29 enero 2006

El botón de muestra

Siguiendo con la línea establecida en los últimos días, nada de fotos de los enemigos de la Nación. Sólo un cigarrillo entrelazado en los dedos de una mano anónima, para recordar que Zapatero y Artur Mas vulneraron conscientemente la Ley Antitabaco durante la famosa y triste reunión en la que convinieron la voladura del Régimen Constitucional de 1978.

No estoy en absoluto de acuerdo con la idea del Partido Popular de abrir un nuevo frente político contra Zapatero y su Gobierno, basado en el hecho de que el Presidente y Artur Mas cerraran el acuerdo estatutario entre el humo de unos cigarrillos, incumpliendo con ello, la Ley Antitabaco aprobada recientemente por el Ejecutivo socialista.

Es mi opinión y sospecho que asimismo la de mucha otra gente, que éste es un asunto marcadamente menor, en el que el principal partido de la Oposición, a la vista de la que está cayendo tanto con el Estatuto catalán, como con otra serie de acontecimientos sangrantes que tienen lugar en el País Vasco y en otros lugares de España, no debería perder un solo minuto de su tiempo.

Sin embargo, sí que me gustaría decir que la imagen de Zapatero y Mas saltándose la ley impunemente, sólo se puede entender como una alegoría del comportamiento que en otras áreas de mayor trascendencia, demuestra el Presidente del Gobierno. Está claro que para este hombre, desde el documento más insignificante hasta la Ley de Leyes, todo es relativo y susceptible de interpretarse en función de sus intereses más inmediatos.

Si lo que dicen los pactos o las leyes va en contra de sus deseos o de sus designios, la interpretación de las mismas ha de hacerse con la mayor laxitud y la más amplia condescendencia, para que ni él ni sus socios puedan verse afectados por la letra de la legalidad.

En cambio, si los actos a juzgar han tenido su origen en algo o alguien que no es de su cuerda y que no comulga con sus delirios atomizadores, el rigor del mazo judicial ha de golpear sin piedad al infractor, aunque la transgresión cometida no sea merecedora de semejante severidad o simplemente, ni se haya cometido.

Señor Zapatero, ya sé que por un oído le va a entrar y por otro le va a salir, pues es usted un aventajado aprendiz de déspota, pero las leyes en un Estado de Derecho sujetan a todos a su cumplimiento, no sólo a quienes no pueden tomar parte en su elaboración.

Otra cosa es una república bananera, una dictadura neo-soviética o una satrapía oriental, que es a lo que cada vez más se parece España.

Insisto, que se olvide el PP de intentar desgastar al Gobierno con esta materia que en comparación con otras muchas que están en boca de todos a día de hoy, es insignificante. El devastador dictamen -solicitado por el propio Gobierno- del Consejo de Estado en contra del vaciamiento competencial del Estado en favor de las autonomías, la nocturna prodición acordada entre ZP y Mas o las impudicias que a diario se cometen en las Vascongadas, deberían ser entre otros, los principales puntos de apoyo sobre los que el PP hiciera palanca durante las próximas semanas.

Lucio Decumio.

22 enero 2006

El lechero

La instantánea del día de hoy corresponde a un lechero corriente y moliente. Estoy harto de mancillar estas páginas con los rostros de los más variados y escalofriantes traidores.

Corríjame alguien más versado que yo en citas históricas, si digo y me equivoco al afirmar que no fue otro sino aquel férreo e inolvidable combatiente por la libertad llamado Winston Churchill, quien sostenía que los ciudadanos de un país sólo gozarían de todas las libertades democráticas y civiles, en el momento en que estuvieran convencidos de que la persona que llamase a su puerta a las seis de la mañana, fuera el lechero.

Si de la sentencia del orondo dirigente británico se puede extraer la conclusión de que la democracia y la libertad están firmemente asentadas en una nación cuando alguien tan inofensivo como el repartidor de la leche es quien aporrea nuestra puerta a tan intempestivas horas, habremos de colegir que en función de los acontecimientos que se han venido produciendo en España durante los dos últimos años, nuestra amada Nación se aleja a pasos agigantados del idealizado prototipo de estado democrático que tan metafóricamente defendía Churchill.

Y es que la nocturnidad en contra de la transparencia, la opacidad en oposición a la limpieza y la alevosa actitud gubernamental frente a los mínimos criterios de decencia y decoro exigibles a todo un Ejecutivo nacional, han sido desde el 14 de Marzo de 2004, las herramientas que el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero ha empleado con demasiada y estremecedora frecuencia, en contra del interés general de todos los españoles.

De momento han sido sólo decisiones y acuerdos que se han tomado de espaldas a la ciudadanía. Y digo sólo -excepción hecha del tenebroso episodio de la detención de dos militantes del PP por el mero hecho de serlo-, pues aún no dejando de ser estos conchabeos clandestinos extremadamente preocupantes por sí mismos y no escapándosele a nadie con un mínimo sentido crítico que tantas y tan prolongadas reuniones mantenidas en las cloacas monclovitas con los más acerados enemigos de todo lo que España significa, nada bueno auguran para el futuro de nuestra Nación y mucho menos, para el mantenimiento de las libertades y derechos consagrados en la Constitución, lo más inquietante es el más que seguro y agitado panorama de futuro que nos aguarda.

¿Por qué digo eso? Sencillo y cristalino resulta a mi juicio, el hecho de que las confabulaciones que se han cocido en las calderas de las más ocultas cavernas del Palacio presidencial, forzosamente habrán de edulcorarse con los azúcares de la manipulación informativa a que nos tienen acostumbrados los socialistas y sus socios antisistema para que los ciudadanos acepten de buen grado el desmembramiento de la Nación y el recorte de libertades. Eso o aún peor, que las maquinaciones y las intrigas perpetradas al amparo de las tinieblas de la noche, tengan que ocultarse a la opinión pública tras un irreparable apagón informativo, para que aquélla no se envuelva en llamas de ira ante las cobardes genuflexiones de Zapatero frente a nacionalistas radicales y terroristas.

Y es que no hay otro modo. Cuando alguien perpetra una indignidad -o muchas, como es el caso del Gobierno actual-, sólo hay dos formas de esconder la felonía ante quienes pueden pedirle las consiguientes responsabilidades tras su ejecución; o se miente descaradamente al conjunto de los ciudadanos o se secuestra su libertad de información y de opinión con la intención de que la verdad no vea la luz. Dispositivos de ocultamiento de la realidad que no por diferentes, dejan de ser perfectamente complementarios, al menos en el ideario político del socialismo español y de los depredadores que ha elegido como colaboradores durante esta legislatura.

Y mal que nos pese, ambos mecanismos ya han sido puestos en marcha por el actual Gobierno. Por una parte, los ingenios de la mentira y la manipulación informativa nunca han dejado de funcionar con mejor o peor eficacia, en las criptas de Ferraz 70. Pudimos comprobarlo en innumerables ocasiones durante su anterior etapa de Gobierno para años más tarde, contemplar atónitos cómo se le echaba más combustible al motor de la farsa a lo largo de los meses inmediatamente anteriores a las Elecciones Generales de 2004, cómo se aceleraron sus revoluciones en la jornada de reflexión y cómo se ha terminado engrasando y abrillantando durante la nefasta etapa de gobierno que está a punto de cumplir dos años.

Y la segunda, el secuestro de la libertad de información y de opinión, ya ha dado unos primeros pasos que a buen seguro, conocedores como somos de que el temple del actual inquilino de La Moncloa y de sus socios se encuentra exactamente en las antípodas de la dignidad y de la compostura, no serán los últimos ni los menos preocupantes.

Y es que estas infamias -desfiguración y manipulación de la realidad por una parte y sesgo de la libertad informativa y de opinión por otra- a su vez tendrán que encubrirse, como no podrá ser de otra forma, con nuevas y redobladas apuestas que impliquen una mayor reducción de libertades y derechos. Todo esto hasta que tal vez un día no muy lejano, si por el camino no sufren un apabullante y merecido castigo electoral, quien llame a nuestra puerta a las seis de la mañana, pueda no ser el lechero.

Y si alguien no los cree capaces de dar los pasos necesarios hasta llegar a esa lóbrega meta y disfrazar sus fechorías de incuestionables avances para la libertad y la convivencia, es que no los conoce lo bastante bien.

Lucio Decumio.

13 enero 2006

Aprender del Islam

Instantánea de la explanada de la Kaaba, en La Meca. Miles de fieles musulmanes muestran al mundo el triunfo de la gentileza y la urbanidad islámica, mientras rodean pacíficamente hasta siete veces, la piedra sagrada de su religión.

La asilvestrada, intolerante y decadente civilización occidental se muestra obtusamente incapaz de aprender las innumerables lecciones de educación y generosidad que una y otra vez, nos transmite la indulgente y perfeccionada cultura islamista. Las periclitadas convicciones cristianas y sus oxidados orígenes clásicos, nada pueden ante las interminables muestras de civismo y urbanidad que nos ofrece la instruida erudición musulmana.

¿Extrañados? No tanto. Hay muchos ejemplos de lo que digo, como las asentadas y centenarias democracias de que disfrutan todos los países del Magreb o los grandes avances sociales, de tolerancia religiosa con otras confesiones y de igualdad entre hombres y mujeres, que han experimentado en los últimos decenios no pocos países ribereños del Golfo Pérsico y aledaños. Eso por no hablar, del indiscutible liderazgo mundial que ejercen en ámbitos como la libertad y los derechos humanos, incuestionables potencias como Indonesia, Pakistán o Libia. Todo ello en contraste con los gravísimos déficits que en todos esos ámbitos, muestran naciones tan atrasadas y subdesarrolladas como los Estados Unidos, Suecia, Finlandia, Alemania o la misma España en la que vivimos.

Otro gran ejemplo de la enorme ventaja cultural, política y económica que ha adquirido el mundo musulmán sobre las ruinas del cristianismo y el clasicismo greco-romano, es la encendida pasión cultural islámica, que ha dado al mundo en los últimos siglos, decenas de virtuosos pianistas, centenares de reputados pintores, infinidad de célebres filósofos, legiones de delicados poetas, docenas de incansables compositores, innumerables escritores de imperecedera gloria o incontables ramilletes de briosos líderes mundiales.

Sin embargo, es a la hora de demostrar su inveterado civismo y su intachable proceder en los actos masivos de culto o manifestación religiosa, donde el Islam gana por goleada al decrépito Occidente cristiano.

¿Que no? Para muestras, unos botones. Hace cerca de diez meses, falleció Juan Pablo II, aquel rancio y retrógrado Sumo Pontífice de la Iglesia Católica que durante 27 años atormentó, en nombre de su trasnochado credo, a miles de infieles e hijos descarriados -así los llamaba él- de su propia confesión.

Haciendo abstracción de los numerosos atropellos y fechorías perpetrados por el Papa polaco, asistieron a las exequias del líder religioso católico cerca de tres millones de fieles, quienes durante días enteros se entregaron con furioso denuedo a la tarea de provocar tumultos, avalanchas y enfrentamientos callejeros. Las imágenes emitidas por todas las televisiones del globo, en las que podíamos contemplar aterrados a los cientos y cientos de muertos que dejaron a su paso los altercados y las estampidas originadas por el salvajismo y la rusticidad de las turbas católicas, aún no se han borrado de nuestra memoria.

Apenas habían transcurrido cuatro meses desde que el drama y la muerte se apoderara de las calles de Roma, cuando el feroz y despiadado lugarteniente de Juan Pablo II, su sucesor Benedicto XVI, convocó a centenares de miles de jóvenes católicos en las enormes praderas que circundan la pútrida y ruinosa ciudad alemana de Colonia. Como no podía ser de otro modo y siguiendo el macabro ritual de esta confesión religiosa cuando de aglomerarse se trata, los incidentes y las broncas fueron la tónica general y no menos de 80 personas perdieron la vida en las docenas de reyertas que tuvieron allí lugar.

Y qué decir del estremecedor saldo de muertos, heridos y destrozos en el mobiliario urbano que arrojaron las multitudinarias, injustificadas y reaccionarias manifestaciones que las organizaciones más conservadoras y tradicionalistas de nuestro país, convocaron durante el pasado año para protestar contra las políticas de progreso y avance del sobresaliente gobierno socialista? Sin comentarios. Servidor, aún está avergonzado por tamaña demostración de barbarie.

Lo he dicho muchas veces. Estamos tardando demasiado tiempo en empaparnos de la cortesía y los buenos modales de todos, sin excepción, los musulmanes que en el mundo hay. Ver las imágenes de su tradicional peregrinaje anual a La Meca e invadirme una sana envidia por su irreprochable comportamiento y la calma, la serenidad y la entereza de que hacen gala pese a las multitudes que se congregan en la ciudad durante los tres días que dura el Hajj, es todo uno.

Deberíamos aprender a vivir la religión como lo vienen haciendo los islámicos desde hace tantos decenios. Suavizar las aristas más radicales de nuestra doctrina católica, entender la misma como una manifestación íntima y exclusiva de cada uno de nosotros y tratar de desenredar la religión del poder político, son la clave para empezar a alcanzar las cotas de desarrollo socio-económico que ya han logrado la totalidad de países de confesión mahometana.

Sé que lo que digo es complicado, pues las tinieblas de ignorancia y subdesarrollo que han cultivado las élites socio-católicas durante siglos y que han impedido por pura avaricia y avidez de poder, el despegue social de, básicamente, Norteamérica y Europa, no desaparecen así como así y son muy complicadas de superar.

Sin embargo y ya termino, yo creo que estamos en el buen camino, al menos en España, gracias al buen hacer y a la perspectiva histórica y política del actual Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Los grandes líderes -y Zapatero sin duda se cuenta entre ellos- son aquellos que trascienden su época y logran ver mucho más allá de las necesidades inmediatas del pueblo al que dirigen, para enfocar acertadamente su devenir histórico y hacerlo encajar en un futuro desafiante que sólo ellos, dotados de una capacidad de síntesis y análisis sin igual, pueden otear.

Sólo así, en el marco de las indudables cualidades presidenciales, podremos hacer efectivas y provechosas para nosotros, humildes cristianos españoles, las decididas apuestas de Zapatero por la concordia y el entendimiento con regímenes impecablemente democráticos, civilizados y consolidados como Marruecos o su innovadora evocación de una Alianza de Civilizaciones con las culturas más avanzadas del planeta, para abandonar de una vez por todas, nuestro secular atraso.

Lucio Decumio.

10 enero 2006

Porcentajes

La absurda tolerancia inmigratoria de los gobiernos españoles durante los últimos diez o doce años, ha provocado un estremecedor incremento de los índices de delincuencia en las calles y plazas de España y ha disparado la presencia de inmigrantes en nuestras cárceles. Los números no mienten.

El 30% de los reclusos que actualmente pueblan las prisiones españolas, es de origen extranjero. Durante el año 2005, 73 de cada 100 nuevos inquilinos carcelarios había nacido allende nuestras fronteras. La última encuesta del CIS arrojaba el revelador dato de que el 65% de los españoles considera que en España hay demasiados inmigrantes.

El autoproclamado "Mundo de la cultura" y los pedantes progres de salón que muy a su pesar, acaparan la mayor y mejor parte de las urbanizaciones más descollantes de España, pondrían el grito en el cielo y me acusarían de apología del racismo y la xenofobia por hacer mención a estadísticas tan determinantes. Eso en el caso de que me leyeran, que va a ser que no, sospecho.

Concluida la que podríamos llamar digresión crítica hacia la izquierda de sofá de piel y "triclinium", diré que la interpretación de estos dígitos va más allá del mero dato estadístico. Asimismo y aunque desde mi punto de vista, las izquierdas y sus representantes políticos, sociales e informativos tienen la mayor parte de responsabilidad en este desaguisado, aquí hay dardos para todos.

Vayamos por partes. A alguien -pañuelo palestino en ristre y camiseta con la efigie del Ché- podría ocurrírsele lo siguiente. Sí, el 30% de los presidiarios que hay en España es de origen extranjero, pero el 70% restante son españoles, así que entre estos últimos los índices de delincuencia son mucho más altos. Incierto, querido simpatizante de todo tipo de causas nauseabundas. La población inmigrante todavía no alcanza en España -afortunadamente- el 7% del total de habitantes, por lo que los cocientes comparados ofrecen datos implacablemente demoledores acerca de las intenciones delictivas de centenares de sudamericanos, magrebíes o eslavos llegados ilegalmente a nuestras tierras por tierra, mar y aire.

En cuanto al hecho de que el 65% de los españoles considere que hay demasiados inmigrantes en nuestro país, cabría hacer una pequeña corrección al alza, al menos por mi parte. No entiendo mucho de estadística, pero sospecho que ese 65% hace referencia a los encuestados, con independencia de su lugar de nacimiento u origen racial. Entre el cien por cien de los cuestionados, forzosamente tuvieron que encontrar los empleados del CIS a un pequeño pero significativo porcentaje de inmigrantes, quienes con toda seguridad responderían negativamente a la cuestión planteada por el encuestador. Así que si tenemos en cuenta que aproximadamente un 3% de los encuestados pudieron no ser españoles, tendremos que al menos el 97% de los cuestionados sí que lo era, razón que debería elevar en algún punto el porcentaje del 65% de nacionales que considera excesivo el número de extranjeros.

Y el dato de que 73 de cada 100 personas encarceladas en 2005 era de procedencia forastera, es tan devastador e ilumina de tal manera la realidad actual de las calles de las principales ciudades de España, que se comenta por sí solo.

¿Responsabilidades? La izquierda política, cultural y mediática, por convicción. La derecha, por complejo de inferioridad moral ante los primeros.

Ante cifras como estas yo me pregunto lo siguiente; ¿de verdad que el hecho de coger al toro por los cuernos y elaborar una política inmigratoria sensata y real, capaz de atender a las demandas de nuestro mercado laboral y a las preocupaciones de los españoles, sería tan incorrecta en el plano político y restaría votos al partido que la llevara a buen puerto?

Sinceramente, yo creo que no.

Lucio Decumio.

09 enero 2006

Pronunciamiento

En TVE ya han encontrado el modo de apuntalar informativamente la injustísima decisión del Gobierno de ordenar el arresto domiciliario del Teniente General Mena Aguado, así como su más que segura destitución como alto mando del Ejército. A partir de ahora, las palabras, declaraciones o afirmaciones realizadas por el militar en defensa de la Constitución y de la unidad de España y en contra del nuevo estatuto de Cataluña, ya no son tales para la televisión que pagamos todos los españoles.

De ahora en adelante, la consigna es referirse a esas manifestaciones como "pronunciamiento", con la retorcida intención de que este concepto no sólo se asocie en el subconsciente colectivo a lo dicho por el Teniente General, sino que apunte directamente a la idea de que en la mente de Mena, bullía alguna suerte de decimonónico ruido de sables.

La manipulación llevada hasta sus últimos extremos. Da asco contemplar como en aras del equilibrio parlamentario más repugnante, el Gobierno es capaz de sacrificar públicamente a personas de intachable decencia constitucional, mientras permite los desmanes y los excesos antidemocráticos y anticonstitucionales de los aliados que le sustentan en sus poltronas ministeriales y palaciegas.

Lucio Decumio.

07 enero 2006

Apoyo a José Mena

El Teniente General José Mena Aguado, un militar de postín que ha sido condenado a ocho días de arresto domiciliario por José Bono, sólo por el hecho de defender públicamente la vigencia de la Constitución. Así va España. Se castigan la decencia, la honradez y el patriotismo y se premian la ignominia, la infamia y la impostura.

Para empezar el año, me decanto por las palabras en defensa de la Constitución pronunciadas ayer por el Teniente General José Mena, como línea argumental de mi primera intervención ciberespacial en 2006. Bravo por él. Aunque el estamento castrense tenga muy acotado el volumen y el contenido de sus opiniones políticas, conviene recordar, para quien no lo sepa, que Mena se ha limitado a hacer presente algo tan simple, tan real y tan evidente como que nuestra Carta Magna tiene unos límites que no pueden sobrepasarse y que de hacerse, ahí está el artículo 8 para convertirse en dique de contención.

La perogrullada -con crítica al proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña incluida- ha sentado muy mal a los de siempre, es decir, a aquellos que desde hace casi dos años, se empeñan con pérfido esmero en la voladura de nuestro sistema constitucional y de libertades. No es de extrañar por lo tanto, el congestionado y fétido griterío proferido casi al unísono por PNV, CiU, ERC, IU y demás manadas de lobos.

A estos aventajados aprendices del peor fariseísmo, les ha faltado tiempo para rasgarse teatralmente sus vestiduras, armar el tradicional bullicio que busca ocultar sus verdaderas intenciones y ladrar furiosamente en el quicio de La Moncloa para pedir la cabeza, el tronco y las extremidades de un soldado que sólo habló de cumplir con el compromiso que contrajo al jurar defender a su país y su Constitución.

Pero como de costumbre, lo peor viene por parte del Gobierno y del PSOE y de su suicida toma de partido por los declarados enemigos de la Nación.

Señores Bono, Blanco, Rubalcaba y ZP ¿desde cuándo merece punición la encendida defensa de la vigencia de nuestra Constitución por parte de un leal e intachable militar, mientras queda impune la mutilación de algunos ejemplares de la misma a manos de los cachorros de sus socios en un repugnante aquelarre por las calles de Barcelona? Señores Bono, Blanco, Rubalcaba y ZP ¿cómo es posible que el mismo día en que el traidor lendakari exige al Gobierno que soslaye la ley y que Batasuna se presente a las próximas elecciones municipales, un soldado de ejemplar trayectoria profesional y democrática sea arrestado por defender la Carta Magna sin tapujos? Señores Bono, Blanco, Rubalcaba y ZP ¿creen de verdad que es asumible para la mayoría de los españoles, incluidos sus votantes, que mientras se bañan en agua de rosas con quienes pretenden destruir la Constitución, ustedes condenen a los que hacen loa de ella?

Sólo hay una respuesta a estas interrogantes y es la la doble moral y el doble rasero, tan enraizados en el ADN del socialismo patrio. Pueden pasarse media vida exigiendo a los militares que reconozcan, acaten y respeten la Constitución -algo que por otra parte, han hecho en su inmensa mayoría con sobrado patriotismo y sentido del deber desde el mismo día de su aprobación- pero cuando uno de los más destacados jefes del Ejército toma un micrófono y pide que los nuevos estatutos -que maldita la falta harán, digo yo- no desborden los límites constitucionales, se le tiran al cuello.

Históricamente, los actos de los socialistas españoles sólo han dependido de una cosa. Del inmediato rédito político que pudieran extraer de los mismos, sin importar las consecuencias futuras o incluso sus declaraciones del pasado, aunque éstas entraran en flagrante contradicción con su actitud en el presente. El ejemplo de Felipe González es paradigmático al respecto, especialmente en lo que se refiere al asunto OTAN.

Pero en la legislatura ZPBS, el avaro afán de la inmediatez se mezcla con el cobarde aliño de la peor de las deslealtades hacia la Nación, los ciudadanos y los principios constitucionales que el Gobierno que preside, juró defender cuando tomó posesión.

Por eso, molestan quienes recuerdan lo obvio, se trata de silenciar a aquellos que defienden la legalidad vigente y su aplicación inexcusable, se busca acallar a los que denuncian tanto oprobio y atropello, se acusa de radicalidad a los defensores de la ley de leyes y se ridiculiza y aplasta mediáticamente a los que se niegan a comulgar con la idílica realidad que nos quieren transmitir el Gobierno y sus aliados con el apoyo de su devastadora artillería informativa.

Lucio Decumio.

30 diciembre 2005

Veo, veo

BS, Bobo Solemne, a punto de llegar al Congreso de los Diputados con su característico caminar errático, inestable y ridículo, que bien podría interpretarse como alegoría de su trayectoria como gobernante y de la senda en la que nos ha puesto a todos con su inconsciencia, su entreguismo y su rencor.

Hace poco, posiblemente ayer, el flamante Secretario de Estado de Comunicación, el grisáceo y anodino Fernando Moraleda, realizaba un eufórico análisis sobre la realidad actual de España y también acerca de los logros y las metas alcanzadas por el Gobierno de BS. Sin ir más lejos, éste último se ha explayado hoy a su gusto en una comida con militantes socialistas de Sanlúcar. Como estaba en territorio amigo y nadie estaba por la labor de discutirle un ápice en tan entrañables fechas, BS ha afirmado sin ningún empacho que la gestión de su gobierno es impecable y que la situación de España es inmejorable en todos los aspectos.

Para los que estamos acostumbrados a su palabrería hueca, a su litosférico perfil académico e intelectual y a su apego por la propaganda y la mentira altisonante, no nos extraña la huida hacia adelante de este farsante con ínfulas de glorioso estadista. De hecho, lo contrario habría sido lo extraño, pues BS sólo es el fiel reflejo de la clase política que está bajo su mando y que demuestra día a día, que la mentira, el engaño, la trola y el embuste forman dos parejas de cromosomas adicionales que vienen instalados de serie en el código genético de todos ellos. Y de cuya perniciosa influencia y eso es lo peor, no quieren o no pueden escapar.

Yo veo la realidad de otro modo. Y conmigo, creo que muchos miles, seguramente millones de españoles.

Yo veo un barrio barcelonés derruido por la incompetencia y la avaricia de unos gobernantes de cartón-piedra y a muchos de sus vecinos, aún alojados en hoteles o en viviendas de familiares a la espera de que una Generalitat a la que sólo le importan las poltronas de sus líderes, afronte sus responsabilidades y se ocupe de indemnizarles y realojarles convenientemente.

Yo veo un incendio de proporciones bíblicas que arrasó media Guadalajara y que se llevó por delante la vida de 11 operarios que trataban de sofocarlo. Veo indolencia, soberbia y falta de escrúpulos en los gobernantes autonómicos y en los nacionales, que tratan de enterrar informativamente aquella tragedia y evitar con ello, que sus irresponsabilidades salgan a la luz.

Yo veo un helicóptero cargado de militares españoles reventándose contra el ardiente desierto afgano y a unos líderes políticos que se empeñan en soterrar una realidad espantosa con otro manto de ocultación y desinformación. Esta vez, no interesa llevar a los familiares al Congreso para que increpen al ministro responsable del área. Tampoco interesa que se revele la verdadera naturaleza de la misión de nuestras tropas en un territorio tan hostil.

Yo veo un consejo audiovisual creado por la voluntad totalitaria de unos políticos catalanes que no aceptan -lógico por otra parte, si tenemos en cuenta sus manejos- la existencia de medios informativos que se niegan a pacer en las idílicas praderas de exclusión ideológica y de corrupción política que abundan en aquellas latitudes.

Yo veo que la idea ha calado hondo entre la clase política dirigente y que el gobierno de la Nación ya prepara la clonación terapéutica de ese mismo consejo inquisitorial para trasladarlo al resto del país y ejercer así un férreo -pero muy progresista control- de los medios y de los informadores que se empeñan en intoxicar a la población con noticias que ponen en entredicho la placidez del oasis en que vivimos.

Yo veo a uno de los buques insignia de nuestra Armada flanqueando, escoltando y protegiendo a uno de los portaaviones más modernos de la flota norteamericana, mientras que desde sus pistas despegan infinidad de cazabombarderos cuyo principal entretenimiento consiste en arrojar toneladas de bombas sobre un puñado de heroicos insurgentes que luchan por liberar a su país del yugo opresor norteamericano y de su trasnochada, burguesa y decadente democracia.

Yo veo una reunión oscura y subterránea entre el Presidente de la Comisión Europea y BS, al término de la cual, Bruselas decide mirar hacia otro lado en todo lo que se refiere a los trámites que se llevan a cabo en España para que triunfe la OPA de Gas Natural sobre Endesa.

Yo veo a una Caja de Ahorros catalana realizando una generosísima condonación general de deudas al PSC y a ERC con el fin de -soy muy mal pensado, lo sé- obtener el respaldo político de ambos para que Gas Natural, empresa de la que es principal accionista la citada Caja, pueda engullir sin mayores obstáculos a Endesa y convertirse, de facto, en el amo y señor de gran parte de la energía que se consume en España.

Yo veo a tres consejeros de la Comisión Nacional de Energía -casualmente adscritos al PSOE y a ERC- adulterando y amputando el informe de los técnicos acerca de la mencionada OPA. Veo desaparecer párrafos enteros que alertan sobre el peligro de semejante concentración energética y veo que no habrá barrera en la que se detengan todos los interesados hasta alcanzar el objetivo que se han planteado.

Yo veo detenciones ilegales de militantes de un partido político que representa a la mitad de los españoles, sólo por el hecho de encontrarse justo al lado de un ministro que dijo haber sido agredido tras alterar, conscientemente, una pacífica manifestación de ciudadanos indignados con el trato recibido por la AVT por parte del Gobierno y sus comisarios políticos.

Yo veo a un Alto Comisionado nombrado a dedo por el Presidente del Gobierno y cuya única función ha consistido en ser la espada con la que ese mismo Presidente ha tratado de dividir y enfrentar a las víctimas del terrorismo y allanarse el camino para negociar abiertamente y sin la oposición unificada de aquéllas, con los asesinos que truncaron sus vidas y las de sus seres queridos.

Yo veo que en virtud de no se sabe muy bien qué oscuras facturas, nuestro amada Nación deja de percibir el 90% de los fondos europeos que recibía hasta la fecha del presupuesto comunitario y se convierte de la noche a la mañana, en una generosa entidad de crédito que sufragará durante los próximos siete años, la mayor parte de los costes de la reciente ampliación de la unión continental.

Yo veo que Ceuta y Melilla han sido abandonadas a su suerte por un Gobierno y un presidente que están obligados a pagar importantes deudas al inquietante vecino magrebí. En razón de ello, miran hacia otra parte mientras las reclamaciones marroquíes sobre las dos plazas suben de volumen y el monarca sarasa facilita el tránsito por su territorio de hordas de subsaharianos desarrapados que luego asaltarán masivamente las vallas fronterizas de ambas ciudades.

Yo veo que la Comisión de Investigación parlamentaria que intentó arrojar luz sobre la mayor masacre terrorista padecida por España, echó -curiosamente a instancias de todos los partidos beneficiados políticamente por la matanza- un bochornoso cierre a sus trabajos, en medio de un creciente número de dudas y de revelaciones periodísticas que no sólo han hecho tambalearse, sino que han desmontado definitivamente, la burda versión oficial acerca de la autoría del holocausto.

Yo veo a un Partido Socialista de Euskadi muy interesado en llevarse a las mil maravillas con los amigos de los asesinos de no pocos de sus militantes y dirigentes y con los asesinos mismos. Veo que con su apoyo a los presupuestos del traidor Ibarreche, premian a los malos con jugosas subvenciones y castigan a las víctimas haciéndoles pagar buena parte de esas minutas.

Yo veo a un Presidente del Gobierno que no deja de tender la mano a los asesinos y de mordérsela a las víctimas. Veo al primer Presidente del Gobierno de la Historia, que no condena las bombas que los chacales hacen estallar en toda España -salvo Cataluña-, para recordarle que siguen ahí y que debe tenerlos en cuenta como interlocutores políticos válidos.

Yo veo a dos presidentes autonómicos llevando al Congreso de los Diputados sus respectivas expectoraciones ideológicas, fruto de sus delirios y de sus fiebres de grandeza aldeana. Con el apoyo unas veces explícito y otras algo más larvado del Presidente del Gobierno y de su partido, veo en ello claras intenciones de dinamitar la Constitución y la convivencia entre los españoles y separar a esas dos regiones de un cuerpo común que durante siglos, ha crecido llamándose España.

Yo veo a millones de iletrados y reaccionarios ciudadanos que protestan airadamente en las calles de varias ciudades españolas, contra leyes y decisiones tan bondadosas como la profundización en la universalización de la ignorancia estudiantil, la segmentación de un archivo nacional en virtud de un mero chantaje político, la aprobación del matrimonio entre personas que albergan tiernos sentimientos hacia las de su mismo sexo o la negociación de tú a tú con una banda asesina especializada en reventar las nucas y los estómagos de cientos de personas inocentes.

Yo veo un acoso sistemático, vía acción directa, contra una emisora de radio que cumple con su deber democrático de poner a estos actores de opereta frente a las mil contradicciones en las que incurren a diario. Veo que no les importa amenazar, amedrentar o amagar, si con ello estiman que acallarán o atemperarán las voces que critican sus errores, sus actos de mala fe y en último término su sectarismo y su totalitarismo.

En resumen, yo veo una depravación, una miseria y una degeneración moral y ética en nuestros gobernantes como no se había visto nunca en la Historia de España. Veo que la agenda política a nivel nacional está presidida por las necesidades, las necedades y el rencor de unos dirigentes que no merecen llamarse tales y que no ven más allá de sus propios impulsos de supervivencia y de aferramiento a sus prebendas y bicocas.

¿Alguien más ve lo que yo veo?

Feliz Nochevieja a todos y muy feliz y próspero 2006.

Lucio Decumio.

25 diciembre 2005

Alemania 1974-Alemania 2006

Junio de 1974. Franz Beckenbauer levanta la Copa que distingue a Alemania Federal como Campeona del Mundo de Fútbol, tras la disputa de una final histórica ante la selección holandesa capitaneada por Johan Cruyff. A su lado, Sepp Maier y Paul Breitner.

Los más avispados, los más avezados y sobre todo aquellos a quienes les apasione el fútbol tal y como me sucede a mí, ya habrán podido intuir que mis líneas de hoy no estarán dedicadas a la política ni a los políticos, sino a algo relacionado con los Campeonatos del Mundo de Fútbol.

Antes de continuar, Feliz Navidad, a toda la gente de buena voluntad y a todas las personas decentes y de bien. En cuanto a quienes buscan el enfrentamiento, la provocación y el altercado permanente, por mí como si desaparecen de la faz de la Tierra sin dejar rastro.

Concluida la digresión, vuelvo a los terrenos de juego. Me he levantado hoy aún envuelto en esa calidez que nunca abandona a la Navidad, por muchos detalles ilusionantes que aquélla pierda en virtud del paso del tiempo y por mucho que se quiera erosionar a la tradición desde muchos sectores sociales o políticos -sin quererlo, acabo de volver a rozar la crítica política, pero será la última vez en el comentario de hoy, prometido-.

En fin, que he encendido la televisión y entre una misa cantada que TVE retransmitía desde una espectacular abadía benedictina de clausura -creo que era benedictina y de clausura- en Friburgo, algunos dibujos animados e ignotas series de televisión, me he topado con uno de mis espacios favoritos: los resúmenes de los Campeonatos del Mundo de Fútbol que emite Eurosport durante los meses previos a las citas mundialistas. Lo hizo antes del Mundial de Francia en 1998, también llevo a cabo la tarea en las vísperas del Campeonato de Corea y Japón en 2002 y ahora vuelve a la carga con la tradición, cuando sólo faltan seis meses para que dé comienzo el torneo que se celebrará en Alemania.

Curiosamente, los recortes de imágenes de hoy estaban dedicados al Mundial que se disputó en Alemania en 1974. Aunque por aquel entonces yo sólo contara con cuatro años de edad, sé por las crónicas que he leído y las imágenes que he contemplado, que aquél fue un campeonato de especial significado futbolístico, en el que la hasta entonces desconocida -futbolísticamente- Holanda, se encargó de revolucionar todos los conceptos y todas las ideas relacionadas con la estrategia y la puesta en juego de este deporte. Para los buenos aficionados, la contemplación de los resúmenes de aquellos partidos que enfrentaron a los tulipanes contra Brasil, Argentina o Alemania, son una auténtico deleite en todos los sentidos. Juego vertical y al primer toque, perfecta organización y sincronización de los jugadores, velocidad endiablada, técnica depuradísima y definición magistral. Todo eso era Holanda en 1974 e insisto, da gusto ver cuantas veces sean necesarias, las evoluciones de Cruyff, Neeskeens, Resenbrink o Krol mareando a sus rivales.

Pero no era estrictamente mi intención alabar el juego holandés en aquel torneo. Tampoco la seriedad, la fe, la entrega y el pundonor de un equipo alemán que daba miedo, sólo con pronunciar los nombres de quienes vestían su camiseta y que gracias a todas esas cualidades y a la innegable categoría de sus futbolistas, terminó conquistando una corona que por derecho divino, parecía destinada a instalarse en las sienes holandesas.

No. Visionar el juego que desplegaban aquellos equipos en 1974, al lado de otras selecciones que despuntaron en ese Mundial como Polonia o Suecia, resulta gratificante, pero no es desde luego, lo más asombroso o lo más llamativo si lo ponemos en comparación con las circunstancias que envuelven a los partidos de fútbol que actualmente, tenemos la oportunidad de ver.

Evidentemente, lo primero que llama la atención es la indumentaria y el aspecto de los futbolistas en 1974. La evolución de la moda y de la estética han sido enormes desde aquellas fechas. Tanto, que aunque mi edad actual sea muy superior a la de cualquiera de los jugadores que disputó aquel campeonato, sigo teniendo la sensación de que todos ellos aparentaban al menos diez años más de los que tenían en aquel instante. Y entre ellos incluyo a aquellos que no tenían la desfachatez de lucir unas patillas que habrían hecho palidecer al mismísimo Curro Jiménez y que por otra parte, eran los menos.

Otra de las notables diferencias que se puede encontrar entre el Mundial celebrado en Alemania en 1974 y el que se celebrará en 2006 -o los disputados más recientemente-, es que la asfixiante presencia patrocinadora y publicitaria de nuestros días, es en la práctica inexistente a mediados de los setenta. Hyundai, Nike, Coca-Cola, Adidas, Ford o cualquier otra marca que en aquel año pudiera despuntar por encima de las mencionadas, simplemente no aparecen en el campo de visión del espectador o su presencia está tan difuminada que aquél apenas si se percata de que puedan estar ahí. Yo desde luego o muy enfrascado estaba en la contemplación del juego o nada de eso he visto.

Pero lo más asombroso de todo, no es la diferencia entre la imagen y la indumentaria de los futbolistas de entonces y los de ahora, así como tampoco el espectacular incremento de anunciantes que desde entonces, ha hecho presa del deporte rey. No. Lo más relevante es la abismal diferencia que existe entre el comportamiento de los jugadores en 1974 y el que muestran en la actualidad los futbolistas en activo.

Me explicaré. Hoy he visto goles de Müller, Neeskens, Cruyff o Lato, que habrían firmado sin pestañear Zidane, Ronaldihno, Ronaldo, Raúl, Van Nistelrooy y tantas otras estrellas del firmamento futbolístico actual. He podido contemplar entradas que a día de hoy, habrían significado la inmediata expulsión del jugador agresor, pero que entonces, eran penalizadas con una tranquila y sosegada admonición arbitral. He visto paradas que ni Buffon, Casillas o Kahn, han realizado todavía.

Pero sobre todo he visto hidalguía, señorío y respeto por el adversario y por los espectadores. He visto un comportamiento ejemplar durante y después del partido. He visto jugadores de todos los rincones del planeta que se dedicaban a eso, a jugar al fútbol. Y he visto aficionados de todas las nacionalidades que se empleaban únicamente en ver los partidos y animar a sus internacionales.

En 1974, no se ven absurdas y ridículas celebraciones a la hora de marcar un gol. Nadie se quita la camiseta, ni se insulta al buen gusto del aficionado, ni tampoco al jugador rival con demostraciones exageradas de alegría, ni con gestos obscenos o reprobables. El futbolista levanta sus brazos, la satisfacción se dibuja en su rostro y sus compañeros le felicitan. Punto.

Si el árbitro señala penalty, los jugadores del equipo sancionado no se abalanzan como hienas contra el colegiado para recriminarle su decisión. Máximo, es el capitán del equipo castigado el que con toda la caballerosidad y educación del mundo, se dirige al juez de la contienda y le hace un par de observaciones. Nada de encaramientos, ni de empujones, ni de gritos exaltados y ademanes congestionados.

Si hay una entrada fea, los compañeros del jugador que está en el suelo retorciéndose de dolor -no impostado, por otra parte- tampoco atacan en jauría al adversario que ha cometido la infracción. Esperan pacientemente a que llegue el árbitro y a que le sancione en la medida que éste estime oportuna. Mientras, no hay tanganas, ni peleas, ni zancadillas, ni pisotones. Nadie se toma la justicia por su mano.

Y por último, los aficionados de cada equipo enarbolan sus banderas, cantan, animan a sus jugadores y cuando el encuentro concluye, se dirigen pacíficamente a la salida sin ningún ánimo de enfrentarse a los simpatizantes del equipo rival para tomarse desquite o revancha del resultado que se ha producido en el campo.

Esto ha cambiado mucho. Y ha cambiado a peor. El fútbol es sólo un juego, aunque en los últimos tiempos haya quedado atrapado entre multitud de intereses -económicos, periodísticos, publicitarios, políticos- como por otra parte, era inevitable por su capacidad de movilización y por la atención y las pasiones que despierta.

Sin embargo, sigue siendo simplemente eso, un juego, un pasatiempo y una diversión, una proyección lúdica de la guerra -táctica, estrategia, defensa, organización, ataque y sometimiento del adversario- que posiblemente haya evitado multitud de conflictos de mayor envergadura y que en la actualidad y debido a la repercusión mediática y económica que ha alcanzado, muchas veces parece más cerca de desencadenar el desastre que de evitarlo.

A todos los interesados. Que el fútbol vuelva a parecerse lo más posible, a aquel deporte que asombraba y divertía por igual en 1974.

Lucio Decumio.

23 diciembre 2005

Partido Socialista de los Bajos Fondos

El Bobo Solemne saluda cordialmente, en uno de los pocos encuentros públicos mantenidos entre ambos, al capitán de los corsarios y cabecilla de los saqueadores. Ojalá sea sólo dinero, lo que nos cueste a los españoles estas sonrisas y estas confidencias.

Ha pasado prácticamente desapercibido en los medios -como no podía ser de otra forma-, pero lo que acaba de suceder en el Parlamento de España es grave, muy grave.

Que los diputados del PSOE hayan votado contra una proposición del PP que solicitaba la condena parlamentaria de la provocación, asalto o ataque perpetrado hace unas semanas contra la Cadena COPE por cinco cachorros de ERC capitaneados por dos diputados de esa misma formación, que desempeñan su labor en el mismo Congreso y que utilizaron las oficinas del Hemiciclo para dar cobijo a los alevines del totalitarismo esquerrista, es ilustrativo de cuáles son las intenciones del partido dirigido por Zapatero, así como de sus aliados.

El mensaje es claro y nítido. Vale todo si de amedrentar al adversario se trata; cualquier método coactivo es justificable, siempre que se utilice con el fin de acallar las voces críticas que contra el Gobierno y sus socios, llegan desde medios informativos que representan la voz y el sentir de millones de españoles que no comulgan con los delirios rupturistas de la caterva gobernante; la amenaza contra el rival ideológico sirve y se disculpa; la coacción es una herramienta válida en el juego político.

A aquéllo, a la votación parlamentaria que no condenó –con el apoyo del PSOE- el ataque contra la COPE, se unen señales cada vez más sombrías. El Parlamento Catalán –con los votos a favor del PSC- alumbra una bestia antidemocrática y coercitiva con el fin de blindar a su corrupta clase política contra las denuncias de los medios de comunicación no afectos y por su parte, el Parlamento vasco aprueba –con el soporte de los diputados del PSE- unos presupuestos regionales que recogen ayudas a los familiares de los presos etarras, incentivos pagados y financiados en buena parte por las víctimas de esos mismos criminales.

Esta suicida deriva del PSOE y de sus arterias periféricas, de la que es exclusivo culpable el Presidente del Gobierno en virtud de su retorcimiento moral, su debilidad política y su analfabetismo democrático, sólo puede tener una consecuencia de cara al futuro: que las prácticas dictatoriales y camorristas empleadas por sus aliados, deriven en problemas y en conflictos de mucha mayor envergadura.

Quisiera equivocarme, pero desde que el Partido Socialista accedió al Poder el 14 de Marzo de 2004, es dramáticamente sencillo dar con las claves de los acontecimientos venideros; basta con hacer una previsión de futuro lo más negativa posible y lo más alejada del sentido común y habremos acertado. O tal vez no. Quizás nos hayamos quedado cortos.

Si todo un Congreso de los Diputados es incapaz de condenar un ataque tan descarado y abierto contra la libertad de expresión, si un Parlamento regional acoraza a su clase política contra los medios que no se pliegan a sus designios y si otro premia a los malos y castiga a los buenos –todo ello con la excepción del PP- es que algo muy grave falla en España. Y ese algo que falla y que no sólo no deja avanzar a los españoles en el desarrollo y el afianzamiento de sus libertades, sino que además las recorta cada vez más, es un partido de teórico ámbito nacional entre cuyas funciones deberían encontrarse la vertebración del país en todas sus áreas y la salvaguarda de los principios constitucionales fundamentales, pero que por su desmedida ambición de poder, se ha situado –tal vez debería decir que se ha vuelto a situar- en las antípodas de aquello que debería defender.

Es el PSOE. Una formación cada vez más contemplativa con los mamporreros liberticidas y anticonstitucionales y cuyo único objetivo a medio y largo plazo, no es el bienestar de los españoles y una mejor calidad de vida para éstos, no. Su meta es mucho más espuria y sucia: perpetuarse en el poder mediante la fragmentación representativa de sus adversarios políticos y la eliminación técnica de los medios críticos.

¿Exagero? No, desde luego que no. No quisiera volver a repetir aquello de que lo peor aún está por venir, pero debo. No poner coto a la insensatez política y a las salvajadas callejeras perpetradas por formaciones altercadoras y antinacionales, pone muy gravemente en peligro la convivencia, la paz ciudadana y la integridad física de quienes critican y revelan las miserias de la clase política. Eso seguro que lo tienen claro en el PSOE y en sus mandos, pero lejos de importarles y preocuparles, parece complacerles.

Lucio Decumio.

22 diciembre 2005

Esencia de doble rasero

Moratinos convoca al nuncio del Vaticano en España por la "broma" de la Cope a Evo Morales, presidente electo de Bolivia, Zapatero llama personalmente al líder "cocalero" -ése sí que le descuelga el teléfono- para felicitarle y disculparse por la "inaceptable" chanza de la cadena de radio y el Gobierno boliviano llama al embajador español en La Paz para expresarle sus protestas por esa misma cuestión.

Y digo yo. Si las víctimas de la guasa hubieran sido José María Aznar, George Bush o Angela Merkel -difícil, porque aunque la propaganda progresista los perfile como imbéciles, son bastante más despiertos que Chávez, Castro o el propio Morales, que sí que han caído en la trampita- y la emisora que hubiera hecho pasar a uno de sus colaboradores por algún otro dirigente político que quisiera hablar con aquéllos, hubiera sido, digamos, la Cadena Ser ¿habría sido tan furibunda la reacción de este tropel de incompetentes y sepulcros blanqueados?

¿Verdad que no?

Pues eso.

Lucio Decumio.