23 julio 2003

El mayor desafío de la Humanidad.


Título algo apocalíptico y cataclísmico, éste con el que encabezo mi comentario de hoy. Y creo que no es para menos. Desde hace no pocos años, se viene hablando y debatiendo en multitud de foros, cumbres y conferencias internacionales sobre la contaminación que afecta al planeta, el efecto invernadero -en el que esa contaminación tiene mucho que ver- la sobreexplotación de recursos naturales, el agujero de la capa de ozono, la emisión incontrolada de CO2 a la atmósfera y mil peligros más que alteran cada vez más el difícil equilibrio ecológico de nuestro pequeño mundo.

En la mayor parte de los casos, -siempre según mi particular percepción- los resultados de estos concilios que llevan a cabo las naciones y sus gobiernos para tratar de establecer los mecanismos más adecuados de cara a lograr un desarrollo sostenible y compatible con el respeto al medio ambiente planetario, terminan en acuerdos de mínimos, cuando no en rotundos fracasos. Pero por lo menos, estas reuniones se celebran con cierta frecuencia, tienen una repercusión mediática importante, las ONG's llevan a cabo congresos paralelos y se logra, al menos, elevar en algunos grados la temperatura de la sensibilización de la opinión pública mundial. Con el transcurso de los años, es de esperar que estas asambleas finalicen con resultados más rotundos y esperanzadores que los obtenidos hasta la fecha. Nos va mucho en ello.

Sin embargo, aun teniendo todos estos asuntos relacionados con nuestro medio ambiente y nuestro entorno natural, un calado, una importancia y una dimensión humana y económica formidable que no debemos perder de vista, hay algo que a mí, particularmente, me preocupa mucho más que el propio desgaste de nuestro planeta por el uso indiscriminado e incontrolado de sus recursos. Eso que tanto me preocupa, enraíza muy directamente con todo lo anteriormente descrito si no es con casi total seguridad, el causante directo de los gravísimos problemas medioambientales a que nos enfrentamos. Me estoy refiriendo -alguno de mis escasos lectores es posible que ya lo haya adivinado- a la superpoblación.

Hace algunos días, navegando despreocupadamente por Internet, me topé con un atlas mundial en el que venía la descripción, algo sucinta eso sí, de la geografía política y económica de todos los países de la Tierra. Lo típico en estos casos: extensión de la nación, ubicación continental, población, recursos principales, industrias allí establecidas, moneda, bandera, forma de gobierno.... En fin, pinceladas básicas, pero que ayudan a hacerse una idea general de cómo es un país determinado. Pero hubo algo que me llamó inmediatamente la atención. Al hilo de los datos sobre población actual -en 2001 concretamente- se informaba sobre la población estimada para cada uno de los países en el año 2050. Y es aquí donde se me pusieron los pelos como escarpias.

Tras varias visitas a los enlaces de muchos de los países, llegué a la conclusión, afirmada y sustentada por otras informaciones recogidas en más artículos publicados en la Red, que la Tierra tendrá en esa fecha -cuando yo alcance, si Dios quiere, los 80 años- más de 10.000 millones de habitantes. Desde mi muy humilde opinión, este dato es una auténtica barbaridad. Y más, teniendo en cuenta la formidable desproporción y desigualdad entre el crecimiento de población previsto en los países desarrollados y el que se evalúa para aquellos subdesarrolados, o en vías de desarrollo.

Si queréis visitar la página en cuestión aquí tenéis el enlace , aunque yo por mi parte, vaya poniendo en antecedentes.

Países desarrollados:

-USA: Población en 2001: 278 millones. Población estimada en 2050: 404 millones.
-España: Población en 2001: 40 millones. Población estimada en 2050: 32 millones.
-Francia: Población en 2001: 59 millones. Población estimada en 2050: 58 millones.
-Japón: Población en 2001: 126 millones. Población estimada en 2050: 101 millones.
-Canadá: Población en 2001: 31 millones. Población estimada en 2050: 41 millones.
-Australia: Población en 2001: 19 millones. Población estimada en 2050: 24 millones.

Países en vías de desarrollo:

-China: Población en 2001: 1.273 millones. Población estimada en 2050: 1.470 millones.
-Brasil: Población en 2001: 174 millones. Población estimada en 2050: 206 millones.
-Argentina: Población en 2001: 37 millones. Población estimada en 2050: 50 millones.

Países subdesarrollados:

-Pakistán: Población en 2001: 144 millones. Población estimada en 2050: 267 millones.
-Irán: Población en 2001: 66 millones. Población estimada en 2050: 100 millones.
-India: Población en 2001: 1.029 millones. Población estimada en 2050:1.619 millones
-Marruecos: Población en 2001: 30 millones. Población estimada en 2050: 50 millones.
-Nigeria: Población en 2001: 126 millones. Población estimada en 2050: 303 millones.
-Egipto: Población en 2001: 69 millones. Población estimada en 2050: 113 millones.

Sinceramente, yo me hago de cruces. Hasta los ciegos pueden ver -salvo el caso norteamericano- como el Primer Mundo manifiesta una marcada tendencia al descenso poblacional durante los próximos decenios. Ojo al dato de España, que a mí me resulta especialmente pavoroso. Descenso aquél, que en parte puede ser compensado y equilibrado, aunque con cierta tendencia al alza, por el incremento que experimentarán los países en vías de desarrollo. Sin embargo, el dato dramático y escalofriante estalla con toda su crudeza cuando analizamos los sobrecogedores porcentajes de aumento que se registrarán en los países del Tercer Mundo. El 40% y el 45% de población agregada en 2050 sobre 2001 en esos países es el mínimo que se baraja. Los países musulmanes se reproducirán con una promiscuidad estremecedora, pero es que casos como el de Nigeria, que multiplica por 2,4 el número de habitantes, son aterradoramente recurrentes en todo el África Subsahariana.

Resultados que yo contemplo, nada esperanzadores por cierto:

-A mayor incremento de población, más necesidades de recursos alimenticios y energéticos en todos los países y menos grado de compromiso e interés en los países más menesterosos, por el respeto a futuros acuerdos dirigidos a instituir una salvaguarda coherente de la Biosfera.

Por añadidura, el mayor impulso demográfico se produce en los países menos desarrollados, con menos posibilidades de ofrecer a sus gentes una vida mínimamente digna, multiplicando exponencialmente la magnitud del problema con:
-Mayores desórdenes en esas regiones, menos recursos destinados al desarrollo y más conflictos y enfrentamientos por el disfrute de los mismos.
-Masivos desplazamientos de población refugiada a países limítrofes, viéndose estos asimismo, infectados por episodios de caos y desgobierno cada vez más incontrolables.
-Imposibilidad de ofrecer una educación y un futuro halagüeño a esas generaciones, hirviente caldo de descontento y desazón en el que se pueden cocinar espantosas recetas bélicas y revolucionarias, aderezadas por amargas especias como: radicalismo, extremismo, integrismo y terrorismo.
-Movimientos migratorios cada vez más desesperados y de mayor magnitud en dirección a los países desarrollados, que podrían llegar a alcanzar tal volumen, que éstos se vieran obligados a cerrar militarmente sus fronteras y a repeler a tiros, si llega el caso, a legiones de desarrapados que intentarían encontrar un presente y un futuro que sistemáticamente, se les niega en sus países de origen.

Nada más lejos de mi intención que resultar un agorero. Pero es que si las naciones del mundo no toman la determinación de abordar este problemón con ánimo de atajarlo firmemente, poniendo pie en pared a esta plaga que somos nosotros mismos, los humanos, puede que terminemos todos muy mal.

Lucio Decumio.

Nota del autor: El endemoniado blogger no me deja cambiar el título en el campo destinado al efecto. Escribo cualquiera y no me lo baja cuando hago el post. ¿Sabe alguien qué puede estar sucediendo?

1 comentario:

polo dijo...

SI es cierto, Suena bastante preocupante