28 agosto 2005

Asaltos, arietes y banderas

Lo sé amigos. Me he tomado un largo descanso durante el último mes y ello ha redundado en una nula actualización de mi página en las últimas semanas. Pero vuelvo con redobladas fuerzas y ahí va la muestra de lo que digo, aunque sea con algunas jornadas de retraso.

Con el paso de los años, la Izquierda ha logrado que el subconsciente colectivo de los españoles –incluso de aquéllos que se encuentran en sus antípodas ideológicas- haya terminado por identificar a los partidos y dirigentes de ese espectro político con las banderas de la paz, la igualdad, el progreso, la ecología y una interminable serie de estandartes que envuelven tanta o más carga simbólica que los citados.

Estas insignias, enarboladas con los aditamentos precisos que requiere cada ocasión y servidos por los mañosos e innumerables fogoneros mediáticos a su servicio, han sido, son y desgraciadamente serán por mucho tiempo, el gran ariete del que se sirvan PSOE, IU, ERC y demás formaciones de perfil marxista o nacionalista, para infamar y avasallar a sus rivales políticos desde cualquier lugar y en cualquier momento, todo ello con un coste político cercano a cero.

Pero desgraciadamente, el citado abanderamiento no sólo actúa como estilete. También funciona como parapeto ideológico que permite repeler con comodidad cualquier crítica a su gestión política, haya sido ésta llevada a cabo desde el Gobierno o desde la Oposición. Dicho de otra forma, la Izquierda y los nacionalismos han logrado que, gracias al continuo flamear de esas banderas y al apoyo de sus corifeos mediáticos, la sociedad les juzgue por las ideas que dicen defender, pero no por sus acciones y por la repercusión y consecuencias de las mismas.

Sólo así puede entenderse que tras casi año y medio en el gobierno, la sucesión de claudicaciones en aras de la bandera de la paz, de desmanes envueltos en la insignia de la igualdad, de retrocesos revestidos por el pabellón del progreso y de aberraciones cubiertas por el verde distintivo de la ecología, apenas hayan arañado el crédito del gobierno más débil, pusilánime y laxo que ha conocido España en muchísimos años, como tampoco parece haber hecho demasiada mella en el reconocimiento de sus socios parlamentarios.

Ante esta concatenación de abusos, siempre desde la misma vertiente, no hemos sido pocos los que hemos levantado la voz. Y tan diáfanos han sido los desmanes, que con un simple ejercicio de comparación entre el tratamiento social e informativo recibido por unos y por otros ante hechos similares, el fraude y el doble trato quedaban de inmediato al descubierto.

Sin embargo, quienes venimos denunciando tanta doblez y tanto fariseísmo, nos hemos visto sobrepasados. Conjeturas del tipo ¿qué habría ocurrido si un diputado del PP hubiera hecho...? o ¿qué habría pasado si un presidente autonómico del PP hubiera decidido...? o ¿qué habría sucedido si un dirigente del PP hubiera dicho...? ya no sirven para encabezar más críticas o censuras a las decisiones o a los actos del Gobierno socialista y de sus socios.

Y no sirven por la sencilla razón de que la Izquierda y sus amigos nacionalistas, han puesto el listón muy alto. Tanto, que cabalmente es imposible imaginarse a un diputado nacional del PP capitaneando con premeditación y alevosía, el asalto al domicilio particular de un periodista desafecto; a otro congresista del mismo partido facilitando la entrada en el Parlamento Nacional de familiares de soldados españoles fallecidos en misiones en el extranjero con el ánimo de coaccionar a un dirigente rival o incluso a un Presidente del Gobierno de la citada formación, vendiendo a su país a terroristas, secesionistas y ventajistas de todo pelaje.

No obviaré la carga de errores que por su condición de tal, cualquier humano comete, así como tampoco soslayaré el ineludible porcentaje de ovejas negras que salpica a cualquier organización o agrupación formada por los hombres. Quiero que todo ello vaya por delante cuando afirmo que la Derecha sociológica en general y el Partido Popular en particular, engloban a un espectro de dirigentes, cuadros, votantes y simpatizantes que se atiene a las reglas del juego, las acata, las respeta y sobre todo, cree en ellas y en la legitimidad de la que emanan, que son el pueblo español y la Constitución que se otorgó soberanamente en 1978.

Por el contrario y salvo muy contadas excepciones, los líderes de la Izquierda por un lado y sus homólogos nacionalistas por otro, no nos dejan de dar muestras a diario de su falta de respeto por esos mismos principios y de su ánimo por pervertirlos y adulterarlos en beneficio propio.

Lucio Decumio.

05 agosto 2005

Erróneas prioridades

El curso político debería haber tocado a su fin hace ya algún tiempo. Sin embargo, los padres de la patria –y los padrastros del delirio esencialista- siguen enfrascados en mil y una discusiones, especialmente en lo que a la futura modificación del Estatuto de Autonomía de Cataluña se refiere.

Como de costumbre y van “n”, quien accionó el tirador de la Caja de Pandora fue una vez más el que debería mantenerla cerrada a cal y canto, es decir, el de siempre. En su afán por no molestar a los matones y a los chantajistas en los que se apoyó para acceder al Poder y que en todo este tiempo no se han recatado a la hora de obtener el máximo beneficio de tan impagable bicoca al frente del Ejecutivo, Zapatero aseguró hace unos meses que cualquier texto que aprobara el Parlamento Catalán, sería bien recibido por el de la Nación para su postrer aprobación.


Ante semejante declaración de intenciones, no es a Carod, a Mas e incluso a Maragall a quienes cabe criticar en primer lugar por la elevación diaria del tono insolidario de sus exigencias y por sus inocultables tendencias centrífugas. En realidad, son individuos de atravesada trayectoria a quienes se les ve venir desde hace tiempo y cuyas declaraciones o actuaciones en pos de la desmembración de nuestro país, aunque siempre nos muevan a la náusea, no pueden sorprendernos.

Es Zapatero en cambio, el principal responsable. Su debilidad política, su bajeza moral y su miseria intelectual son los culpables últimos de esta permanente espiral degenerativa en la que vive instalada la vida política española en general y muy en particular, la que afecta a regiones como Cataluña, País Vasco y en último lugar y como última frontera, Galicia.

En estas tres autonomías y gracias a las reprobables cualidades presidenciales que mencionaba previamente, a la permanente enajenación quimérica de los líderes políticos regionales y a los eternos complejos del conjunto de los partidos políticos nacionales frente a éstos últimos, los problemas reales de los ciudadanos parecen haber pasado a un segundo, tercer o cuarto plano de las ocupaciones de los políticos locales, que teóricamente, fueron elegidos al efecto de poner coto a las inquietudes cotidianas de los votantes catalanes, vascos o gallegos.

Aunque podría centrar mi análisis en cualquiera de las tres regiones, por cuestiones de economía de espacio y tiempo, hoy sólo hablaré de Cataluña. En las últimas fechas han aparecido varias encuestas que aseguran que las principales preocupaciones que afectan al electorado catalán son parejas a las de cualquier otro ciudadano de España. Paro, inmigración, vivienda, delincuencia....Vamos, lo normal. Y sólo entre las últimas se menciona la modificación y la aprobación de un nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña. Asimismo normal.

Sin embargo, la clase política catalana –esencialmente aquélla vinculada a CiU, ERC, PSC e IU- ha hecho oídos sordos desde el minuto uno a las opiniones de la mayoría de los catalanes y ya cumple casi dos años enzarzada en una abrupta pelea de gallos cuyo eje principal no es la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos a quienes dicen representar, sino el blindaje de su propia categoría de casta superior e intocable a través de la reforma de un Estatuto de Autonomía que desborda a la Constitución por los cuatro costados y que pretenden convertir en el último trampolín sobre el que catapultarse hacia la independencia.

Y tal ha llegado a ser el estruendo y la intensidad de la lucha, que hasta el parnaso de democracia y progreso que se levantó sobre la armonía, el cariño y la fraternal colaboración entre el nieto del poeta, el hijo del guardia civil y uno de IU que pasaba por allí, se ha visto sacudido por fuertes movimientos telúricos que amenazan con hacer saltar por los aires las idílicas relaciones que mantenían hasta la fecha Carod y Maragall.

Particularmente, me da igual cómo acabe el tripartito catalán. Perdón por la inexactitud; cuanto peor terminen, mejor para Cataluña y para España, eso sin duda.

Pero lo que ya no me da lo mismo es lo que pueda pasar en Cataluña, en la Cataluña real, pues los políticos locales, cuya prioridad debería ser el bienestar de sus conciudadanos y la resolución de sus problemas del día a día, se emplean por el contrario, en mil y una pendencias, en apuñalarse, en desplantarse y en zancadillearse como harían vulgares verduleras.

Porque mientras Carod, Mas y Maragall se afanan, con la bobalicona complacencia “zpresidencial”, en la ejecución de peligrosos malabarismos políticos en los que se pone en juego la unidad y el futuro de España, los desplomes de barrios por obras mal planificadas, concedidas y ejecutadas, no terminan de entender acerca de nuevas e inconstitucionales transferencias, los incendios forestales que a buen seguro también visitarán a Cataluña durante este verano, no observarán de acorazamientos competenciales y el descontrol inmigratorio, los colapsos circulatorios, la delincuencia, la subida del precio de la vivienda o los problemas de suministro energético, no se disolverán como por ensalmo a la vista de fabulados adeudos históricos.

Lucio Decumio.

27 julio 2005

Cuidado Manjón

Vive encaramada por voluntad propia en las almenas de la cólera y de la ira. Imagen y portavoz de una minoría de las víctimas de la masacre, Pilar Manjón decidió hace tiempo y con la complacencia y el apoyo del Gobierno y sus Altos Comisionados, someter a la sociedad española y especialmente a quienes considera que se encuentran en sus antípodas ideológicas, a un constante chantaje sentimental mediante el cual se permite utilizar el dolor que le aflige, como parapeto desde el que arrojar sus flechas impregnadas de sectarismo político.

Instalada en esa absurda espiral de odio y encono a través de la que culpabiliza de la muerte de su hijo a rivales políticos y mediáticos, al tiempo que por omisión exculpa de la misma a quienes realmente perpetraron la carnicería, Manjón acaba de superarse a sí misma durante su intervención en los cursos de verano de la Universidad Autónoma.

Parecía difícil que excediera el listón que ha ido elevando durante los últimos meses, regalándonos sin solución de continuidad un sinfín de perlas elaboradas con el nácar de un ilimitado revanchismo personal. Aljófares como sus gratuitas imputaciones de asesino a destacados dirigentes políticos, su laxitud ante el carpetazo a alguna comisión de investigación, sus intentos de división de las víctimas o sus más que discutibles puntos de vista sobre quién puede considerarse o no víctima del terrorismo, han jalonado su reciente recorrido público. Pero como decía, se ha superado.

Que vetara a la COPE durante su intervención en los citados cursos era algo que cabía imaginar que sucediera tarde o temprano, a la vista del temple y el perfil democrático que suelen ofrecer aquellos que pomposamente se autodenominan como luchadores por la libertad y la democracia. Pura destilación de ADN comunista, en definitiva.

Pero hace falta ser miserable, demagogo y mezquino o por el contrario sufrir muy serios trastornos acerca de la percepción de la realidad circundante, como para acusar de descontrol y descoordinación a los servicios sanitarios que durante aquella terrible jornada, hubieron de hacer frente a una situación de excepcionalidad clínica sin precedentes en la historia de España.

Comprendo y comparto el dolor por la pérdida de un ser querido, más si hablamos de un hijo. Pero creo que eso no da derecho a estar permanentemente buscando culpables allá donde no los hay y responsabilizando de no se sabe muy bien qué faltas a quienes sólo trataron de hacer su trabajo lo mejor posible en las condiciones más dantescas que quepa imaginar.

Independientemente de la asociación o partido político al que representen, los portavoces de la izquierda son incapaces de escapar a la ruin instigación manipuladora contra los poderes públicos que no son de su cuerda ideológica. Pueden estar seguros los lectores de lo siguiente; si el 11 de Marzo de 2004 el Ayuntamiento de Madrid hubiera estado encabezado por Trinidad Jiménez en alianza con IU, Manjón no sólo no habría criticado la actuación de los servicios de emergencia y asistencia, sino que no se habría cansado de alabar su entrega y encomio, aunque aquéllos hubieran permanecido de brazos cruzados durante la hecatombe.

Pero hay un pequeño inconveniente en el hecho de pasarse la vida tratando de ajustar cuentas y de desquitarse con los adversarios políticos, sólo por eso, por ser contrincantes en los asuntos públicos; que los fantasmas y los pecados del pasado, en forma de manipulación de atentados, petroleros o aviones accidentados suelen volver hasta el presente para recordar a quienes utilizaron de modo partidista aquellos acontecimientos, que cualquier gobierno, independientemente de su color, ha de afrontar durante su mandato su cuota de desastres y catástrofes.

Hoy ha sido el incendio forestal de Guadalajara, ecológicamente más lesivo que el hundimiento de un petrolero y con un coste humano de casi insoportable asunción. Ayer fue el desplome del Carmelo, del que gracias a la liviana estima de la izquierda por la libertad de expresión, no sabemos absolutamente nada desde hace meses. Y mañana puede ser un vuelco informativo acerca de los luctuosos hechos del 11 de Marzo que acabe por derrumbar las cada vez más carcomidas vigas sobre las que se sostiene la versión oficial.

Así que, cuidado Manjón.

Lucio Decumio

21 julio 2005

Algunos cambios


Bien, pues ya lo estáis viendo. Tras dos años de presencia cibernética, en los que he publicado cerca de doscientos comentarios bajo una apariencia realmente cutre y trasnochada, me he decidido a aplicar una serie de modificaciones en mi vetusto blog.

Como resulta obvio para cualqueir observador, los cambios tampoco han sido nada del otro mundo, pues son las nuevas herramientas y opciones que ha ido añadiendo Blogger en fechas recientes, las que me han permitido dar un poco de llana a las viejas paredes de la página.

Sólo espero que a los habituales de este pequeño espacio os guste la nueva configuración. A mí particularmente, me satisface un poco más que la anterior.

Lucio Decumio.

20 julio 2005

En guerra

Los mares de injusticia global han vuelto a encresparse durante los últimos días para revolverse con desmedida furia contra las impías costas de las democracias capitalistas que, como todos sospechamos, son el origen de tan tempestuosas manifestaciones. Empezando por el tornado islamista que devastó Londres, en la forma tan parecido al que arrasó Madrid, pero en el fondo tan diferente, sobre todo en cuanto a las reacciones políticas que subsiguieron al drama británico, hemos contemplado cuatro o cinco días enormemente agitados; fuerte oleaje en el Cantábrico en forma de atentados etarras en el País Vasco, marejada a fuerte marejada en el Mediterráneo Occidental bajo la silueta de agresiones anarquistas en Barcelona y ciclones desbocados en el extremo oriental del Mare Nostrum que se han llevado por delante la vida de dos personas y han herido a decenas de ellas en Israel. De Iraq ni hablo, pues desde hace meses se encuentra situado en el ojo del huracán y parece no llegar el día en que salga de tan peligrosa espiral.

Al respecto de esta escalada global del chantaje terrorista, cuya cabeza más visible y sanguinaria es el radicalismo islámico, alguien de cierta relevancia política y social cuyo nombre no recuerdo, ha manifestado recientemente que las sociedades occidentales tendrán que acostumbrarse a convivir con este azote durante largo tiempo. Centrándome exclusivamente en el terrorismo de turbante y chilaba, diré que será difícil, muy difícil tratar de llevar una vida normal, serena y próspera cuando desde las peores y más rancias teocracias del planeta, no se va a dejar de invitar con denuedo a sus súbditos para que prosigan y redoblen esa odiosa rebelión contra Occidente, que se escuda fundamentalmente en la falacia de que las paupérrimas condiciones de vida que padecen casi todos los países de mayoritaria confesión mahometana, tienen su raíz en la presión que la avaricia capitalista ejerce sobre ellos.

Pero es cierto. Habrá que coexistir con esa permanente amenaza hasta que se haya eliminado el verdadero semillero a partir del que crece como la hidra, el terrorismo islámico. La falta de libertad, la conculcación de los más elementales derechos humanos y sobre todo, esa asfixiante tenaza político-religiosa que rige los destinos de la casi totalidad del mundo árabe y que se encarga de mantener en la miseria moral, intelectual y material a millones de seres humanos a los que resulta más fácil seducir para que se autoinmolen en Bagdad, Londres, Madrid, Nueva York o la próxima, que abrirles paso a la democracia y a la libertad en sus propias naciones.

Sin embargo, aun siendo muy complicado que nos podamos habituar a tanta perfidia ciega y criminal, más difícil resultará convivir con aquellos que se empeñan en darle la razón a tiranos, déspotas y autócratas y que buscan el origen a tan horrendos crímenes dentro de las mismas sociedades que les concedieron la oportunidad de crecer en paz y libertad. Más daño hacen estos últimos con su entreguismo, su claudicación y esas llamadas a la autoinculpación y a la postración ante aquellos que nos quieren matar por lo que somos y por lo que significamos, que no las propias acciones terroristas que se llevan por delante a una, diez o cien personas inocentes.

Si de verdad la causa de tanta sordidez criminal se encontrara en la explotación capitalista de los países más pobres del globo, ¿porqué no hemos conocido manifestaciones terroristas indiscriminadas provenientes de docenas de países sudamericanos, asiáticos o subsaharianos que viven en peores condiciones que los islámicos?

Que nadie se llame a engaño. Si no hubiera habido una Palestina en conflicto con Israel o una intervención en Iraq encabezada por los Estados Unidos, ya habrían encontrado los asesinos y sus caudillos, así como los mezquinos y los débiles de espíritu, otras excusas tras las que parapetar y disculpar los trenes, los autobuses y los rascacielos volando por los aires.

Por desgracia, estamos ante un enfrentamiento de civilizaciones, de dos cosmovisiones del mundo. Una, que defiende la libertad del individuo y su crecimiento personal y material en una atmósfera de respeto a sus derechos intrínsecos como ser humano y otra que niega violentamente todo lo anterior, tanto en sus lugares de origen como allá donde se desplaza o tiene presencia.

Y para desgracia de España, tenemos un Presidente empeñado en abrazarse con la segunda sin que ésta tenga intención de renunciar o eliminar de su matriz tan abominables principios.

Lucio Decumio.

13 julio 2005

Interrogantes desde Londres

España, a través de la no designación de Madrid como sede de los Juegos Olímpicos de 2012, acaba de abonar la penúltima de una serie de facturas que el mundo anglosajón en general y los Estados Unidos en particular, vienen obligando a pagar a nuestra Nación por las innumerables afrentas y los gratuitos agravios que la izquierda española y el Gobierno socialista en laica comunión, han perpetrado con incontenible soberbia durante los dos últimos años contra el gigante americano.

Las actitudes chulescas, las bravuconadas vociferantes, los insultos, los desplantes titiriteros, los llamamientos a la deserción, el alineamiento con los representantes de las dictaduras más sanguinarias y chabacanas, así como el desafío y el encaramiento constante contra una nación amiga y aliada que a su vez es la primera potencia mundial, están cosechando el rosario de agrios frutos que cabía esperar. El último de ellos es, de momento, ese amargo trasvase de sufragios desde la candidatura neoyorquina a la londinense y que a lo largo de su cauce, no se dejó ni una sola gota en forma de votos añadidos al estanque madrileño.

Con ser ello serio, considero más grave el hecho de que sólo dos dirigentes del PP –mujeres para más señas- hayan relacionado la derrota de la candidatura de Madrid con la política exterior engreídamente tercermundista y manifiestamente hostil hacia los Estados Unidos del Gobierno de Zapatero. Sólo Esperanza Aguirre y Ana Botella -y Rajoy pasados unos días- han tenido la valentía de llamar leche al líquido blanco que han visto acumulado en una frasca de vidrio, mientras que los demás han mirado hacia otro lado o han permanecido callados, seguramente invadidos por el miedo a que semejante declaración les sea devuelta por los frontones mediáticos afines al gobierno, envuelta en las tradicionales acusaciones de fascismo o ultra-conservadurismo y acompañada por el habitual linchamiento informativo que sufren los disidentes. Tan reverencial es ese temor que algunos como Gallardón, han sido capaces incluso de acumular para sí, en un ejercicio de sadomasoquismo político sin precedentes, toda la responsabilidad del fracaso de Madrid 2012 en Singapur.

Y ahora, enlazo con los salvajes atentados que reventaron la vida y la paz de la capital del Reino Unido. Yo me pregunto, a la vista del proceso de elección de la sede para los Juegos de 2012 y de las reacciones políticas que ha suscitado en España, si alguien dentro de la Derecha nacional tendrá el suficiente arrojo como para siquiera sugerir que los terroristas que sembraron ayer el pánico y el horror en Londres, actuaron del mismo modo que lo hicieron en Madrid hace 15 meses, animados y esperanzados en buena medida por los fecundos resultados obtenidos a partir de sus criminales actos de Marzo de 2004.

A estas alturas, también me cuestiono si hay alguien que pueda no pensar que tanta claudicación, cobardía y ausencia de principios y valores en la lucha contra el terrorismo islámico y etarra, no han sido un factor determinante que haya redoblado la voluntad asesina de quienes ayer segaron la vida de decenas de londinenses.

Y en última instancia y llegados hasta aquí, ¿quién puede no esperar nuevas represalias políticas o económicas de Londres o Washington contra España y su gobierno -a quien justamente podrían considerar en parte responsable por omisión de la masacre- dada la irritante pusilanimidad de Zapatero ante el terror y sus no menos enojosas convocatorias al apaciguamiento, la rendición, la aproximación, la comprensión y la negociación capitulante ante los sicarios de cualquier signo?

07 julio 2005

Suma y sigue

Decía hace unos días que dado el actual estado del ruedo político ibérico, sólo hacía falta aguardar unas horas para comprobar cómo las patrañas y los atropellos perpetrados por socialistas y nacionalistas, se veían ampliamente superados a las pocas horas por nuevos descomedimientos y redoblados embustes.

Y a fe que esta última semana me ha dado ampliamente la razón, pues ha sido pródiga en situaciones de esperpento totalitario y enconado revanchismo justiciero. Tanta inquina contra el rival político sólo puede tener su origen en un enfermizo intento de ocultar los propios excesos antidemocráticos que antes, ahora y siempre, han jalonado, jalonan y jalonarán buena parte de la trayectoria vital del socialismo y del nacionalismo patrio.

Y ya no importa ni siquiera el lugar. Si el intento de laminación, de agresión o de amordazamiento ha de producirse en el Parlamento, sede que debería ser inviolable de la soberanía nacional, que se produzca, que ya inventaremos alguna excusa que nuestros altavoces mediáticos puedan encargarse de repetir ante la opinión pública hasta que se inviertan los papeles y se criminalice al adversario que sufrió la tropelía y nosotros salgamos plenamente absueltos de cualquier culpa e incluso y si es posible, con la vitola de víctima.

Y así, una y otra vez. Que quiero subirme a la tribuna del Congreso para pronunciar un discurso vacuo y autocomplaciente sobre una ley absurda que se me ha metido en las narices aprobar, al tiempo que no dejo intervenir al líder de la Oposición para replicarme, pues lo hago y no pasa nada.

Que se me ha ocurrido invitar al Parlamento, saltándome las más elementales normas del Reglamento del Congreso, a algunos familiares de los fallecidos en el accidente del Yak-42 para echárselos al cuello del Ministro de Defensa que ocupaba el cargo cuando se produjo el suceso y al que acabo de reprobar políticamente por su actuación, en un acto de desquite sin parangón en la historia de nuestra democracia, pues lo hago, que tampoco va a pasar nada.

Que a un antiguo militante de Terra Lliure y simpatizante de ERC se le pasa por la cabeza hablar de exterminio de los disidentes en Cataluña en un pasquín nacionalista local que quiere llevar el nombre de periódico, pues que lo haga, que no sólo no se le afeará su actitud y no se le llevará ante los tribunales, sino que se le aplaudirá fervientemente la ocurrencia entre las cada vez más leves protestas de quienes disienten de la asfixia nacionalista que padecen.

Que me apetece cerrar una comisión de investigación -que tuve que abrir a regañadientes- para que no se sepa toda la verdad acerca de la mayor masacre terrorista padecida por España en toda su Historia y sobre la que me apoyé para alcanzar el Poder, pues la cierro y aquí paz y después gloria.

El problema de base es que más allá de la mera denuncia que pueda hacer de estos agravios despóticos que padece por parte de la Izquierda, de los nacionalismos y de todos sus amigos circunstanciales, la Derecha está atada de pies y manos. Si ya se acusa a este sector social de fascista o ultraconservador cuando utiliza los cauces democráticamente exigidos para protestar contra las arbitrariedades que sufre o simplemente cuando va paseando con sus hijos por la calle, no quiero ni imaginarme los calificativos y los actos de violencia física y verbal de que podría ser objeto si, por ejemplo, Esperanza Aguirre no dejara hablar a Simancas en un pleno regional, si los familiares de las víctimas de ETA hubieran sido invitados al Congreso por Zaplana y Acebes para protestar contra la iniciativa socialista que abogaba por negociar con los asesinos, si algún columnista simpatizante del PP hubiera sugerido en algún medio afín que la solución para librarse de quien piensa diferente pasa por la persecución y el aniquilamiento o si durante la crisis del Prestige, el Gobierno de Fraga o incluso el de la Nación, hubieran decretado un apagón informativo como el perpetrado por Maragall en relación al Carmelo.

Sin embargo y aunque no hay demasiados elementos objetivos que me inviten a pensar así, sigo sin perder la esperanza de ver algún día el fin de esta pesadilla dadaísta, pues en algún momento, las gentes de bien que dormitan bajo el influjo de la machacona propaganda progresista, habrán de despertar del letargo manipulador en el que se encuentran sumidos. Y para alcanzar esa meta, el único camino que se me aparece es la denuncia constante y serena de tanto desmán y tanto despique. Eso y el respeto escrupuloso a las reglas del juego, aunque el contrario no quiera acatarlas. De este modo, mediante el pequeño goteo de la evidencia, se habrá de hacer patente día a día, semana a semana y mes a mes, quién está interesado en convivir, prosperar y cimentar y quién en enfrentar, medrar y demoler. Al menos eso espero.

Lucio Decumio.

01 julio 2005

El oprobio judicial

Lo peor de la España que nos ha tocado en suerte vivir desde los atentados terroristas del 11 de Marzo, no son las situaciones esperpénticas que a diario se nos muestran, tengan éstas su origen en el Gobierno, en su Altos Comisionados, en sus socios parlamentarios o en sus apéndices mediáticos o jurídicos. No, con ser ello malo, es aún peor esa desasosegante convicción de que nos provee la experiencia y que nos asegura que al día siguiente, la tramoya de la víspera se verá superada por un enredo, una chapuza o una farsa de un calibre todavía mayor.

Tristemente, el penúltimo episodio de esta tragicomedia del fingimiento en la que nos han instalado ZP y sus legados del embuste, ha tenido lugar en el marco de una de las cuestiones de mayor calado de nuestra política interior y que asimismo, mayor grado de sensibilidad y preocupación despierta entre los ciudadanos. Me refiero a la lucha antiterrorista y a las sucesivas sentencias y autos judiciales que en las últimas jornadas, han ido allanando el camino hacia la libertad de alguno de los criminales más sanguinarios y de no pocos de sus más rendidos imitadores callejeros.

No enumeraré los hechos, pues bien conocidas son de todos las decisiones de tres jueces que, haciendo gala de una indolencia rayana en la irresponsabilidad, han dejado en libertad a más de una veintena de jóvenes alimañas etarras para que puedan seguir ganando en las calles la violenta experiencia que les hará dar el salto al primer equipo del crimen. Adicionalmente y para que al combinado del terror no le falte de nada, su más destacado y desalmado caudillo podrá ponerse al mando de los jóvenes cadetes a partir del mes de agosto, gracias también al particular modo que de interpretar las leyes, tiene uno de los tres jueces previamente mencionados.

Sólo la idea de que De Juana Chaos reorganice un comando terrorista con alguno de los muchachotes de Jarrai que han sido puestos en libertad, para que posteriormente estos depredadores cometan alguno de esos asesinatos por los que después brindará alegremente el jefe de la manada, me pone la carne de gallina. Y debería ponérsela también a Pedraz, Guevara y Ollero, los tres magistrados que han redactado los ignominiosos autos. Sin embargo, tengo la sensación de que aunque este turbador y sangriento escenario tuviera finalmente lugar, ni a estos tres tenores de la burla a la justicia ni a sus mecenas políticos, que los hay, se les removerían siquiera un ápice sus conciencias glaciares y claudicantes. Tiempo habría, llegado el caso, de volver a mentir, de volver a manipular y de volver a tergiversar la realidad, terminando por derivar las responsabilidades de tanta insensatez al primero que pasara por allí y tuviera aspecto de votante, simpatizante o dirigente del PP.

Pero como decía, tras estas escandalosas decisiones, sólo hemos tenido que esperar unas horas para asistir a un nuevo capítulo de desvergüenza gubernamental. Ver al Presidente del Gobierno de España flanqueado por su Alto Comisionado para la Destrucción de las Víctimas del Terrorismo y por ese remedo de sheriff de Nottingham que es el Ministro del Interior, José Antonio Alonso, disimulando los tres ante la AVT y riéndose de las víctimas, al tiempo que sus embajadores proconsulares para la postración ante ETA, se reunían alegremente en el sur de Francia con destacados miembros del inframundo batasuno para llegar a sabe Dios qué acuerdos con ellos, causa grima, rabia y tristeza. Mucha tristeza, de verdad.

La situación se hace cada vez más intolerable y lo que olía a podrido, ya apesta. Sabemos a quién se le hacen efectivos tantas y tan pestilentes facturas, pero desconocemos en virtud de qué se abonan tan infames letras. Eso sí, que se haya dado portazo definitivo -con la exclusiva oposición del PP- a la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre los atentados del 11 de Marzo, dejando en evidencia una vez más las intenciones opacas y obstruccionistas del Gobierno y de sus circunstanciales y taimados aliados, podría darnos algunas pistas acerca de los motivos.

Lucio Decumio.

23 junio 2005

Vuelco en las calles

Resulta curioso y hasta paradójico que el mismo Presidente del Gobierno que durante dos largos años apoyó su asalto al Poder en un sinfín de manifestaciones populares convenientemente aliñadas con los peligrosos ingredientes de la manipulación, la coacción, el insulto, la amenaza y el asedio al rival político, se haya encontrado de bruces con diversas convocatorias que, con carácter consecutivo y multitudinario, han alzado una voz serena, firme y templada contra tres de las decisiones políticas más lacerantes e hirientes que un Ejecutivo haya podido idear contra sus gobernados.

Y eso duele. La calle, lugar que tradicionalmente ha sido posesión de esa izquierda tan resueltamente carnavalesca y titiritera en las formas, como agresiva y belicosa en el fondo, ha pasado en un abrir y cerrar de ojos a manos de una mayoría silenciosa y trabajadora que durante mucho tiempo permaneció temerosa de exponer públicamente sus sentimientos y pareceres. Han bastado sin embargo tres decisiones gubernamentales arbitrarias y confrontadoras por las que se ha sentido justamente agredida y humillada, para sacudirse sus miedos y complejos y decir bien alto y bien claro desde el más exquisito de los civismos, que todo esto no le gusta y que las cosas tienen que cambiar.

Tal vez influida por la errónea creencia de que a la vista del nada ejemplar comportamiento de quienes habitualmente se manifestaban en las calles, concentraciones callejeras y violencia eran conceptos sinónimos e indisolubles, la derecha haya tardado tanto tiempo en disputar con garantías a la izquierda, el patrimonio de los espacios comunes.

Pero la espera ha valido la pena. La demostración empírica, por partida triple, de que se puede convocar a millones de personas sin que se comentan desmanes, sin que se destroce mobiliario urbano, sin que se saboteen comercios, sin que se roben jamones, sin que se llame asesinos a los miembros del Gobierno, sin que se intente linchar a los simpatizantes del partido rival, sin que se asedien sus sedes, sin que se quemen o se asalten las mismas, han sido las dos concentraciones de Madrid y la que tuvo lugar en Salamanca.

Estas manifestaciones han cambiado radicalmente las percepciones que unos y otros, teníamos de este tipo de acontecimientos y han evidenciado dos cosas; que las convocatorias multitudinarias no están reñidas con la compostura y la decencia y que la izquierda gobernante así como sus corifeos mediáticos y sociales, siguen deliberadamente regañados con la verdad, la exactitud y la sinceridad.

Lucio Decumio.

18 junio 2005

No hay enfado, hay alegría

Pancartas y lemas que se alzaron y se corearon durante la manifestación por la unidad del Archivo de Salamanca en contra del líder de ERC, José Luis Carod, parecen haber importunado enormemente a este incansable dinamitero de la convivencia.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Carod, que se ha destacado durante los últimos años por ser el origen de infinidad de gruesas ofensas, agravios intolerables, insultos arbitrarios e injurias infundadas contra España y contra los españoles, ha terminado por obtener los réditos que merecía, pero sobre todo, que esperaba y deseaba.

Tal y como Carod preveía, la sociedad civil se ha cansado de poner siempre la otra mejilla y ésta ha reaccionado con ese apasionamiento y ese pequeño mohín de cólera que a todos nos asalta cuando queremos quitarnos de encima a alguien que sin motivo aparente, se ha empeñado durante largo tiempo en hacernos la vida imposible, mientras nosotros sólo intentábamos evitar a toda costa un conflicto no buscado y seguir tranquilamente por nuestra senda.

Y como también era previsible, este fariseo del siglo XXI ha aprovechado el aluvión de insultos contra su persona que él mismo cuidadosamente promovió, para rasgarse pública e hipócritamente sus vestiduras y tachar al PP y a los organizadores de la manifestación, con todo el amplio repertorio de calificativos que habitualmente emplea la izquierda para descalificar a quienes no piensan como ellos.

De igual manera, tampoco ha perdido la oportunidad de identificar, como buen nacionalista, su figura personal con la de toda Cataluña, de manera que los improperios recibidos los ha derivado hacia el conjunto de la sociedad catalana, con la intención de avivar aún más el perpetuo y artificial conflicto político con el resto de España del que vive -muy bien- buena parte de la clase dirigente catalana.

En resumen, Carod se frota las manos. Envalentonado por el necesario y chantajista apoyo que de su grupo parlamentario en el Congreso precisa un Gobierno débil y desprovisto de espíritu nacional, su plan para reventar la concordia entre las distintas regiones de España marcha viento en popa. Y que nadie lo olvide; las pancartas y eslóganes del pasado sábado en Salamanca, serán sin lugar a dudas, el sedimento sobre el que se justificarán las futuras barbaridades republicanas, de las que se escribirá un nuevo capítulo -ojalá me equivoque- en la inminente manifestación que ERC convocará en apoyo del nuevo estatuto de autonomía catalán.

En esa concentración, a la que a buen seguro acudirán muchos miles de personas, me temo que no sólo se corearán lemas agresivos y se elevarán pancartas injuriosas contra los rivales políticos.

Lo dicho, no está enfadado. Se está relamiendo.

Lucio Decumio.