04 agosto 2003

Creo que quieren tomarnos por tontos

Poco o nada que ver con el título que le he conferido hoy a mi comentario, tienen las primeras frases que anoto en el mismo, pero es que acabo de enterarme por un "trailer" de Canal +, que mañana esta cadena de televisión va emitir un reportaje en el que se podrá contemplar el primer encuentro entre unos niños palestinos y otros israelíes, destinado a que intercambien puntos de vista y a que pierdan, tanto unos como otros, miedos y prejuicios hacia sus eternos enemigos. Me veo en la obligación de puntualizar, aunque resulte algo obvio, que se trata de la primera toma de contacto entre los protagonistas del reportaje, pues imagino que aunque haya sido harto difícil, amistad se habrá trabado entre judíos y palestinos en alguna ocasión.

Reconozco que me gustaría estar abonado a la televisión de Polanco para poder contemplarlo, pues promete ser de lo más interesante y edificante y aunque no vaya a poder verlo, quiero felicitar a los promotores de tan cívica iniciativa. El odio y el resentimiento suelen beber de muchas fuentes, siendo una de las más caudalosas la que brota del desconocimiento del objeto u objetos de nuestros rencores. Pasar unas horas con aquellos a los que siempre se ha señalado como adversarios irreconciliables y conocerlos un poco más de cerca, sólo puede conducir a algo bueno.

Hoy prometo que no es mi intención extenderme más de la cuenta. Si alguien puede hacerse una idea de lo que significa estar delante de un PC, en tu propia casa, en Madrid, sin aire acondicionado, a 4 de Agosto de 2003 y con una masa de aire cálido sobre nuestras cabezas procedente del Norte de África, entenderá mi postura. Es como ponerse a escribir delante de la puerta de un horno o a medio metro de una crepitante hoguera. La asfixia absoluta.

A lo que iba. Hoy he experimentado algo parecido a un "déjà vu". Leyendo el periódico, me he topado con la noticia de que John Ashcroft, el equivalente norteamericano a lo que en España denominaríamos Ministro de Justicia, se ha descolgado con unas declaraciones, secundadas por Tom Ridge, Ministro de Seguridad Interior, en el sentido de que EE.UU. está al borde de sufrir ataques terroristas en la línea de los acaecidos el 11 de Septiembre de 2001. Personalmente, creo haberme dado cuenta de que con una periodicidad calculada milimétricamente, distintos prebostes de la Administración estadounidense saltan a los medios de comunicación con el fin de lanzar apocalípticas advertencias sobre la inmediatez -casi insoslayable- de unos ataques de Al Qaida u otras redes terroristas en suelo estadounidense, que jamás llegan a producirse.

Afortunadamente, dirán muchos y entre ellos, lógicamente me cuento yo.

Pero es que con posterioridad a estas soflamas, servidor no ha tenido nunca constancia de detenciones de células terroristas en territorio norteamericano, ni de la desactivación de explosivos, ni de la captura de posibles asesinos suicidas, ni del asalto a "pisos franco", ni de la incautación de armamento preparado para ser utilizado, ni nada que se le parezca. Tal y como llegan estas prevenciones, así terminan esfumándose. Haciendo un esfuerzo por ser gráfico, que no metafórico, yo compararía este tipo de avisos con deslumbrantes "flashes" de luz destinados a cegar durante algunas semanas o meses, la capacidad de análisis y de crítica del público americano.

Esto me ha dado que pensar. Y he llegado a la conclusión -puede que algo aventurada, aunque ya veremos qué nos depara el futuro- de que la Administración Norteamericana ha optado, desde el 11-S, por mantener viva la llama del miedo entre sus propios conciudadanos con el fin de continuar justificando las obscenas cantidades de dinero que se derivan hacia la Secretaría de Estado de Defensa, y desviar, en la medida de lo posible, la atención de la opinión pública de los ataques que sus tropas sufren a diario en territorio iraquí. Y seguro que algún otro asunto trata de ocultarse tras estos apercibimientos y a mí, se me está escapando. Pero es que se me están derritiendo las neuronas del calor que mi organismo está soportando y no doy más de sí.

Considero que en los primeros meses que sucedieron a las salvajadas cometidas contra las Torres Gemelas, este tipo de advertencias podían tener cierta coherencia y verosimilitud, pero pasados casi dos años desde aquel cataclismo, a mí se me antojan cortinas de humo destinadas a ganar tiempo y voluntades entre los norteamericanos menos avezados, que son muchos, me temo.

Sinceramente, no me creo las periódicas admoniciones que realizan Bush, Rumsfeld, Cheney o Ashcroft sobre la probabilidad de que en suelo americano, vuelvan a producirse atentados de semejante calibre. Y lo que voy a decir rozará, para muchos, con la herejía socio-política, pero este tipo de ataques sólo volverán a tener lugar en los EE.UU. en la medida que a los anteriormente citados les interese que eso vuelva a suceder. No digo que los ataques perpetrados contra las Torres Gemelas fueran ideados desde el Gobierno de los EE.UU. pero bastante indolencia y dejadez de funciones, sí que hubo en aquella fatídica fecha.

Con esta gente en el gobierno de su Nación, los EE.UU. se han enrocado en el miedo y la desconfianza hacia todo y hacia todos. Y eso no puede continuar así, pues no es bueno para ellos, ni para el resto del mundo, empezando por Europa. Echo de menos las formas más dialogantes y cordiales de Clinton, Carter y Kennedy.

Lucio Decumio.

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