los despachos sin que nadie con la suficiente autoridad pusiera las cosas en su sitio y acabara con este rosario de delitos.

Estoy convencido de que el que más y el que menos dentro de la Comisaría de Policía de Alcorcón y de la Fiscalía de Menores, sabía que más temprano que tarde, estos hijos de puta darían un dramático salto cualitativo en el espectro de sus delitos y pasarían de quemar coches y robar bolsos, a llevarse alguna vida por delante. También estoy seguro de que los funcionarios de uno y otro organismo pusieron en conocimiento de sus superiores el recurrente vandalismo de estos cuatro sicarios. Y es más que probable que estos mismos superiores remitieran algún que otro informe a las autoridades municipales y autonómicas pertinentes, advirtiendo del peligro que podía cernirse sobre algún inocente.

Pero nadie hizo nada. No tengo pruebas para acusar, pero se me antoja transparente el hecho de que hubo una escalofriante dejación de funciones por parte de algún organismo o autoridad. O lo que es peor, algún grave acceso de papanatismo y cobardía que impidió afrontar con valentía la modificación de la Ley del Menor y adelantar la edad penal de los delincuentes. Porque, no es nada descabellado pensar que esos poderes públicos -que recibieron los más que seguros informes de la Fiscalía de Menores y de la Comisaría de Policía de Alcorcón de los que antes hablaba-, barajaran en algún momento la posibilidad de movilizar fuerzas y recursos con el fin de retocar la citada ley y mandar a estos hijos de puta a una acogedora celda, en un bonito presidio, durante unos cuantos y bien merecidos lustros.

El problema es que eran y son menores. Y en los tiempos que corren en España, tratar de modificar una ley para prevenir posibles desastres como el sucedido y que a su vez esa modificación no encaje en los sagrados e inviolables preceptos sociales que custodian celosamente los guardianes de esa moderna censura que es la corrección política, significa verse estigmatizado con el calificativo de fascista y retrógrado para el resto de tus días.

Y así, aunque hayan robado, alunizado, disparado, atracado, golpeado y violado las propiedades ajenas de un modo tan escalofriante y estremecedor, la Ley, esa ante la que teóricamente todos somos iguales, les ha seguido considerando menores, pese a que sus horripilantes delitos nos los han mostrado como adultos desalmados y despiadados.

A mí que no me cuenten mandangas. Hoy en día, Octubre de 2003, un niño de 11 años ha visto más cosas impactantes y sabe más de la vida y de lo que va la misma, que yo cuando tenía 18. Además, a partir de los 11 ó 12 años, un infante sabe distinguir perfectamente el alcance de sus actos y si estos son reprobables o no. Eso con toda seguridad. Y no digamos ya si al mozalbete en cuestión le han salido pelos en la cara y en el pubis y arrastra tras de sí, a los 16 ó 17 años, un historial delictivo que santificaría y daría buen nombre a "El Torete" a "El Vaquilla" y a "El Lute" en sus tiempos mozos y de mayor gloria.

Coincido plenamente con las opiniones de los desgarrados progenitores de Sandra. Los hijos de puta han cometido crímenes y delitos de adultos y como tales deben pagar. Ni ellos mismos, ni sus abogados, ni cualquier retroprogesista de salón que salte a la palestra para defender la bondad intrínseca del delincuente y acusar a la sociedad de negar el pan y la sal al asesino y ser el origen de todos sus delitos, deberían poder escudarse en las fechas de nacimiento de los vándalos para soslayar o minimizar el gran castigo que merecen por sus atrocidades.

Aunque los padres y la familia ya han recogido más de las 500.000 firmas necesarias para presentar ante el Congreso la iniciativa popular que promueva un proyecto de ley para la modificación de la Ley del Menor y que la edad penal se adelante a los 16 años, avanzo desde aquí mi más sincero apoyo y mi más comprometida firma virtual en ese sentido.

Y por último. A los señores gobernantes municipales, autonómicos y nacionales les reclamo más audacia, más valentía y más decisión a la hora de tomar medidas que no se ajusten a la más severa corrección política. Seguro que si alguien profiere el aparatoso alarido de turno y escenifica el consabido rasgón de vestiduras, es que ustedes han dado en el clavo, seguro.

Lucio Decumio.

07 octubre 2003

Varias plusmarcas personales

Mi enorme querencia por los acontecimientos y las noticias que nos rodean a diario, combinada con mi larvado espíritu periodístico, mi férrea voluntad analítica, mi enfermiza incredulidad y sobre todo, mi granítica obsesión por una intachable presentación formal y de contenido, me obligan a mostrar en esta ventana abierta al ciberespacio, una faz algo adusta, tal vez demasiado seria, en ocasiones desabrida y severa, que no se corresponde estrictamente con mi personalidad.

Porque, aunque bien es cierto es que no dejo de introducir alguna nota con determinados tintes sarcásticos, me temo que estas breverías humorísticas, estas pequeñas perlas de ironía, apenas si despiertan alguna sonrisa entre mi concurrido auditorio. Difícilmente alguna carcajada y mucho menos, esos continuados y espasmódicos ataques de risa que circunstancialmente nos asaltan ante la lectura o la contemplación de hechos graciosos, insólitos, ocurrentes o salerosos.

No es mi intención hacer un viraje de 180º en los contenidos de mis reflexiones, ni mucho menos. Que a nadie se le ocurra pensar que de ahora en adelante, se va a librar de comentarios en torno al conflicto iraquí; o de las diatribas contra Bush, Sharón y el conflicto de Oriente Próximo; o de mis opiniones al respecto de las decisiones de nuestros gobernantes y de la oposición; o de mis ametrallamientos literarios contra los terroristas de ETA, el nacionalismo vasco y sus prebostes. No; os podéis ir haciendo a la idea de que no va a ser así, de que voy a continuar por la misma senda, aunque algunos cambios tengo previsto introducir.

Ojo. De igual modo me veo en la obligación de advertir que a partir de estos instantes, esto tampoco se va a convertir, por arte de birli-birloque, en la casa de la guasa, en el festival del humor, o en la cofradía del chascarrillo. Pero eso sí, intentaré introducir elementos, comentarios o secciones que despierten, en la medida que mi ingenio y mi humilde intelecto sean capaces, la hilaridad el regocijo y el jolgorio entre mis lectores.

En este sentido, espero poder ofrecer muy pronto una jugosa entrevista con el autor de esta página, que llevará a cabo, con toda seguridad, alguna sensual y desprevenida becaria. Asimismo, este weblog contará en breve con nuevas y atractivas secciones que confío serán del agrado del lector. De momento, no desvelaré nada más, pues el desafío es colosal, ciclópeo diría yo.

Y ahora, enlazando y maridando con el título de mi comentario haré constar las dos notas siguientes:

-Primera, que en el día de hoy, y siempre según el contador que instalé hace aproximadamente un mes, esta página ha batido su propio récord de visitantes, alcanzando las electrizantes cifras de 20 visitas totales y 26 páginas vistas. Ni yo mismo me lo podía creer cuando me he conectado esta noche y he visto que el contador había disparado sus registros hasta tan estratosféricos guarismos. Mil gracias a las dos decurias que han dado forma a mi concurrencia de hoy. Pronto seremos centuria, cohorte y legión, por este orden.

-Y en segundo término, que hoy por fin y tras muchos e infructuosos intentos, mis opiniones en torno al trabajo que desempeño, a cómo debería llevarse a cabo y a cuáles deberían ser los pasos a seguir con los clientes de los que me encargo, han encontrado, tras varias horas de acalorado debate, el debido eco y el merecido respaldo entre mis jefes y superiores. El premio a tan crucial apoyo y a tan rendida atención por su parte, ha sido una nueva sobrecarga de tareas que llevaré a cabo con cristiana resignación y con la secreta convicción de que para la próxima, calladito estaré más guapo.

Lucio Decumio.

05 octubre 2003

Loterías y Apuestas del Estado

Nada de atentados palestinos contra intereses israelíes y nada de revanchas y castigos judíos contra las propiedades y las tierras de los familiares de los terroristas implicados en las atrocidades suicidas. Algo más vulgar y prosaico toca en el día de hoy.

A un amante de los juegos de azar como yo, le están haciendo la vida imposible desde el Organismo Nacional de Loterías y Apuestas del Estado de un tiempo a esta parte. Tengo la costumbre -buena o mala, eso se deja al libre juicio de lector- de jugar a la Lotería Primitiva, a la Bonoloto y a la Quiniela de fútbol y todo ello, desde años muy mozos. Eso sí, tengo la muy mala usanza de apostar siempre con los mismos números, lo que por razones que omitiré citar en este caso por evidentes que resultan, me impide abandonar tan costoso hábito.

Y digo bien lo de costoso, porque aunque uno juegue un sólo par de combinaciones a la Primitiva, ya está gastando cuatro euros semanales, lo que unido a otros cuatro de la Bonoloto y a lo que cuesta la Quiniela en estos momentos, termina por sumar un montante de, por lo menos, dos mil pesetas semanales.

Y todo esto sin ninguna contrapartida real y sobre todo proporcional. Ojo, no estoy exigiendo que los premios de estos juegos se abalancen sobre mí y me abracen y cubran con millones de euros que me ayuden a retirarme de la circulación. Lo único que pido, es una justa y decente compensación entre precios y premios. O bien incrementando éstos o por el contrario, bajando aquéllos. Algún lector poco avisado y sobre todo, poco amante de este tipo de apuestas, dirá que me he vuelto loco o que no tengo medida, pues la Lotería Primitiva acaba de repartir, sin ir más lejos este último sábado, un primer premio superior a los 20 millones de euros.

Pero la realidad es muy distinta. Dejando al margen que este tipo de premios, cercanos a los 3.500 millones de pesetas, son exclusivo fruto de la acumulación de los botes generados por la ausencia de acertantes en las semanas precedentes, desde su instauración -reinstauración tras siglo y medio de carencia- en 1985, los precios de las apuestas en la Lotería Primitiva y en los sucedáneos que fueron apareciendo posteriormente, Bonoloto y Gordo de la Primitiva, no han hecho más que incrementarse y los premios que perciben los apostantes, han menguado hasta límites ridículos.

Pondré un ejemplo. En 1985-1986, cuando alboreaba de nuevo en los despachos de apuestas el antiguo juego de la Primitiva -de ahí su nombre, evidentemente- el coste de la apuesta era de 25 pesetas. Cualquiera que llevara 20 duros en el bolsillo y pasara al lado de una oficina autorizada del ONLAE un miércoles, podía detenerse en ella, pedir un bolígrafo Bic al lotero, tachar 6 números en cuatro de las casillas del boleto, pagar con la añorada "libra" y marcharse a su casa tan feliz, soñando con un jugoso guiño de la diosa Fortuna que le dejara al día siguiente disfrutar de una saneada cuenta bancaria de 250 ó 300 millones de pesetas. Y la vida resuelta.

A día de hoy, Octubre de 2003, esa misma persona, con más años, más canas y más experiencia, pasea despreocupadamente por su mismo barrio de entonces y se percata de que aquella vetusta oficina de Loterías sigue allí, en el mismo sitio donde él la había dejado hace ya unos años. También es miércoles y en sus bolsillos tintinean algunas piezas que corresponden a varias fracciones de la nueva moneda europea. Se detiene y observa que aquel lotero próximo a los cincuenta de hace unos años, debe encontrarse al borde de la jubilación. Entra en el despacho y reconoce el mismo desorden de antaño, con cientos de boletos que irregularmente alfombran el suelo y se desperdigan por los mostradores.

Sigue habiendo largas colas para sellar docenas de ilusiones y se termina diciendo a sí mismo que por qué no, por qué en esta ocasión no puede o no debe cambiar su suerte. Guarda pacientemente su turno hasta llegar a la ventanilla y, desentendido de los cambios que la escala de precios de este juego ha experimentado durante los últimos años, sella un boleto por cuatro apuestas, como en 1986. El lotero, que cree reconocer en ese hombre que pasa ya de los treinta, a un habitual cliente adolescente de hace tiempo, le entrega el resguardo y le pide 4 euros por el mismo.

El ingenuo apostante, sorprendido, no da crédito a lo que escucha. Con los ojos bien abiertos y voz de asombro, interpela al entrañable propietario del despacho de apuestas por la certeza de tan costosa reclamación. Pero la contestación es la misma, son cuatro euros y esa es la cruda realidad. ¡¡El precio de las apuestas se ha disparado en los últimos 17 años, por encima de un 665% respecto a 1986!! Escandalizado, pero a sabiendas de que quien está al otro lado de la ventanilla carece de responsabilidad sobre tan salvaje incremento de precios, vuelve a cuestionarle con toda la educación, pero con toda la estupefacción del mundo, respecto al abanico de premios que se manejan en la actualidad.

"En una jornada normal, -responde pacientemente el señor Fermín, de quien acaba de recordar su nombre-, el premio a repartir entre los acertantes de seis, si los hay, es de unos 450 ó 480 millones de pesetas". El cliente se retira de la ventanilla, dobla su resguardo y lo introduce en su cartera mientras que en su cerebro, en lugar de desatarse un huracán de ilusiones y de cábalas sobre el destino de que dará a tan suculento premio en el caso de ser agraciado, se organiza una tempestad aritmética en busca de explicaciones racionales que le ayuden a encajar las piezas de semejante desatino, pero no las encuentra, es imposible. Con lo que sí que topa su privilegiado cerebro es con unos datos que mueven a la reflexión sobre la gestión nefasta que se está llevando a cabo en el ONLAE y la estafa que están consumando con las ilusiones de los apostantes.

Cuando este organismo incrementa el precio de las apuestas, publicita este nuevo acoso al consumidor con argumentos que intentan hacer creer a los españoles que a mayor coste por columna sellada, superior será el premio obtenido en el caso de tener la suerte de tu lado.

Pero una simple operación matemática desmonta esta idea falaz y descubre las posaderas de estos bandoleros. Si en 1986 el premio para los acertantes de 6 números se situaba en las inmediaciones de los 300 millones de pesetas y si el precio de la apuesta se ha incrementado en un 665,54% desde entonces, el mínimo premio para los acertantes de 6 que podría exigírsele al ONLAE a día de hoy debería ser un 665,54% superior al de aquel año. Es decir, unos 1.996 millones de pesetas. Pero no es así. El premio principal, o más correcto, la cantidad de dinero destinada al premio principal sólo ha experimentado un crecimiento que ronda el 50%.

Siendo así, exijo, aunque no se me haga caso, que se reduzca el precio por apuesta en la Lotería Primitiva y que este suponga como máximo 50 ó un 60% más de lo que costaba a mediados de los ochenta. Es decir, que utilizando valores estrictamente nominales el precio de la apuesta a día de hoy debería ser de 37,6 céntimos de euro.

Y eso que no entro en porcentajes o revalorizaciones, pues cualquier mortal sabe que en 1986, por poner un ejemplo, podías comprarte un bloque entero de 80 pisos en Móstoles con 300 millones de pesetas, mientras que en 2003, con 450 millones, apenas si te comprarías 15 viviendas en ese mismo edificio.

Estoy convencido de que con un descenso de precios de estas características, las recaudaciones semanales superarían, con mucho, a las que se registran en estos momentos. Con un euro podrían jugarse tres apuestas, algo absolutamente sentato y cabal, no como el desbarajuste actual. Y esto que digo, debería servir igual para el resto de juegos gestionados por el ONLAE, como la Bonoloto, el Gordo de la Primitiva o la Quiniela, que esta temporada ha experimentado una subida en el precio por apuesta de un 66,6%, pasando de 30 céntimos de euro, a 50. Y no se han despeinado, ni se les ha caído la cara de vergüenza.

Hace 17 años, a los pobres sólo nos costaba 25 pesetas ponernos a soñar. Hoy, ni eso podemos permitirnos.

Lucio Decumio.

03 octubre 2003

Corea del Norte

Cuando hablamos de un país en el que la clase dirigente busca sistemáticamente lavar el cerebro de su población, a base de hacerles creer sandeces de la categoría de que el nacimiento del máximo mandatario de la nación fue saludado desde el firmamento con la aparición de una nueva estrella, podemos hacernos una idea del Estado ante el que nos encontramos, quiénes son los políticos que lo administran y en qué situación o nivel socio-cultural pueden hallarse los atormentados y amedrentados borregos que tienen que tragarse esas inmundicias.

Hablo de Corea del Norte, con toda seguridad, el país más aislado económica, política y socialmente de todo el globo terráqueo. Arrinconado y apartado del resto del mundo por iniciativa de un puñado de alocados stalinistas que detentan el poder desde hace 50 años, cuando un armisticio puso un inestable punto y final a la cruenta guerra que dividió a la península coreana en los dos estados que son hoy, este país es lo que es en la actualidad y se mantiene como tal, impermeable a cualquier cambio o modificación en sus estructuras socio-políticas gracias única y exclusivamente a su poderoso vecino, China.

Esa clase dirigente, personificada en la figura del Gran Líder Creador de la Patria norcoreana, Kim Il Sung -afortunadamente a unos metros bajo tierra desde hace unos años- y de su hijo Kim Jong Il -desafortunadamente, aún a metro y medio sobre la superficie terrestre- ha sumido a toda la población del país -salvo a la estrictamente ligada al partido y a la clase gobernante- en una pobreza medieval que espanta; ha matado de hambre en el último lustro a millones de compatriotas; ha ejecutado a miles de ellos a su antojo; ha extendido el miedo y el pavor por todo el territorio; ha mantenido una amenazante y artificiosa tensión con estados vecinos, como Japón o Corea del Sur. En fin, ha creado, alimentado y dado forma a un régimen sombrío y despiadado, como pocos se han conocido en la Historia de la Humanidad.

Bien, pues estos cuatro perturbados con ojos almendrados y cabeza de avellana se disponen a dar un tenebroso impulso a su programa de disuasión nuclear, al anunciar que van a reprocesar 8.000 barras de combustible atómico ya usado, lo que les permitirá obtener el plutonio suficiente como para dar a luz, al menos, a seis bombas nucleares. Los trastornados gobernantes norcoreanos parecen pretender con ello fortalecer su "fuerza nuclear disuasoria", que invite a los norteamericanos a pensarse dos veces la posibilidad de atacarles e invadirles.

Un inciso a este respecto para decir que desde mi modesto punto de vista, el equilibrio de fuerzas en el siglo XXI se va a dirimir entre los Estados Unidos y China, con toda seguridad, así que las posibilidades de que los norteamericanos se la jueguen invadiendo o atancando al tradicional aliado chino, ante las mismísimas narices de éste, es muy remota, por no decir nula.

Volviendo a hilo conductor de este comentario, lo que en realidad le interesa a los regentes norcoreanos es reforzarse a nivel regional y ser temidos y respetados en su entorno. Y sobre todo, reafirmarse internamente para continuar explotando y expoliando a su población con vistas a enriquecerse hasta la más absoluta indecencia y cómo no, perpetuarse en el poder.

Pero la apuesta puede salirles cara. Ojalá me equivoque respecto a la afirmación que voy a exponer, pero creo que no me faltan argumentos para decir que:

Corea del Norte es un país absolutamente subdesarrollado, que carece de infraestructuras, comercio, mercado, partidos políticos, garantías, derechos individuales... En resumen, carece de todo. Y esto convencido de que asimismo, adolece de programas efectivos y serios ante emergencias nucleares de alto grado. Si la cadena de reprocesamiento de las 8.000 barras de combustible nuclear que va a tener lugar en su reactor de cinco megawatios de Nyongbyon falla en algún momento, me temo que las garantías de que no ocurra un desastre de proporciones bíblicas en aquél país, son escasitas.

Imaginemos el apocalipsis:

El reactor principal sufre un súbito recalentamiento, por algún error de seguridad. Los ingenieros al cargo de la planta no logran enfriarlo y mientras que miles de barras de plutonio empobrecido esperan su turno para reprocesarse, el núcleo de la central no soporta los miles de grados de temperatura a que está sometido y se colapsa.

No soy ingeniero, pero una situación como esta garantizaría, casi con toda seguridad, una espectacular explosión atómica que desencadenaría un cataclismo en la zona sin parangón en la Historia. Número incontable de muertos, heridos y afectados, miles de kilómetros cuadrados devastados para la vida y la agricultura, aire, tierras y aguas contaminadas durante siglos....

Pero ahí no quedaría la cosa, me temo. Insisto en que pese a que se adopten fuertes medidas de seguridad, Corea del Norte no está preparada, seguro, para afrontar un problema de esa magnitud y mucho menos para resolverlo y restringirlo a un área determinada. Se le escaparía de las manos. Los efectos del desastre se verían multiplicados por su aislamiento y por la falta de transparencia de las autoridades a la hora de informar sobre los hechos, lo que conduciría a una magnificación de la devastación, que se extendería irremediablemente a los países vecinos, con las consecuencias que cualquier lector algo documentado puede inferir.

Esta suerte de hecatombe que describo no es ciencia-ficción. Estoy convencido de que puede ocurrir y que las probabilidades, desgraciadamente, son elevadas.

Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?

Lucio Decumio.

02 octubre 2003

El Diario de Nantes

Cada vez que no consigo o no puedo escribir algo algún día en esta página, me invade un sentimiento de culpa similar al que nos puede afectar cuando, estando a régimen, nos metemos entre pecho y espalda un chuletón al cabrales, unas buenas gambas a la plancha y unas natillas caseras. Todo ello regado con un excelente Ribera o Rioja, según apetencias, y ahumado por los vapores de una copa de Torres 20 y un inigualable Cohíba Espléndido.

En esos instantes te sientes bien contigo mismo, porque has hecho de tu santísima voluntad, un acontecimiento inolvidable. Pero transcurridas unas horas, te percatas de que has traicionado las propias obligaciones contraídas con tu organismo y que pecar capitalmente de un modo tan gozoso, redunda en consecuencias nada buenas para tu aspecto personal.

Redacto esto a una velocidad endiablada, más acelerado incluso que cuando me pongo a las 12 de la noche, pues no es cuestión de restar demasiado tiempo a mi labor diaria de ganarme decentemente el pan. Sólo quería hacer constar un enlace, que trataré de incluir hoy en la vertiente derecha de mi página, debajo de los de Rodolfo y Alicia. Se trata de un "link" que os llevará a la página de un valenciano al que se le ocurrió, durante su estancia en Nantes como becario Erasmus, elaborar un diario que recogiera sus peripecias en aquella localidad francesa. Lo hace de modo muy notable, con brío, ingenio, y soltura redaccional, algo de lo que no están sobrados precisamente los ingenieros, gremio laboral al que pertenece el levantino.

En fin, ahí va. Espero que esta noche pueda ofrecer algo más.

El Diario de Nantes

Lucio Decumio.

01 octubre 2003

Desde hace casi año y medio...

Hoy habría cumplido 65 años. Habría abandonado a su hora la Secretaría que ocupaba en el Ayuntamiento de su pueblo natal desde hacía cuarenta años y dejando todo ordenado y colocado desde su más que exquisita pulcritud para que quien ocupara su puesto al día siguiente no se viera aplastado por una montaña de tareas inacabadas, hubiera cruzado con paso firme y recio, como miles de veces hizo previamente, la Plaza principal de El Arenal hasta llegar a su hogar, al otro lado de la misma.

Con el Consistorio Local a sus espaldas, a sabiendas de que no volvería sino para resolver pequeños asuntos personales, se le hubiera encogido el corazón, lo sé. Y la nostalgia y los recuerdos de miles y miles de horas entregadas a su amado Ayuntamiento y a los vecinos de su pequeña villa abulense, le habrían obligado a derramar alguna furtiva lágrima. Pero también sé que hubiera reflexionado y se habría dado cuenta, entre merecidas sonrisas de autocomplacencia, de que impulsado por su inviolable sentido del deber y su entrega en cuerpo y alma al quehacer diario, había ayudado noblemente durante décadas a cientos de vecinos, granjeándose con ello, su afecto y su respeto para siempre.

Pero la vida traiciona y la muerte más. Desde hace casi año y medio, su adusto y elegante perfil ya no recorta las calles adoquinadas y los edificios del pueblo que tantas veces lo vieron pasar a su lado; he oído que los caminos y las veredas que transitan y se abren paso por la Sierra de Gredos, el Valle del Tiétar, la Peñita, la Cabrilla, la Jesa o el Herragú, aún no entienden porqué no ha vuelto a surcarles con su solemne caminar, apoyado en el viejo cayado de su padre; miles de nogales, cerezos, pinos y castaños murmullan al atardecer y se miran entre sí extrañados, mientras hacen mil cábalas sobre su prolongada ausencia; sé que la lluvia que no cesa entre Noviembre y Febrero, golpea febrilmente las ventanas de su viejo hogar en un estéril esfuerzo por llamar su atención y despertar su ira por no poder pasear entre sus convecinos; me consta que algunos lugareños han estado a punto de verle aparecer en el horizonte mientras se hacía llegar hasta El Hornillo o cuando volvía de él.

Desde hace casi año y medio, cada vez que voy a mi pueblo, el vacío que dejó su ausencia se llena de vívidos recuerdos y vivas anécdotas; de añejas visiones y antiguas imágenes; de sensaciones, en definitiva, que me evocan un pasado gozoso que abrió paso, sin darme cuenta, a un presente vacilante y a un futuro incierto.

Desde hace casi año y medio, faltan su energía, su ímpetu, su sabiduría y su afecto. No arriesgo nada al afirmar que aún le echamos y le echaremos de menos durante largos lustros, toda su familia y todos sus amigos.

Desde hace casi año y medio me percaté definitivamente de que la vida es, en muchas ocasiones, alevosa, taimada y desleal con aquellos que tan bien la trataron mientras pisaron y pasaron por este mundo. Porque nadie merece consumirse como se consumió. Nadie merece padecer como padeció. Nadie merece los tormentos y los suplicios que le azotaron en sus últimas semanas. Y menos él. Sin previo aviso, esa absurda y mortífera guerra civil que desata nuestro organismo contra sí mismo, le hizo deslizarse entre los dedos de todos los que fuimos su familia en cuestión de semanas, sin que nada pudiéramos hacer por evitarlo. No hubo conmiseración ni compasión, sólo crudeza y dolor, mucho dolor.

Este "post" está dedicado a la imborrable memoria de mi tío Jesús, fallecido a los 63 años de edad el 9 de Mayo de 2002.

Lucio Decumio.