Me han llegado acerbas críticas relacionadas con el "post" que colgué ayer en estas páginas. Y he de reconocer que, tras una pormenorizada re-lectura del mismo, las censuras recibidas en torno a su carácter gris, plúmbeo y aséptico, no sólo no carecen de fundamento, sino que van cargadas de una gran parte de razón. Pese a aceptar las detracciones y compartirlas en buena medida, sí que debo romper una lanza en mi favor. Creo que son ya varias las ocasiones en las que he manifestado que cada uno observa la realidad que le circunda de un modo muy personal y que lo que alguien encuentra extremadamente interesante y seductor, otro puede llegar a interpretarlo, con toda legitimidad, como una tabarra insufrible.
Personalmente, yo sigo considerando que la posibilidad de que la Humanidad esté a punto de alumbrar un proyecto común, cuya desembocadura en dos o tres decenios pueda llevar al género humano a disponer de una fuente de energía inagotable, barata y segura y que además impulse el desarrollo, la convivencia y el respeto al medio ambiente, es lo suficientemente cautivadora como para que le dedique el espacio que le consagro.
Lo que sí que he visto claro es que el enfoque que ayer le conferí al artículo, no era ni mucho menos el más atrayente, pues como decía previamente, hasta a mí mismo se me antojan fastidiosos su redacción y su desarrollo. Por esta razón, hoy salto al coso del ciberespacio con la inocultable intención de dar un giro a las formas y lograr que este segundo comentario que le dedico al proyecto de reactor de fusión nuclear, supere en entretenimiento y afecto de mis lectores a, por ejemplo, un resumen en DVD de los mejores momentos de "Noche de Fiesta". He soslayado los aspectos más técnicos de la cuestión, en aras de una mayor agilidad del texto, pero aun así, no debemos olvidar que el hilo argumental de estas líneas es la Ciencia, que en sustancia y como todos sabemos, se encuentra en las antípodas de la extravagancia, el jolgorio, la algarabía o el alboroto, así que más no puedo hacer, amigos.
Continúo por tanto, con mi descripción del plan internacional para poner en marcha el citado reactor. Ayer me detuve, abruptamente, en el instante en que estaba a punto de exponer un ejemplo de las capacidades que podrían desarrollar las centrales de este tipo cuando la fase de estudio y de investigación haya concluido. Retomemos pues, pese a que alguien pueda acordarse de mis antepasados.
Normalmente, una vivienda tipo, tiene un contrato de consumo de 3.000 vatios de electricidad por hora, aunque también depende de las dimensiones de la casa y de las necesidades de la misma. Redondeando, como con el euro, todos entendemos que si gastáramos al máximo de esa capacidad, consumiríamos unos 72.000 vatios por día. Si hablamos de Madrid y de sus 1,6 millones de hogares gastando esa cuantía de electricidad y hacemos una sencilla multiplicación, nos encontraríamos ante un gasto de 115.200 megavatios/día. Como todos somos inteligentes y capaces, entenderemos esto como un ejemplo ilustrativo y no como una posibilidad tangible, pues las posibilidades de encontrarnos ante este escenario irracional, son nulas.
Pues bien, una central que fuera capaz de generar la energía que se pretende que produzca el ITER y al ritmo sostenido de un MV por segundo, rendiría un total de 86.400 MV’s por día. Es decir que esa hipotética factoría sería capaz de abastecer al 70% de los hogares madrileños, siempre y cuando Madrid consumiera las magnitudes que acabo de indicar. Insisto, es un ejemplo algo rudo al que le faltan detalles y del que cualquier estudiante de primero de cualquier carrera de ciencias, se mofaría hasta el escarnio.
Una vez devueltos a la realidad, decir que esos 86.400 MV's deberían bastar para cubrir las necesidades energéticas de toda la población del centro de España durante varios días. Ya sé que muchos habrán abandonado la lectura del comentario de hoy antes de llegar hasta aquí en favor de actividades notablemente más entretenidas que ésta o que en estos instantes estarán roncando con la frente apoyada sobre el teclado de su PC, pero a mí esto me sigue pareciendo fantástico. Y el consumo realizado por la central para llegar a esa magnitud de producción, sólo alcanzaría el 10% de esa cifra. Una pasada, que diría un castizo.
Siendo descriptivos, la fusión nuclear es la fuente de energía que hace brillar a las estrellas, amigos. En el Astro Rey, para que nos hagamos una idea, la presión, la densidad y la temperatura son tan elevadas –se llegan a superar los 100 millones de grados centígrados- que la materia se transforma en energía, mediante un proceso en el que el los átomos de hidrógeno se fusionan hasta producir helio. Y por eso brilla como brilla y da el calor que da, sobre todo en España. Recordemos la famosa fórmula que nos enseñaron de pequeños E=mc2. España=mucho calor al cuadrado. Ése es el tipo de energía que se quiere llegara a producir en nuestro planeta.
Esto sí que es bueno. Los que estaban ceporros perdidos sobre el teclado no podrán sino asombrarse antes este dato. Por lo visto, el combustible necesario son dos isótopos del hidrógeno, el deuterio y el tritio. Y acudo a otra explicación gráfica. Cien litros de agua de mar contendrían el suficiente deuterio para generar la misma energía que produciría la quema de 20 toneladas de carbón. Se acabaron las minas, las galerías, las explosiones de grisú, los cascos con linterna, los mineros enterrados y las canciones de Antonio Molina. El carbón, para los lápices de los dibujantes, de los niños y poco más. Mientras, el tritio podría obtenerse del litio, un mineral abundante en extremo en nuestro planeta.
Y ya termino. He intentado poner mi granito de arena para que la lectura de esta segunda parte fuera algo más sugestiva, aunque no estoy muy seguro de haberlo conseguido, pues como decía, la Ciencia es escasamente proclive al humor y al desenfado.
Lucio Decumio.
16 noviembre 2003
15 noviembre 2003
Proyecto ITER I
Oigo hablar de este proyecto desde hace aproximadamente un año. Resumiendo, pues ya de todos es conocida la deficiente preparación de mi intelecto para abordar asuntos de calado científico, el Proyecto ITER -camino, en latín- es un formidable desafío que la comunidad científica internacional y los estados más poderosos del planeta se han planteado resolver, con el objetivo de demostrar que tecnológicamente, es posible producir energía mediante la fusión nuclear.
El perfil geo-político del asunto está a punto de encarar su última fase, pues consiste en la elección por parte de los participantes en el proyecto, de la sede que lo acogerá. El próximo día 27 de Noviembre, la Unión Europea, uno de los socios de esta aventura, decidirá si Vandellós (España) o Cadarache (Francia) o en último término ambas, compiten con Rokkasho (Japón) para albergar esta formidable obra de ingeniería.
Si las informaciones que he recopilado son correctas, el coste de las tres fases del proyecto –construcción, operación y desmantelamiento- asciende a 10.300 millones de euros o lo que es lo mismo, 1,7 billones de las antiguas y añoradas pesetas.
Así que todos podemos hacernos una idea de lo apetecible que resulta hacerse con este caramelo, pues inversiones multimillonarias, prestigio internacional y miles de puestos de trabajo generados, serían los suculentos réditos para el país que fuera agraciado con esta lotería científica.
Caso de ser España la afortunada sede, tendríamos que hacernos cargo del 20% del coste de la construcción, que correspondería a la denominada “área no común” del ITER, es decir, instalaciones e infraestructuras de apoyo, mientras que el resto de los costes de la puesta en marcha del proyecto correrían a cargo de los demás socios –China, Japón, Rusia, EE.UU. y la UE-. A este respecto, poco cuesta imaginarse los continuos tira y afloja que deben estar manteniendo los socios en estos momentos, pues legítimamente, todos querrán llevarse la mejor tajada a partir de la menor inversión.
Por cuanto se refiere a los aspectos técnicos, debo hacer hincapié en que debido a mis escasas facultades para el discernimiento científico-técnico, este tipo de asuntos suelen despertar en mí poco o nulo interés, pues escapan a mi entendimiento intelectual más básico. Sin embargo el caso que abordo es realmente especial y espectacular, mereciendo por ello mi humilde atención. No dejo de asombrarme ante el reto que quieren llevar a cabo gobiernos y científicos de todo el mundo. De el éxito, la Ciencia, con mayúsculas, habrá alumbrado una nueva era energética, cuyas posibilidades últimas, sólo las mentes más preclaras son capaces de intuir.
En el nuevo diseño del reactor ITER –eso quiere decir que antes ha habido otros, lógicamente- ya no falta nada por concretar y según los científicos, aúna todas las condiciones para alcanzar sus propósitos: generar 500 Megavatios de energía durante períodos de 500 segundos.
Para los no iniciados en estas magnitudes, indicar que un megavatio o megawatio, corresponde exactamente a un millón de vatios. Vamos a jugar a predecir el futuro. Imaginemos que el proyecto ya se ha hecho realidad y una central eléctrica está en disposición de generar ininterrumpidamente un megavatio de energía por segundo y además, almacenarlo y distribuirlo. Para hacer más gráfica esta suposición, mañana continuaré desarrollando este tema, a través de la exposición de un ejemplo algo burdo, aunque creo que válido. ¿Que por qué hago esto? Porque me ha surgido un pequeño imprevisto y debo abandonar mis tareas científico-redaccionales.
Lucio Decumio.
El perfil geo-político del asunto está a punto de encarar su última fase, pues consiste en la elección por parte de los participantes en el proyecto, de la sede que lo acogerá. El próximo día 27 de Noviembre, la Unión Europea, uno de los socios de esta aventura, decidirá si Vandellós (España) o Cadarache (Francia) o en último término ambas, compiten con Rokkasho (Japón) para albergar esta formidable obra de ingeniería.
Si las informaciones que he recopilado son correctas, el coste de las tres fases del proyecto –construcción, operación y desmantelamiento- asciende a 10.300 millones de euros o lo que es lo mismo, 1,7 billones de las antiguas y añoradas pesetas.
Así que todos podemos hacernos una idea de lo apetecible que resulta hacerse con este caramelo, pues inversiones multimillonarias, prestigio internacional y miles de puestos de trabajo generados, serían los suculentos réditos para el país que fuera agraciado con esta lotería científica.
Caso de ser España la afortunada sede, tendríamos que hacernos cargo del 20% del coste de la construcción, que correspondería a la denominada “área no común” del ITER, es decir, instalaciones e infraestructuras de apoyo, mientras que el resto de los costes de la puesta en marcha del proyecto correrían a cargo de los demás socios –China, Japón, Rusia, EE.UU. y la UE-. A este respecto, poco cuesta imaginarse los continuos tira y afloja que deben estar manteniendo los socios en estos momentos, pues legítimamente, todos querrán llevarse la mejor tajada a partir de la menor inversión.
Por cuanto se refiere a los aspectos técnicos, debo hacer hincapié en que debido a mis escasas facultades para el discernimiento científico-técnico, este tipo de asuntos suelen despertar en mí poco o nulo interés, pues escapan a mi entendimiento intelectual más básico. Sin embargo el caso que abordo es realmente especial y espectacular, mereciendo por ello mi humilde atención. No dejo de asombrarme ante el reto que quieren llevar a cabo gobiernos y científicos de todo el mundo. De el éxito, la Ciencia, con mayúsculas, habrá alumbrado una nueva era energética, cuyas posibilidades últimas, sólo las mentes más preclaras son capaces de intuir.
En el nuevo diseño del reactor ITER –eso quiere decir que antes ha habido otros, lógicamente- ya no falta nada por concretar y según los científicos, aúna todas las condiciones para alcanzar sus propósitos: generar 500 Megavatios de energía durante períodos de 500 segundos.
Para los no iniciados en estas magnitudes, indicar que un megavatio o megawatio, corresponde exactamente a un millón de vatios. Vamos a jugar a predecir el futuro. Imaginemos que el proyecto ya se ha hecho realidad y una central eléctrica está en disposición de generar ininterrumpidamente un megavatio de energía por segundo y además, almacenarlo y distribuirlo. Para hacer más gráfica esta suposición, mañana continuaré desarrollando este tema, a través de la exposición de un ejemplo algo burdo, aunque creo que válido. ¿Que por qué hago esto? Porque me ha surgido un pequeño imprevisto y debo abandonar mis tareas científico-redaccionales.
Lucio Decumio.
13 noviembre 2003
Agradecimientos
Hoy he tenido un día realmente malaventurado en el trabajo. Fuegos por aquí, fuegos por allá, imposible concentrarse en una sola cuestión cuando otra media docena de tareas reclaman con insistencia toda tu atención. De locos. No he podido ni salir a comer. Sumo ya con el de hoy, tres días consecutivos en los que me veo en la obligación de sacrificar la hora del almuerzo en el ingrato altar del millar de cometidos que insisten en multiplicarse como las cabezas de la hidra. Y lo peor es que por delante me quedan varias semanas que, lejos de presentarse menos opresivas y avasallantes, amagan amenazantes en el horizonte con afilados y sedientos colmillos.
Por eso, sólo unos párrafos de agradecimiento en el día de hoy, justo antes de disfrutar con absoluto merecimiento, de nuevos y desconocidos universos oníricos. En primer lugar, a un argentino, nieto de españoles e italianos, sin cuya desinteresada ayuda profesional, prestada desde el otro extremo del planeta, la jornada de hoy habría sido un definitivo cúmulo de adversidades. Si tengo que descifrar en inglés todo lo que me ha explicado en español, acabo en un sanatorio mental. Mil gracias por tu paciencia y por tu auxilio Claudio.
Y en segunda instancia, a los treinta visitantes que hoy miércoles -ayer para quien esté leyendo esto el jueves 13- han tenido a bien dejarse caer por esta modesta pared blanca en la que casi a diario, pincelo trazos de mi realidad y de la realidad, de mis ficciones, de mis deseos, de mis ilusiones, de mis sueños y por qué no, también de mis desalientos y desánimos, que, ocasionalmente, haylos. Nunca el contador de visitas se había disparado como lo ha hecho hoy. El regocijo y la satisfacción que se experimentan cuando se comprueba cómo aumenta el número de personas interesadas en leer las cosas que se me pasan por la cabeza y transitan hasta las yemas de mis dedos para acabar aporreadas en un teclado, es difícilmente descriptible. Habéis sido treinta mercedes.
Lucio Decumio.
Por eso, sólo unos párrafos de agradecimiento en el día de hoy, justo antes de disfrutar con absoluto merecimiento, de nuevos y desconocidos universos oníricos. En primer lugar, a un argentino, nieto de españoles e italianos, sin cuya desinteresada ayuda profesional, prestada desde el otro extremo del planeta, la jornada de hoy habría sido un definitivo cúmulo de adversidades. Si tengo que descifrar en inglés todo lo que me ha explicado en español, acabo en un sanatorio mental. Mil gracias por tu paciencia y por tu auxilio Claudio.
Y en segunda instancia, a los treinta visitantes que hoy miércoles -ayer para quien esté leyendo esto el jueves 13- han tenido a bien dejarse caer por esta modesta pared blanca en la que casi a diario, pincelo trazos de mi realidad y de la realidad, de mis ficciones, de mis deseos, de mis ilusiones, de mis sueños y por qué no, también de mis desalientos y desánimos, que, ocasionalmente, haylos. Nunca el contador de visitas se había disparado como lo ha hecho hoy. El regocijo y la satisfacción que se experimentan cuando se comprueba cómo aumenta el número de personas interesadas en leer las cosas que se me pasan por la cabeza y transitan hasta las yemas de mis dedos para acabar aporreadas en un teclado, es difícilmente descriptible. Habéis sido treinta mercedes.
Lucio Decumio.
12 noviembre 2003
El sortilegio de NT
Escribo estas líneas sin saber aún qué es lo que va a terminar sucediendo respecto a los hechos más lamentables que he tenido que vivir en mi empresa desde que trabajo en ella. Me explicaré. El 31 de Octubre, la multinacional de informática y comunicaciones para la que trabajo cerró su año fiscal. Era viernes, todos nos marchamos a casa felices y expectantes ante los albores del fin de semana y el más que seguro disfrute de las merecidas jornadas de asueto.
En mi caso particular, el timbrazo de salida a las 15.00h de aquel viernes estuvo cargado de una especial complacencia, pues el lunes 3 y el martes 4 de Noviembre, tampoco acudiría a la oficina, en virtud de unos días adicionales de vacaciones que me había empeñado en aprovechar en esas fechas. Cuatro jornadas que transcurrieron plácidas y poco azarosas, disfrutando de excelsos puros, buenos amigos y nostálgicos recuerdos.
A mi regreso, el miércoles 5, me di de bruces con el caos y el desgobierno. Alguien, desde algún punto del planeta, había decidido que mi cuenta de NT, junto con la de otros compañeros, estaba demasiado obsoleta, así que sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, las desconectó de todos los servidores. La teoría que se baraja es la de que, en virtud de una presunta expiración del contrato que tenemos mis compañeros y yo, las personas que desactivaron las cuentas entendieron que a partir del 31 de Octubre, ya no seguiríamos trabajando en la empresa matriz.
Ello ha significado que durante toda la semana pasada, entre el día 3 y el día 7 de Noviembre, hayamos tenido que estar mano sobre mano a la espera de que alguien nos reactivara de nuevo las cuentas, pudiéramos recuperar la información en ellas contenida y volver a desempeñar nuestras tareas.
El pasado viernes 7 de Noviembre, casi todos mis compañeros estaban en disposición de volver sobre sus pasos y retomar sus labores de venta, pero servidor no. Y servidor no, porque el 99,9% de todos los correos que tenía en su cuenta de Outlook, colgaban de una carpeta situada en el disco C, pero con acceso desde Outlook. Si alguno de mis lectores es un conocedor avanzado de los secretos informáticos, sabrá inmediatamente de lo que estoy hablando.
Para los que son aún más profanos que yo, una aclaración adicional. Una cuenta de NT con su correspondiente buzón de Outlook dispone de un almacenamiento limitado, sólo ampliable por el Administrador del sistema. Con el fin de evitar el engorro de solicitar dicha ampliación y tener que esperar semanas hasta su concesión, hace dos años y medio que mi por entonces jefe me ayudó a crear la citada carpeta que cuelga del disco C, el disco duro del PC, para entendernos. Ello me permite recuperar los correos desde la aplicación de Outlook mientras que los mismos están almacenados en el disco duro, con las ventajas que ello conlleva, pues no tengo que eliminar ninguno para mantener activo y accesible mi buzón de correo.
En fin, que según todos los indicios, la carpeta que me ayudó a crear mi jefe sólo sería recuperable si me volvieran a activar mi antigua cuenta de NT. No parece demasiado difícil y la verdad es que no lo es, así que el viernes tenía mi antigua y mi nueva cuenta activas. Hala, ahora dos por falta de una.
Pero es en este punto donde el suelo desaparece bajo mis pies. Los técnicos de IT de la empresa me hacen saber de su incapacidad para recuperar los entre 5.000 y 7.000 mensajes de correo electrónico almacenados en la carpeta antes citada, puesto que ésta no se había independizado del todo de la cuenta de NT y seguía relacionada con ella de algún modo. En definitiva, aspectos técnicos al margen, en los que no entraré por cansancio y desconocimiento, esa montaña de mensajes, con centenares de archivos críticos para la realización y el buen desempeño de mis quehaceres, pueden haberse echado a perder definitivamente, pues todo parece indicar que por razones de seguridad, las aplicaciones de correo de Microsoft no permiten tal medida. Para que mis lectores se hagan una idea un poco más aproximada de la hecatombe, la suma total de archivos e información que los ingenieros son incapaces de recuperar, asciende a 0,91 GB de datos.
Por lo que he podido extraer e intuir de las declaraciones de los técnicos que han tratado de llegar hasta las profundidades abisales de mi PC, las cosas están realmente complicadas, por no decir perdidas. La única alternativa es la descarga desde Internet de aplicaciones de recuperación de datos ajenas a Microsoft, que para más inri, suelen presentar las típicas incompatibilidades con los programas del gigante informático.
Así que estoy vendido. Al menos de momento. Yo he dicho, medio en broma, pero muy serio –casi con lágrimas en los ojos- que o se recupera todo ese volumen de información o ya me pueden presentar el finiquito, que me marcho.
Veremos en qué acaba todo esto. Cuando lo sepa, haré una pequeña reseña para tranquilizar a aquellos que sin duda perderán horas de sueño lamentando mi infortunio.
Siento haber sorprendido a mi fiel audiencia con estos párrafos tan apesadumbrados como faltos de explicaciones técnicas que faciliten la comprensión de lo sucedido. Sólo sé que nada puede aliviar mi pesadumbre y desazón, que transito por la oficina cual ánima afligida por diabólicos y perpetuos tormentos. Al menos, mi penar se atenúa con la ruin y mezquina satisfacción de ver como los todopoderosos y descollantes ingenieros informáticos de mi empresa, zozobran sin remedio ante la tempestad que se ha desencadenado.
Lucio Decumio.
En mi caso particular, el timbrazo de salida a las 15.00h de aquel viernes estuvo cargado de una especial complacencia, pues el lunes 3 y el martes 4 de Noviembre, tampoco acudiría a la oficina, en virtud de unos días adicionales de vacaciones que me había empeñado en aprovechar en esas fechas. Cuatro jornadas que transcurrieron plácidas y poco azarosas, disfrutando de excelsos puros, buenos amigos y nostálgicos recuerdos.
A mi regreso, el miércoles 5, me di de bruces con el caos y el desgobierno. Alguien, desde algún punto del planeta, había decidido que mi cuenta de NT, junto con la de otros compañeros, estaba demasiado obsoleta, así que sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, las desconectó de todos los servidores. La teoría que se baraja es la de que, en virtud de una presunta expiración del contrato que tenemos mis compañeros y yo, las personas que desactivaron las cuentas entendieron que a partir del 31 de Octubre, ya no seguiríamos trabajando en la empresa matriz.
Ello ha significado que durante toda la semana pasada, entre el día 3 y el día 7 de Noviembre, hayamos tenido que estar mano sobre mano a la espera de que alguien nos reactivara de nuevo las cuentas, pudiéramos recuperar la información en ellas contenida y volver a desempeñar nuestras tareas.
El pasado viernes 7 de Noviembre, casi todos mis compañeros estaban en disposición de volver sobre sus pasos y retomar sus labores de venta, pero servidor no. Y servidor no, porque el 99,9% de todos los correos que tenía en su cuenta de Outlook, colgaban de una carpeta situada en el disco C, pero con acceso desde Outlook. Si alguno de mis lectores es un conocedor avanzado de los secretos informáticos, sabrá inmediatamente de lo que estoy hablando.
Para los que son aún más profanos que yo, una aclaración adicional. Una cuenta de NT con su correspondiente buzón de Outlook dispone de un almacenamiento limitado, sólo ampliable por el Administrador del sistema. Con el fin de evitar el engorro de solicitar dicha ampliación y tener que esperar semanas hasta su concesión, hace dos años y medio que mi por entonces jefe me ayudó a crear la citada carpeta que cuelga del disco C, el disco duro del PC, para entendernos. Ello me permite recuperar los correos desde la aplicación de Outlook mientras que los mismos están almacenados en el disco duro, con las ventajas que ello conlleva, pues no tengo que eliminar ninguno para mantener activo y accesible mi buzón de correo.
En fin, que según todos los indicios, la carpeta que me ayudó a crear mi jefe sólo sería recuperable si me volvieran a activar mi antigua cuenta de NT. No parece demasiado difícil y la verdad es que no lo es, así que el viernes tenía mi antigua y mi nueva cuenta activas. Hala, ahora dos por falta de una.
Pero es en este punto donde el suelo desaparece bajo mis pies. Los técnicos de IT de la empresa me hacen saber de su incapacidad para recuperar los entre 5.000 y 7.000 mensajes de correo electrónico almacenados en la carpeta antes citada, puesto que ésta no se había independizado del todo de la cuenta de NT y seguía relacionada con ella de algún modo. En definitiva, aspectos técnicos al margen, en los que no entraré por cansancio y desconocimiento, esa montaña de mensajes, con centenares de archivos críticos para la realización y el buen desempeño de mis quehaceres, pueden haberse echado a perder definitivamente, pues todo parece indicar que por razones de seguridad, las aplicaciones de correo de Microsoft no permiten tal medida. Para que mis lectores se hagan una idea un poco más aproximada de la hecatombe, la suma total de archivos e información que los ingenieros son incapaces de recuperar, asciende a 0,91 GB de datos.
Por lo que he podido extraer e intuir de las declaraciones de los técnicos que han tratado de llegar hasta las profundidades abisales de mi PC, las cosas están realmente complicadas, por no decir perdidas. La única alternativa es la descarga desde Internet de aplicaciones de recuperación de datos ajenas a Microsoft, que para más inri, suelen presentar las típicas incompatibilidades con los programas del gigante informático.
Así que estoy vendido. Al menos de momento. Yo he dicho, medio en broma, pero muy serio –casi con lágrimas en los ojos- que o se recupera todo ese volumen de información o ya me pueden presentar el finiquito, que me marcho.
Veremos en qué acaba todo esto. Cuando lo sepa, haré una pequeña reseña para tranquilizar a aquellos que sin duda perderán horas de sueño lamentando mi infortunio.
Siento haber sorprendido a mi fiel audiencia con estos párrafos tan apesadumbrados como faltos de explicaciones técnicas que faciliten la comprensión de lo sucedido. Sólo sé que nada puede aliviar mi pesadumbre y desazón, que transito por la oficina cual ánima afligida por diabólicos y perpetuos tormentos. Al menos, mi penar se atenúa con la ruin y mezquina satisfacción de ver como los todopoderosos y descollantes ingenieros informáticos de mi empresa, zozobran sin remedio ante la tempestad que se ha desencadenado.
Lucio Decumio.
11 noviembre 2003
Citas y refranes
He descubierto algunas páginas en Internet que ofrecen a sus lectores miríadas de citas de famosos autores. Me gustan este tipo de sentencias, pues suelen aglutinar en muy pocas palabras, un contenido y un mensaje realmente significativo. Muchas veces me he preguntado de dónde procede el haz que alumbró las mentes y activó las ideas de determinados personajes históricos, celebridades de las letras, las artes, las ciencias o la guerra, para que fueran capaces de condensar en tan poco espacio, tanta sabiduría, salpicada muchas veces, por no pocas gotas de ironía y ácido sentido del humor.
Quizás el secreto de tanto y tan buen resumen juicioso, estribe en el hecho de que estas personas dedicaban mucho más tiempo al noble arte de discurrir y reflexionar cabalmente sobre la realidad que les circundaba, del que dedicamos nosotros en la actualidad. Y no es difícil, en vista del empacho de programas de televisión que más invitan a la emesis que a otra cosa. Esta última frase me trae a la cabeza el compromiso adquirido conmigo mismo hace tiempo y con una querida, entrañable y respetable dama, madre y abuela de una numerosa familia, de hablar en profundidad de la preocupante decadencia que experimentan en nuestros días los valores y la tradición, en favor de conceptos y realidades más supérfluas y materialistas, encarnados en una corrección política cada vez más asfixiante e integrista. Abordaré próximamente tan desafiante asunto.
A lo que había venido. Recopilo a continuación seis citas pronunciadas por hombres doctos y bolonios, con el fin de que podamos desintoxicarnos, aunque sea sólo durante unos minutos, de la huera inmundicia y la vana frivolidad que nos rodea.
-"No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria". Dante Alighieri. Célebre poeta italiano nacido en Florencia en 1265 y fallecido en Rávena, en 1321. ¿A quién no le suena "La Divina Comedia"? Supongo que vivo en pecado mortal por no haberla leído aún.
-"Aunque sea justificada, la felicidad es un privilegio". Edmund Thiandière. Escritor francés. 1837-1930. Sinceramente, debo reconocer que no me suena de nada este buen hombre. Sospecho que no hubo de despuntar demasiado, aunque mira que tuvo tiempo para hacerlo.
-"La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe". Ramón de Campoamor. Nacido en Navia, Asturias en 1817 y fallecido en Madrid, en 1901. Destacado poeta y político español del siglo XIX. "La rueda del amor" y "El Busto de nieve" son algunas de sus obras más notables.
-"Los sabios están satisfechos cuando descubren la verdad, los necios cuando descubren la falsedad". Gabriol. Solomon ben Judah ibn Gabirol, nació en 1021 y murió en 1058. Poeta y filósofo del siglo XI, fue lo que hoy llamaríamos un sefarad, un judío español. Entre las citas que hoy reflejo, la suya es, desde mi óptica, la mejor.
-"Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente, para escuchar más y hablar menos". Zenón de Citión. Isla de Creta 335 ad J.C. - Atenas, 264 ad J.C. Filósofo griego. Uno de los fundadores de la escuela estoica o al menos eso tengo entendido. Hay páginas en Internet dedicadas exclusivamente a sus citas. Debió ser un filón de sabiduría, el hombre.
-"Visto lo visto y leído lo leído, cuánto me queda por ver y por leer". Lucio Decumio. Madrid, 1970 - Estación Espacial Terrícola "Cosmópolis", en la órbita de Titán, Saturno, 2153. Destacado erudito español que revolucionó la primitiva Internet con afilados análisis de la actualidad de su país y del mundo a finales del siglo XX y principios del XXI.
Lucio Decumio.
Quizás el secreto de tanto y tan buen resumen juicioso, estribe en el hecho de que estas personas dedicaban mucho más tiempo al noble arte de discurrir y reflexionar cabalmente sobre la realidad que les circundaba, del que dedicamos nosotros en la actualidad. Y no es difícil, en vista del empacho de programas de televisión que más invitan a la emesis que a otra cosa. Esta última frase me trae a la cabeza el compromiso adquirido conmigo mismo hace tiempo y con una querida, entrañable y respetable dama, madre y abuela de una numerosa familia, de hablar en profundidad de la preocupante decadencia que experimentan en nuestros días los valores y la tradición, en favor de conceptos y realidades más supérfluas y materialistas, encarnados en una corrección política cada vez más asfixiante e integrista. Abordaré próximamente tan desafiante asunto.
A lo que había venido. Recopilo a continuación seis citas pronunciadas por hombres doctos y bolonios, con el fin de que podamos desintoxicarnos, aunque sea sólo durante unos minutos, de la huera inmundicia y la vana frivolidad que nos rodea.
-"No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria". Dante Alighieri. Célebre poeta italiano nacido en Florencia en 1265 y fallecido en Rávena, en 1321. ¿A quién no le suena "La Divina Comedia"? Supongo que vivo en pecado mortal por no haberla leído aún.
-"Aunque sea justificada, la felicidad es un privilegio". Edmund Thiandière. Escritor francés. 1837-1930. Sinceramente, debo reconocer que no me suena de nada este buen hombre. Sospecho que no hubo de despuntar demasiado, aunque mira que tuvo tiempo para hacerlo.
-"La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe". Ramón de Campoamor. Nacido en Navia, Asturias en 1817 y fallecido en Madrid, en 1901. Destacado poeta y político español del siglo XIX. "La rueda del amor" y "El Busto de nieve" son algunas de sus obras más notables.
-"Los sabios están satisfechos cuando descubren la verdad, los necios cuando descubren la falsedad". Gabriol. Solomon ben Judah ibn Gabirol, nació en 1021 y murió en 1058. Poeta y filósofo del siglo XI, fue lo que hoy llamaríamos un sefarad, un judío español. Entre las citas que hoy reflejo, la suya es, desde mi óptica, la mejor.
-"Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente, para escuchar más y hablar menos". Zenón de Citión. Isla de Creta 335 ad J.C. - Atenas, 264 ad J.C. Filósofo griego. Uno de los fundadores de la escuela estoica o al menos eso tengo entendido. Hay páginas en Internet dedicadas exclusivamente a sus citas. Debió ser un filón de sabiduría, el hombre.
-"Visto lo visto y leído lo leído, cuánto me queda por ver y por leer". Lucio Decumio. Madrid, 1970 - Estación Espacial Terrícola "Cosmópolis", en la órbita de Titán, Saturno, 2153. Destacado erudito español que revolucionó la primitiva Internet con afilados análisis de la actualidad de su país y del mundo a finales del siglo XX y principios del XXI.
Lucio Decumio.
09 noviembre 2003
La maldición de Carlos Sáinz
La prensa insiste en escribir el apellido de este ínclito deportista sin la correspondiente tilde sobre la "a". Es, a mi juicio, un grave error ortográfico. Hay un diptongo que deshacer y el único modo de hacerlo es mediante la correspondiente acentuación ortográfica. Además, el citado apellido es, lo queramos o no, una palabra llana, que al no finalizar en "n" o "s" ha de ir convenientemente tocada en la sílaba y letra que le corresponde. Al hilo de esta indicación avanzada sobre ortografía heráldica, señalar que otros dos apellidos similares, Sáez y Sanz, se escriben del modo en que acabo de hacerlo, para que no quepa ninguna duda.
Me apetecía iniciar esta intervención con una de las muchas y puntillosas puntualizaciones que suelo hacer ante cualquier error de índole ortográfica que se aparece ante mis ojos. Debo reconocer que soy un integrista de la corrección estética y formal de los textos escritos y que no me veo capaz de pasar una sola falta a nadie que la cometa. Llego a ser pedante y molesto en ese aspecto, pero las atribuciones de estricto guardián de los buenos usos del lenguaje escrito que yo mismo me he dispensado, me impiden obrar de otro modo.
Como el argumento del "post" de hoy va a ser corto, aunque conciso y directo, me he descolgado con estos párrafos de apertura que han desentumecido mis falanges y que me van a ayudar a meterme en harina, aunque bien podrían invitar a quien no me conociera, a pensar que soy una suerte de repelente y grimoso gafotas sabelotodo que por el mero hecho de llamar la atención, se pasa la vida enmendando la plana a la gente que vive a su alrededor. Pues bien, efectivamente, soy así.
Voy con el piloto madrileño de rallyes o rallies. Carlos Sáinz empezó a despuntar en el mundo del automovilismo a la tardía edad de 26 ó 27 años. Se pasó los primeros años de su tercera década de vida tratando de abrirse paso entre el complejo y difícil mundo de los rallyes, hasta que en 1989, creo recordar, obtuvo premio a sus esfuerzos en forma de algunos "podiums" en compañía del que luego sería su inseparable copiloto hasta 2003, Luis Moya. Su gran evolución como piloto y su enorme destreza al volante, llevaron a este españolito, entonces de 28 años, a alzarse con la victoria en su primer Campeonato Mundial de Rallyes en 1990. Pilotaba un Toyota Celica, vehículo que desde entonces se convirtió en auténtico fetiche automovilístico de quien esto escribe.
Desde aquel instante, se convirtió por derecho propio en uno de los máximos favoritos al titulo que cada año se disputa al mejor de las 16 carreras que tienen lugar en los cuatro confines del globo terráqueo. Repitió éxito en 1992, también a los mandos de un Toyota Celica, supongo que mejorado y perfeccionado respecto a la máquina con la que se entronó dos años antes.
Pero desde entonces, desde el año olímpico por excelencia, Carlos Sáinz, pese a que ha mantenido su extraordinario nivel y habilidad al volante de automóviles de otras escuderías que han contado con sus servicios durante las últimas 11 temporadas como Subaru, Lancia o Ford, ha visto como la gloria se le escapaba entre los dedos en no menos de 5 ó 6 ocasiones, alguna de ellas cargada de un trágico e injusto dramatismo. Quien más quien menos, sabe de lo que estoy hablando y recuerda frases célebres de Carlos o de su compañero Luis en los momentos más tensos de la última prueba del Mundial, el nefasto Rally del RAC de Gran Bretaña, lugar donde sus ilusiones y sus expectativas de triunfo se han desplomado repetidamente, año tras año, en el último decenio.
Tan infaustos y concatenados acontecimientos que ha tenido que soportar el piloto madrileño en este certamen británico no pueden obedecer exclusivamente a la mala suerte y al infortunio. Mi madre, que no es ni mucho menos sospechosa de ser persona crédula en asuntos relacionados con la adivinación, la brujería, la magia, los males de ojo y demás zarandajas, mantiene una teoría al respecto de esta sucesión de aciagos eventos que han jalonado la carrera de Sáinz, que podría parecer descabellada, aunque no mucho más que el propio e irracional cúmulo de desdichas de las que hace acopio el piloto español.
Creo que fue allá por 1994 cuando el padre de Carlos Sáinz se vio envuelto en un oscuro episodio callejero, cuyo resultado fue la muerte de un inmigrante subsahariano producida por un disparo realizado por Sáinz padre. Mi memoria me traiciona y también la hemeroteca virtual del diario El Mundo, que me invita a suscribirme y a pagar unos cuantos euros para poder acceder a esta y otras informaciones. Sin embargo, creo recordar que el padre del piloto iba paseando por Madrid con su esposa cuando el citado inmigrante intentó atracarles. En la huida de éste, el padre del Carlos realizó un disparo al aire que por lo visto, rebotó en alguna parte hasta dar en los huesos del infortunado africano. El hombre murió, al padre de Carlos se le enjuició y creo que salió absuelto, aunque el fiscal llegó a pedir prisión por imprudencia temeraria con resultado de muerte.
La versión oficial parece algo rocambolesca y tampoco voy a entrar en diseccionarla, casi diez años después de acaecido el suceso. Y voy a lo que iba. Mi madre dice que ése es el punto de inflexión, que desde aquel luctuoso y brumoso hecho, la mala suerte, en forma de alguna maldición o ritual de magia negra consumado en algún apartado lugar del África Negra, ha hecho presa de la carrera deportiva de Carlos Sáinz y que por mucho que lo intente, jamás llegará a alcanzar de nuevo la gloria.
Sobre que ésta sea la verdadera razón de la adversidad que ha perseguido a Sáinz desde hace diez años, no hay pruebas, ni las habrá, pero así como nadie cree en las meigas, me veo en la obligación de recordar que "haberlas, haylas".
Lucio Decumio.
Me apetecía iniciar esta intervención con una de las muchas y puntillosas puntualizaciones que suelo hacer ante cualquier error de índole ortográfica que se aparece ante mis ojos. Debo reconocer que soy un integrista de la corrección estética y formal de los textos escritos y que no me veo capaz de pasar una sola falta a nadie que la cometa. Llego a ser pedante y molesto en ese aspecto, pero las atribuciones de estricto guardián de los buenos usos del lenguaje escrito que yo mismo me he dispensado, me impiden obrar de otro modo.
Como el argumento del "post" de hoy va a ser corto, aunque conciso y directo, me he descolgado con estos párrafos de apertura que han desentumecido mis falanges y que me van a ayudar a meterme en harina, aunque bien podrían invitar a quien no me conociera, a pensar que soy una suerte de repelente y grimoso gafotas sabelotodo que por el mero hecho de llamar la atención, se pasa la vida enmendando la plana a la gente que vive a su alrededor. Pues bien, efectivamente, soy así.
Voy con el piloto madrileño de rallyes o rallies. Carlos Sáinz empezó a despuntar en el mundo del automovilismo a la tardía edad de 26 ó 27 años. Se pasó los primeros años de su tercera década de vida tratando de abrirse paso entre el complejo y difícil mundo de los rallyes, hasta que en 1989, creo recordar, obtuvo premio a sus esfuerzos en forma de algunos "podiums" en compañía del que luego sería su inseparable copiloto hasta 2003, Luis Moya. Su gran evolución como piloto y su enorme destreza al volante, llevaron a este españolito, entonces de 28 años, a alzarse con la victoria en su primer Campeonato Mundial de Rallyes en 1990. Pilotaba un Toyota Celica, vehículo que desde entonces se convirtió en auténtico fetiche automovilístico de quien esto escribe.
Desde aquel instante, se convirtió por derecho propio en uno de los máximos favoritos al titulo que cada año se disputa al mejor de las 16 carreras que tienen lugar en los cuatro confines del globo terráqueo. Repitió éxito en 1992, también a los mandos de un Toyota Celica, supongo que mejorado y perfeccionado respecto a la máquina con la que se entronó dos años antes.
Pero desde entonces, desde el año olímpico por excelencia, Carlos Sáinz, pese a que ha mantenido su extraordinario nivel y habilidad al volante de automóviles de otras escuderías que han contado con sus servicios durante las últimas 11 temporadas como Subaru, Lancia o Ford, ha visto como la gloria se le escapaba entre los dedos en no menos de 5 ó 6 ocasiones, alguna de ellas cargada de un trágico e injusto dramatismo. Quien más quien menos, sabe de lo que estoy hablando y recuerda frases célebres de Carlos o de su compañero Luis en los momentos más tensos de la última prueba del Mundial, el nefasto Rally del RAC de Gran Bretaña, lugar donde sus ilusiones y sus expectativas de triunfo se han desplomado repetidamente, año tras año, en el último decenio.
Tan infaustos y concatenados acontecimientos que ha tenido que soportar el piloto madrileño en este certamen británico no pueden obedecer exclusivamente a la mala suerte y al infortunio. Mi madre, que no es ni mucho menos sospechosa de ser persona crédula en asuntos relacionados con la adivinación, la brujería, la magia, los males de ojo y demás zarandajas, mantiene una teoría al respecto de esta sucesión de aciagos eventos que han jalonado la carrera de Sáinz, que podría parecer descabellada, aunque no mucho más que el propio e irracional cúmulo de desdichas de las que hace acopio el piloto español.
Creo que fue allá por 1994 cuando el padre de Carlos Sáinz se vio envuelto en un oscuro episodio callejero, cuyo resultado fue la muerte de un inmigrante subsahariano producida por un disparo realizado por Sáinz padre. Mi memoria me traiciona y también la hemeroteca virtual del diario El Mundo, que me invita a suscribirme y a pagar unos cuantos euros para poder acceder a esta y otras informaciones. Sin embargo, creo recordar que el padre del piloto iba paseando por Madrid con su esposa cuando el citado inmigrante intentó atracarles. En la huida de éste, el padre del Carlos realizó un disparo al aire que por lo visto, rebotó en alguna parte hasta dar en los huesos del infortunado africano. El hombre murió, al padre de Carlos se le enjuició y creo que salió absuelto, aunque el fiscal llegó a pedir prisión por imprudencia temeraria con resultado de muerte.
La versión oficial parece algo rocambolesca y tampoco voy a entrar en diseccionarla, casi diez años después de acaecido el suceso. Y voy a lo que iba. Mi madre dice que ése es el punto de inflexión, que desde aquel luctuoso y brumoso hecho, la mala suerte, en forma de alguna maldición o ritual de magia negra consumado en algún apartado lugar del África Negra, ha hecho presa de la carrera deportiva de Carlos Sáinz y que por mucho que lo intente, jamás llegará a alcanzar de nuevo la gloria.
Sobre que ésta sea la verdadera razón de la adversidad que ha perseguido a Sáinz desde hace diez años, no hay pruebas, ni las habrá, pero así como nadie cree en las meigas, me veo en la obligación de recordar que "haberlas, haylas".
Lucio Decumio.
08 noviembre 2003
Boda de España III
Dirijo mis pasos de nuevo hacia la noticia del futuro enlace del Príncipe de Asturias y Letizia Ortiz, con el fin de matizar algunas cuestiones y afirmaciones realizadas en los dos comentarios que sobre tan insigne acontecimiento redacté hace unos días. Desde que di por concluida mi última intervención acerca del compromiso real, mis oídos y mis ojos han sido testigos de determinados hechos y aclaraciones que han transmutado mi inicial alborozo por el anuncio, en un apreciable recelo hacia la unión, especialmente determinado por algunos comportamientos y manifestaciones de la futura Princesa de Asturias.
Vaya por delante que no dejo de incidir en el hecho de que considero al Príncipe como una persona prevenida, inteligente y preparada como pocas, que ha meditado profundamente una decisión y una elección en la que forzosamente se han tenido que aunar necesidades institucionales y de Estado por un lado, y apetencias personales y sentimentales por otro. Sin embargo, me han llegado noticias de que no todo es algarabía y jolgorio en la Casa Real. Mientras que la Reina Sofía parece estar absolutamente de acuerdo con el enlace, pues el Príncipe es su ojito derecho y casi todo lo que haga o diga el Heredero de la Corona, tiene la aquiescencia y el apoyo de su madre, Su Majestad el Rey Don Juan Carlos parece no estar tan convencido de la idoneidad del proyecto matrimonial emprendido por su hijo.
¿Razones? Al parecer, Letizia tiene demasiado "pasado". Padres divorciados, una hermana divorciada, ella misma separada tras un matrimonio civil. Cuestiones éstas que podrían terminar desembarcando dentro del ámbito de los espacios y las publicaciones en que las verduleras de turno desnudan obscenamente la intimidad de famosos y menos famosos, con el grave peligro que ello conlleva.
Ya expresé mi preocupación hace algunos días en el sentido de que estos programas podrían convertirse con el paso del tiempo, en peligrosos arietes contra la estabilidad de la Institución Monárquica. Y veo ahora que mis palabras adquieren un nuevo significado dentro de ese contexto, pues muchos de estos aspectos relacionados con el pasado de Letizia se escapaban a mi conocimiento durante la redacción de los dos primeros "posts". Y no sólo eso. Según mis fuentes, Letizia no ha hecho la Primera Comunión y por extensión, tampoco la Confirmación. Hasta el menos avisado sabe que ambos sacramentos son fundamentales si de lo que se trata es de contraer matrimonio a través de la Iglesia Católica. En último término, ella misma se ha declarado agnóstica.
Así que no es de extrañar el malestar del Rey si al pasado de Letizia le sumamos la grave falta de apego y compromiso de la futura Princesa hacia la Iglesia Católica, institución que mantiene estrechos lazos con la Monarquía desde la noche de los tiempos y que caminan de la mano en multitud de actos y ofrendas a santos, santas, patronos y patronas.
Al margen de estos datos, recabados de fuentes de toda solvencia, varios episodios de la pedida de mano protagonizados por Letizia Ortiz, no terminaron de ser de mi agrado. En primer lugar, su vestido blanco de chaqueta y pantalón es lo más alejado que existe de las exigencias del protocolo en actos de esta índole. El blanco, ha de estar reservado exclusivamente para el día de la boda y eso debería haberlo sabido o por lo menos, preguntado. Y en cuanto a su llamada de atención al Príncipe para que le dejara terminar de hablar en un momento dado, sobran las palabras.
Estos dos detalles me llevan a pensar que esta chica habrá de prepararse muy en profundidad en los próximos meses de cara a la trascendental labor que tendrá que llevar a cabo como Princesa y Reina. Asimismo, deberá aprender a limar determinadas vertientes de su personalidad que encajan muy mal en la tradición y en los usos de la Monarquía. De lo contrario, estas pequeñas gotas de engreimiento, altivez y soberbia que inconscientemente ha destilado, podrían volverse en su contra y lo que es peor, en contra del Príncipe y de la institución a la que representa.
Lucio Decumio.
Vaya por delante que no dejo de incidir en el hecho de que considero al Príncipe como una persona prevenida, inteligente y preparada como pocas, que ha meditado profundamente una decisión y una elección en la que forzosamente se han tenido que aunar necesidades institucionales y de Estado por un lado, y apetencias personales y sentimentales por otro. Sin embargo, me han llegado noticias de que no todo es algarabía y jolgorio en la Casa Real. Mientras que la Reina Sofía parece estar absolutamente de acuerdo con el enlace, pues el Príncipe es su ojito derecho y casi todo lo que haga o diga el Heredero de la Corona, tiene la aquiescencia y el apoyo de su madre, Su Majestad el Rey Don Juan Carlos parece no estar tan convencido de la idoneidad del proyecto matrimonial emprendido por su hijo.
¿Razones? Al parecer, Letizia tiene demasiado "pasado". Padres divorciados, una hermana divorciada, ella misma separada tras un matrimonio civil. Cuestiones éstas que podrían terminar desembarcando dentro del ámbito de los espacios y las publicaciones en que las verduleras de turno desnudan obscenamente la intimidad de famosos y menos famosos, con el grave peligro que ello conlleva.
Ya expresé mi preocupación hace algunos días en el sentido de que estos programas podrían convertirse con el paso del tiempo, en peligrosos arietes contra la estabilidad de la Institución Monárquica. Y veo ahora que mis palabras adquieren un nuevo significado dentro de ese contexto, pues muchos de estos aspectos relacionados con el pasado de Letizia se escapaban a mi conocimiento durante la redacción de los dos primeros "posts". Y no sólo eso. Según mis fuentes, Letizia no ha hecho la Primera Comunión y por extensión, tampoco la Confirmación. Hasta el menos avisado sabe que ambos sacramentos son fundamentales si de lo que se trata es de contraer matrimonio a través de la Iglesia Católica. En último término, ella misma se ha declarado agnóstica.
Así que no es de extrañar el malestar del Rey si al pasado de Letizia le sumamos la grave falta de apego y compromiso de la futura Princesa hacia la Iglesia Católica, institución que mantiene estrechos lazos con la Monarquía desde la noche de los tiempos y que caminan de la mano en multitud de actos y ofrendas a santos, santas, patronos y patronas.
Al margen de estos datos, recabados de fuentes de toda solvencia, varios episodios de la pedida de mano protagonizados por Letizia Ortiz, no terminaron de ser de mi agrado. En primer lugar, su vestido blanco de chaqueta y pantalón es lo más alejado que existe de las exigencias del protocolo en actos de esta índole. El blanco, ha de estar reservado exclusivamente para el día de la boda y eso debería haberlo sabido o por lo menos, preguntado. Y en cuanto a su llamada de atención al Príncipe para que le dejara terminar de hablar en un momento dado, sobran las palabras.
Estos dos detalles me llevan a pensar que esta chica habrá de prepararse muy en profundidad en los próximos meses de cara a la trascendental labor que tendrá que llevar a cabo como Princesa y Reina. Asimismo, deberá aprender a limar determinadas vertientes de su personalidad que encajan muy mal en la tradición y en los usos de la Monarquía. De lo contrario, estas pequeñas gotas de engreimiento, altivez y soberbia que inconscientemente ha destilado, podrían volverse en su contra y lo que es peor, en contra del Príncipe y de la institución a la que representa.
Lucio Decumio.
06 noviembre 2003
El Voyager y las cinco del viernes
El título de hoy me ha quedado realmente poco seductor, así que si alguien desea salir corriendo y no continuar leyendo lo que tengo previsto volcar en este "post", lo entenderé perfectamente. Además, lo haga o no lo haga -lo de salir corriendo, me refiero- yo tampoco me voy a enterar. El contador sólo registra las visitas, pero no la evasión de algún navegante despistado que huye espantado ante la imponente presencia y longitud de mis comentarios. Y sí, he dicho imponente presencia y longitud. ¿Pasa algo?
En fin, hoy toca día prosaico. Si alguien se ha enganchado a mis sesudos análisis sobre la actualidad política nacional e internacional, tendrá que esperar un mejor momento para seguir disfrutando de mi aguda percepción de los acontecimientos.
Hoy he leído en el periódico que la sonda Voyager I, lanzada por la NASA al espacio en 1977, está llegando a los confines del Sistema Solar, allá donde la luz del Sol apenas será más destacable que la más refulgente de las estrellas que contemplamos desde la Tierra. Al margen del hecho, muy destacable en sí mismo, de que una máquina fabricada por el hombre y lanzada al espacio hace 26 años, siga su curso por el infinito sideral enviándonos miles imágenes de todo cuanto sus ojos ven, esta información me ha evocado épocas pretéritas. Me ha invitado a viajar en el tiempo hasta recordar pasajes casi olvidados de mi infancia.
Aquélla que parecería sacada de cualquier episodio de la serie "Cuéntame cómo pasó"; colmada de peonzas, canicas y chapas; infinita en pupitres astillados, recreos bulliciosos, Bonys, Bucaneros, Tigretones y Panteras Rosas; interminable de pescozones de profesores y henchida de reverencial respeto a crucifijos y Majestades; rebosante de tizas, témperas, cuadernos, murales, plastilina, pegamento Imedio y cartulinas; repleta de jerséis de punto de lana, de pantalones de pana, de vaqueros y deportivas sin marca y de chándales azules con ribetes blancos; en fin, aquélla inocente primera etapa de mi vida en la que hasta las Navidades parecían desprender sabores, colores y sensaciones mucho más cercanas y familiares.
Y todo esto, se preguntará más de uno, ¿a qué viene? Pues es muy sencillo. Los que sean de mi generación tienen que recordar un celebérrimo libro impreso a DIN-A4, de cubiertas amarillas atravesadas por gruesos trazos marrones y grandes fotos a todo color en su interior. Era el "Cosmos", el libro de Ciencias Sociales por excelencia, utilizado por los alumnos de Tercero, Cuarto y Quinto de EGB, creo recordar y en el que venían no pocas imágenes del Universo captadas seguramente por el Voyager, así como alguna que otra instantánea o dibujo del propio ingenio. Ha sido ese pausado y continuo viaje por el Cosmos de la citada nave, el que me ha embarcado en esta singladura interior hacia otros Cosmos; el primero y menos importante, el referido al libro de texto y el segundo y más crítico, a aquel pequeño gran mundo que fue mi infancia.
¡¡Qué tiempos!! ¡¡Cuántos recuerdos y cuánta nostalgia!!
Y ahora voy con las Cinco del Viernes, que en esta ocasión son algo cursis, pero que me servirán para completar un "post" que no desmerezca en magnitud a mis más fecundas y pródigas intervenciones. Ahí van.
1) ¿Cuál es el beso más dulce que te han dado en tu vida?
El último que me han dado. Seguro.
2) ¿Cómo recuerdas tu primer beso?
Desprendía vapores.... sí ahora lo recuerdo, vapores etílicos. Yo estaba como una cuba y ella, como una bodega de Rioja.
3) ¿Cómo te gustan los besos?
Aquellos que saben a beso. Detesto el sabor a tabaco que desprenden las glándulas respiratorias y gustativas de algunas mujeres.
4) ¿Algún beso especial por alguna razón?
Qué pesados. El último que me han dado.
5) ¿Alguno digno de olvidar?
No ninguno. Aunque durante un tiempo, sí que me hubiera gustado poder olvidar varios de ellos. Sin embargo, con el paso de los años las reacciones viscerales se atemperan y matizan, mientras que los besos que alguna chica te dio, pasan a formar parte del equipaje de experiencias personales que se acumulan a lo largo de la vida, al tiempo que dejan de ser excelsos u omitibles.
Lucio Decumio.
En fin, hoy toca día prosaico. Si alguien se ha enganchado a mis sesudos análisis sobre la actualidad política nacional e internacional, tendrá que esperar un mejor momento para seguir disfrutando de mi aguda percepción de los acontecimientos.
Hoy he leído en el periódico que la sonda Voyager I, lanzada por la NASA al espacio en 1977, está llegando a los confines del Sistema Solar, allá donde la luz del Sol apenas será más destacable que la más refulgente de las estrellas que contemplamos desde la Tierra. Al margen del hecho, muy destacable en sí mismo, de que una máquina fabricada por el hombre y lanzada al espacio hace 26 años, siga su curso por el infinito sideral enviándonos miles imágenes de todo cuanto sus ojos ven, esta información me ha evocado épocas pretéritas. Me ha invitado a viajar en el tiempo hasta recordar pasajes casi olvidados de mi infancia.
Aquélla que parecería sacada de cualquier episodio de la serie "Cuéntame cómo pasó"; colmada de peonzas, canicas y chapas; infinita en pupitres astillados, recreos bulliciosos, Bonys, Bucaneros, Tigretones y Panteras Rosas; interminable de pescozones de profesores y henchida de reverencial respeto a crucifijos y Majestades; rebosante de tizas, témperas, cuadernos, murales, plastilina, pegamento Imedio y cartulinas; repleta de jerséis de punto de lana, de pantalones de pana, de vaqueros y deportivas sin marca y de chándales azules con ribetes blancos; en fin, aquélla inocente primera etapa de mi vida en la que hasta las Navidades parecían desprender sabores, colores y sensaciones mucho más cercanas y familiares.
Y todo esto, se preguntará más de uno, ¿a qué viene? Pues es muy sencillo. Los que sean de mi generación tienen que recordar un celebérrimo libro impreso a DIN-A4, de cubiertas amarillas atravesadas por gruesos trazos marrones y grandes fotos a todo color en su interior. Era el "Cosmos", el libro de Ciencias Sociales por excelencia, utilizado por los alumnos de Tercero, Cuarto y Quinto de EGB, creo recordar y en el que venían no pocas imágenes del Universo captadas seguramente por el Voyager, así como alguna que otra instantánea o dibujo del propio ingenio. Ha sido ese pausado y continuo viaje por el Cosmos de la citada nave, el que me ha embarcado en esta singladura interior hacia otros Cosmos; el primero y menos importante, el referido al libro de texto y el segundo y más crítico, a aquel pequeño gran mundo que fue mi infancia.
¡¡Qué tiempos!! ¡¡Cuántos recuerdos y cuánta nostalgia!!
Y ahora voy con las Cinco del Viernes, que en esta ocasión son algo cursis, pero que me servirán para completar un "post" que no desmerezca en magnitud a mis más fecundas y pródigas intervenciones. Ahí van.
1) ¿Cuál es el beso más dulce que te han dado en tu vida?
El último que me han dado. Seguro.
2) ¿Cómo recuerdas tu primer beso?
Desprendía vapores.... sí ahora lo recuerdo, vapores etílicos. Yo estaba como una cuba y ella, como una bodega de Rioja.
3) ¿Cómo te gustan los besos?
Aquellos que saben a beso. Detesto el sabor a tabaco que desprenden las glándulas respiratorias y gustativas de algunas mujeres.
4) ¿Algún beso especial por alguna razón?
Qué pesados. El último que me han dado.
5) ¿Alguno digno de olvidar?
No ninguno. Aunque durante un tiempo, sí que me hubiera gustado poder olvidar varios de ellos. Sin embargo, con el paso de los años las reacciones viscerales se atemperan y matizan, mientras que los besos que alguna chica te dio, pasan a formar parte del equipaje de experiencias personales que se acumulan a lo largo de la vida, al tiempo que dejan de ser excelsos u omitibles.
Lucio Decumio.
Bush: "No saldremos corriendo de Irak"
Considero que nadie que me conozca mínimamente barajará ninguna duda acerca de mi occidentalismo y mi apoyo al derrocamiento del sangriento régimen de Sadam Hussein llevado a cabo por los Estados Unidos y sus aliados. Desde esta misma página he defendido con vehemencia y argumentos sólidos la necesidad de la caída del dictador, de que la lejana Babilonia dejara atrás lustros de salvajes represiones y caminara hacia el aperturismo democrático y al respeto por la vida y las libertades individuales. Si alguien no recuerda lo que he manifestado en otras ocasiones, puede acudir al enlace de "Política Internacional" sito en esta misma página y buscar los comentarios que redacté el 12/07/2003 y el 21/07/2003 en torno a esta misma cuestión.
Pero las cosas siguen empeorando, tal y como comentaba y presumía hace unos meses. Al margen de la ya probada inexistencia de arsenales de armas de destrucción masiva y de la incapacidad de norteamericanos y británicos para dar con el paradero de Sadam Hussein, el goteo de bajas estadounidenses del que hablaba en el verano, se ha transmutado en una desbocada e incontrolable sangría de vidas humanas. Vidas de jóvenes soldados que al parecer, no tienen el menor valor para un Bush, para un Rumsfeld o para un Chenney que siguen empeñados en mantener una presencia militar en Irak, cada vez más contestada y más rechazada por la opinión pública norteamericana y no digamos ya por la población mesopotámica.
Hasta diarios tan poco sospechosos de antiamericanismo como el ABC, han llegado a recoger informaciones en las que los iraquíes expresan su más absoluto rechazo a la presencia de unas tropas que cada vez controlan menos la situación y que día a día, tratan peor a quienes en teoría, fueron a liberar. El mismo diario plasma datos estremecedores recabados por sus enviados especiales, en el sentido de que la población civil celebra cada vez con más alborozo los asaltos a los convoyes de suministro, las explosiones de minas bajo los "jeeps" y camiones yanquis, el derribo de aparatos de transporte con docenas de soldados americanos, o el ametrallamiento de patrullas de marines. Cuanto más grave y más sangriento es el desastre, mayor algarabía entre los iraquíes. Un macabro círculo vicioso de desconfianza y mutuo rebote entre soldados y población civil que sólo puede ir a peor.
No entro a valorar el origen de estos atentados, pues me resulta claro que hay una resistencia iraquí espléndidamente organizada por no se sabe muy bien quién y que además, tiene que estar recibiendo forzosamente ayuda exterior de comandos terroristas entrenados en otros territorios árabes. Entre los unos y los otros, han encontrado el modo de mojarle la oreja al gigante americano y hacerle morder el polvo de desierto iraquí.
Yo no me alegro por lo que le sucede a los soldados americanos. Me entristece y mucho. Porque de los que allí mueren, muchos tendrán mi edad, algunos mis estudios y todos, con muy pequeñas variaciones, un modo muy similar al mío de ver la vida, la familia, los amigos y los objetivos personales a alcanzar. Pero me entristece aún más la nueva y sobrada muestra de cobardía y defensa de oscuros intereses de los dirigentes americanos, que prefieren ver como sus soldados caen todas las semanas por docenas en un lejano país y no se atreven a resolver el conflicto embarcándolos de vuelta a su casa.
Los iraquíes en particular y los musulmanes en general, han dado históricamente sobradas muestras de rechazo hacia las tesis democratizadoras y liberalizadoras de Occidente. Siglos de sometimiento a emires, reyezuelos, ayatollahs y mulás no se cambian de la noche a la mañana. Se necesitarán decenios, tal vez siglos, para que cientos de millones de musulmanes terminen percatándose de que el odio al malévolo Occidente que sus déspotas y tiranos buscan insistentemente inculcarles, sólo tiene el objetivo de que la clase dirigente islámica -política y religiosa- mantenga sus históricos privilegios a costa de la miseria y la ignorancia de sus súbditos y sus fieles.
Los americanos y todos nosotros deberíamos darnos cuenta de que nuestra labor allí finalizó con el derrocamiento del régimen. Puede parecer duro, pero el trabajo sobre el terreno que se desempeña actualmente está condenado al fracaso y habría que ir pensando en buscar alternativas más sutiles para permeabilizar a estas sociedades ante los cambios que queremos proponerles.
Y si la preocupación de alguno es el destino del petróleo, sólo añadiré que los occidentales necesitamos comprarlo tanto como los árabes precisan venderlo.
Lucio Decumio.
Pero las cosas siguen empeorando, tal y como comentaba y presumía hace unos meses. Al margen de la ya probada inexistencia de arsenales de armas de destrucción masiva y de la incapacidad de norteamericanos y británicos para dar con el paradero de Sadam Hussein, el goteo de bajas estadounidenses del que hablaba en el verano, se ha transmutado en una desbocada e incontrolable sangría de vidas humanas. Vidas de jóvenes soldados que al parecer, no tienen el menor valor para un Bush, para un Rumsfeld o para un Chenney que siguen empeñados en mantener una presencia militar en Irak, cada vez más contestada y más rechazada por la opinión pública norteamericana y no digamos ya por la población mesopotámica.
Hasta diarios tan poco sospechosos de antiamericanismo como el ABC, han llegado a recoger informaciones en las que los iraquíes expresan su más absoluto rechazo a la presencia de unas tropas que cada vez controlan menos la situación y que día a día, tratan peor a quienes en teoría, fueron a liberar. El mismo diario plasma datos estremecedores recabados por sus enviados especiales, en el sentido de que la población civil celebra cada vez con más alborozo los asaltos a los convoyes de suministro, las explosiones de minas bajo los "jeeps" y camiones yanquis, el derribo de aparatos de transporte con docenas de soldados americanos, o el ametrallamiento de patrullas de marines. Cuanto más grave y más sangriento es el desastre, mayor algarabía entre los iraquíes. Un macabro círculo vicioso de desconfianza y mutuo rebote entre soldados y población civil que sólo puede ir a peor.
No entro a valorar el origen de estos atentados, pues me resulta claro que hay una resistencia iraquí espléndidamente organizada por no se sabe muy bien quién y que además, tiene que estar recibiendo forzosamente ayuda exterior de comandos terroristas entrenados en otros territorios árabes. Entre los unos y los otros, han encontrado el modo de mojarle la oreja al gigante americano y hacerle morder el polvo de desierto iraquí.
Yo no me alegro por lo que le sucede a los soldados americanos. Me entristece y mucho. Porque de los que allí mueren, muchos tendrán mi edad, algunos mis estudios y todos, con muy pequeñas variaciones, un modo muy similar al mío de ver la vida, la familia, los amigos y los objetivos personales a alcanzar. Pero me entristece aún más la nueva y sobrada muestra de cobardía y defensa de oscuros intereses de los dirigentes americanos, que prefieren ver como sus soldados caen todas las semanas por docenas en un lejano país y no se atreven a resolver el conflicto embarcándolos de vuelta a su casa.
Los iraquíes en particular y los musulmanes en general, han dado históricamente sobradas muestras de rechazo hacia las tesis democratizadoras y liberalizadoras de Occidente. Siglos de sometimiento a emires, reyezuelos, ayatollahs y mulás no se cambian de la noche a la mañana. Se necesitarán decenios, tal vez siglos, para que cientos de millones de musulmanes terminen percatándose de que el odio al malévolo Occidente que sus déspotas y tiranos buscan insistentemente inculcarles, sólo tiene el objetivo de que la clase dirigente islámica -política y religiosa- mantenga sus históricos privilegios a costa de la miseria y la ignorancia de sus súbditos y sus fieles.
Los americanos y todos nosotros deberíamos darnos cuenta de que nuestra labor allí finalizó con el derrocamiento del régimen. Puede parecer duro, pero el trabajo sobre el terreno que se desempeña actualmente está condenado al fracaso y habría que ir pensando en buscar alternativas más sutiles para permeabilizar a estas sociedades ante los cambios que queremos proponerles.
Y si la preocupación de alguno es el destino del petróleo, sólo añadiré que los occidentales necesitamos comprarlo tanto como los árabes precisan venderlo.
Lucio Decumio.
04 noviembre 2003
Boda de España II
Se han alzado voces contra la decisión del Príncipe de Asturias de comprometerse en matrimonio con una joven periodista plebeya. Es normal y era de esperar. Evidentemente, nunca llueve a gusto de todos. Sin embargo, yo creo que la mayoría de los españoles y también la mayoría de los comentaristas políticos especializados en la Casa Real, han aceptado de buen grado la determinación que ha adoptado Don Felipe. Todos coinciden y yo coincido con ellos, en que el Príncipe es una persona preparadísima, con la cabeza muy bien amueblada y que sabe perfectamente lo que le conviene a él, a la Corona y por extensión, a España.
Desde su nacimiento y durante los decenios subsiguientes, su vida ha estado enfocada y planificada hacia una finalidad exclusiva. La de convertirse en un hombre preparado para desempeñar el cargo que por herencia le corresponderá en el futuro: el de Rey de España. Ha dispuesto de los mejores tutores y profesores; ha estudiado en las aulas más notables, pues de todos es sabido que hizo COU en un exclusivo centro canadiense y al cabo de los años, un máster en Relaciones Internacionales en USA; también ha cursado estudios de Derecho como uno más en centros menos selectivos, como la Universidad Autónoma de Madrid; ha pasado un año en cada uno de los tres Ejércitos, lo que significa que ha empleado el triple de tiempo que cualquier otro español sirviendo en armas; ha viajado por toda la Nación y por ello conoce gentes, pueblos y ciudades al detalle; y ha representado a España y a la Corona en multitud de actos internacionales en los que ha sido admirado y respetado.
Todo esto no hace sino indicarnos, al menos a mí, que se trata de una persona con una preparación académica y un conocimiento de su función representativa de España y su Monarquía, excelentes. Si su cognición es tan vasta, si su discreción privada y su actividad pública han sido siempre tan exquisitamente pulcras, ¿qué ha de llevarnos a dudar de su buen juicio a la hora de elegir una esposa adecuada y ajustada a la esfera en la que se ha de desenvolver?
Insisto. Mejor que nadie, el Príncipe conoce reglas y usos de protocolo, la vida y la cortesía diplomática, las Relaciones Internacionales y el orbe político y la sociedad en la que vive y se maneja. Así que ¿quién mejor que el Príncipe para elegir en calidad de esposa, madre y Reina, a una mujer que se pueda adaptar a todas esas exigencias?
Si ha escogido a esa mujer, de la que además asegura sentirse enamorado y correspondido, en la plebe y no en una línea de azulada extirpe europea, seguro que le sobran las razones para haber obrado de tal modo. La chica está muy bien preparada. Es inteligente, bella, simpática y con toda seguridad, se ganará el respeto y el cariño de los españoles como Princesa primero y como Reina después. A Lucio Decumio no le cabe la menor duda. Y aun a riesgo de que se me pueda acusar de patriotero, insisto en la idea de que prefiero a una plebeya universitaria española como Reina, que a una princesa europea de cualquier país escandinavo.
Apelar a viejos y periclitados valores de tradición diferenciadora entre la realeza y la plebe, o pérdida de esencia de la primera al entrar en contacto tan directo con la segunda, con el fin de criticar la decisión de Su Alteza, no me parece de recibo. Al igual que la vida y la sociedad evolucionan, así han de hacerlo también las instituciones que la gobiernan o la representan. Y más en una época tan cambiante y dinámica como la que nos ha tocado vivir.
Y la evolución que se plantea en este caso, no sólo no me parece condenable. La aplaudo.
En último término, si algo me molesta de todo esto, aunque poco, que no me quiero poner a mal con la Realeza, es no haber sido yo el que haya capturado a tan suculento ejemplar de mujer.
Lucio Decumio.
Desde su nacimiento y durante los decenios subsiguientes, su vida ha estado enfocada y planificada hacia una finalidad exclusiva. La de convertirse en un hombre preparado para desempeñar el cargo que por herencia le corresponderá en el futuro: el de Rey de España. Ha dispuesto de los mejores tutores y profesores; ha estudiado en las aulas más notables, pues de todos es sabido que hizo COU en un exclusivo centro canadiense y al cabo de los años, un máster en Relaciones Internacionales en USA; también ha cursado estudios de Derecho como uno más en centros menos selectivos, como la Universidad Autónoma de Madrid; ha pasado un año en cada uno de los tres Ejércitos, lo que significa que ha empleado el triple de tiempo que cualquier otro español sirviendo en armas; ha viajado por toda la Nación y por ello conoce gentes, pueblos y ciudades al detalle; y ha representado a España y a la Corona en multitud de actos internacionales en los que ha sido admirado y respetado.
Todo esto no hace sino indicarnos, al menos a mí, que se trata de una persona con una preparación académica y un conocimiento de su función representativa de España y su Monarquía, excelentes. Si su cognición es tan vasta, si su discreción privada y su actividad pública han sido siempre tan exquisitamente pulcras, ¿qué ha de llevarnos a dudar de su buen juicio a la hora de elegir una esposa adecuada y ajustada a la esfera en la que se ha de desenvolver?
Insisto. Mejor que nadie, el Príncipe conoce reglas y usos de protocolo, la vida y la cortesía diplomática, las Relaciones Internacionales y el orbe político y la sociedad en la que vive y se maneja. Así que ¿quién mejor que el Príncipe para elegir en calidad de esposa, madre y Reina, a una mujer que se pueda adaptar a todas esas exigencias?
Si ha escogido a esa mujer, de la que además asegura sentirse enamorado y correspondido, en la plebe y no en una línea de azulada extirpe europea, seguro que le sobran las razones para haber obrado de tal modo. La chica está muy bien preparada. Es inteligente, bella, simpática y con toda seguridad, se ganará el respeto y el cariño de los españoles como Princesa primero y como Reina después. A Lucio Decumio no le cabe la menor duda. Y aun a riesgo de que se me pueda acusar de patriotero, insisto en la idea de que prefiero a una plebeya universitaria española como Reina, que a una princesa europea de cualquier país escandinavo.
Apelar a viejos y periclitados valores de tradición diferenciadora entre la realeza y la plebe, o pérdida de esencia de la primera al entrar en contacto tan directo con la segunda, con el fin de criticar la decisión de Su Alteza, no me parece de recibo. Al igual que la vida y la sociedad evolucionan, así han de hacerlo también las instituciones que la gobiernan o la representan. Y más en una época tan cambiante y dinámica como la que nos ha tocado vivir.
Y la evolución que se plantea en este caso, no sólo no me parece condenable. La aplaudo.
En último término, si algo me molesta de todo esto, aunque poco, que no me quiero poner a mal con la Realeza, es no haber sido yo el que haya capturado a tan suculento ejemplar de mujer.
Lucio Decumio.
