14 febrero 2008

New Flame versus Prestige

Nótese la diferencia de tamaño entre el New Flame, encallado y hundido frente a las costas gibraltareñas y el guardacostas o remolcador -que no sé muy bien qué puede ser- que se sitúa a babor del carguero. Si el combustible y las 37.000 toneladas de chatarra que albergan sus bodegas, no son un peligro ecológico, que venga Dios y lo vea.

En pocos casos, veremos tan nítidamente la diferencia entre las dos varas de medir que se emplean en España para tratar dos catástrofes ecológicas de similar calado -nunca mejor dicho-, dependiendo del color político del Gobierno que tenga que afrontarlas.

Noviembre de 2002: Un superpetrolero de frágiles bodegas cual cristal de bohemia, encalla en las costas gallegas y al cabo de dos días, se hunde y vierte al mar miles de toneladas de fuel. La actuación, en un principio algo dubitativa del gobierno regional gallego y del nacional, ambos del PP, es aprovechada por la izquierda social, política y mediática, para montar una campaña extraordinariamente virulenta contra ambos, por supuesta negligencia, incompetencia y falta de previsión.

Las efectivas labores de limpieza puestas en marcha de modo inmediato, que se prorrogarán durante los siguientes meses, logran reparar en un tiempo récord los daños causados al ecosistema y a las costas. Asimismo, las millonarias subvenciones que se entregan a los afectados, compensan sobradamente los pérdidas económicas causadas por el gravísimo vertido.

Sin embargo, la diligencia y eficacia mostrada por los gobiernos gallego y nacional en las tareas de limpieza y en la ayuda a los afectados, poco importa a los alborotadores, que han visto en el suceso, un filón que no dudarán en seguir explotando contra su rival político -ahora fuera de ambos gobiernos- , incluso pasados más de cinco años de la catástrofe.

Agosto de 2007: Un buque de bandera panameña, el New Flame, que transporta miles de toneladas de chatarra -vaya usted a saber qué tipo de chatarra- vara en las costas de Gibraltar. Las autoridades de la colonia se desentienden del buque y las andaluzas y españolas, ambas en manos del PSOE, se cruzan de brazos ante un más que posible vertido de combustible y residuos a las mismas puertas de la bahía de Algeciras.

Febrero de 2008: Tras seis meses encallado frente a las costas gibraltareñas y sin que nadie le preste atención, el buque acaba por hundirse. La nula presencia del naufragio en los medios, fruto de la connivencia de los gobiernos andaluz y nacional con la mayoría de grupos informativos, ha permitido que seis meses de desidia o incapacidad política, que nunca lo sabremos, hayan desembocado en una nueva catástrofe ecológica frente a nuestras playas. Durante ese tiempo, 180 días, nadie se ha preocupado de extraer su contenido ni de evitar la más que posible marea negra. Tarde y mal, los ejecutivos de Chaves y Zapatero parecen preparar algo parecido a una demanda contra el Reino Unido, con el fin de lavarse la cara ante las inminentes elecciones regionales y nacionales.

No surgen espontáneamente, grupos de presión ciudadana, ni congestionadas y vociferantes manifestaciones contra unos gobernantes que esta vez sí, han tenido tiempo más que suficiente para tomar medidas al respecto. Por su parte, las televisiones afines a ambos gobiernos, tampoco realizan especiales informativos desde la costa gaditana y pasan de puntillas sobre los acontecimientos. Todo es opacidad, falta de información y confusión en torno a los hechos.

-Dos días para reaccionar en el caso del Prestige. 180 para tomar alguna determinación respecto al New Flame.

-Recuperación de la costa y de las labores de pesca en pocos meses en el caso gallego. Indeterminación, indecisión y falta de reflejos políticos en cuanto al carguero panameño.

-Inmediata entrega de compensaciones económicas a los danmificados en 2002. Parálisis absoluta de la Junta de Andalucía y del Gobierno Nacional en 2008.

-Agresiva e inmerecida campaña de desgaste informativo contra Aznar y Fraga entonces. Disimulo y silbidos al aire de los medios frente a la indolencia de Zapatero y Chaves ahora. No hay derecho.

Lo peor es que, a la vista del oscurantismo estalinista que aplican a cualquier problema que les estalla en las manos por su propia negligencia, esa misma izquierda política, social e informativa tan beligerante hace cinco años, jamás nos permitirá saber con exactitud el alcance de la catástrofe.

Última anotación. Decía al principio que pocos casos hay en los que quede más claro y más nítido, el sistema de doble vara de medir que se emplea a todos los niveles -informativo, social o político-, para mensurar la trascendencia de unos hechos trágicos o luctuosos, en función de quién ostente la responsabilidad de gobierno en un momento determinado. Pues bien, ahí va otra: los casos del más que posible derribo por parte de la guerrilla talibán de un helicóptero Cougar del Ejército de Tierra en Afganistán, aparato en el que murieron 17 soldados españoles o el caso del atentado en Líbano a nuestros blindados, que costó la vida a otros seis, pasaron por nuestros medios como dos fugaces estrellas informativas.

Ya se preocuparon Bono y Alonso, cada uno en su momento, de evitar que cualquier dato comprometido sobre estos ataques, saliera a la luz. E incluso cuando se descubrió que nuestros vehículos no llevaban inhibidores de frecuencia -¿cuántos podrían comprarse con los 250.000 euros que se ha gastado Bermejo en reformar un ático propiedad del Estado en pleno centro de Madrid?-, para evitar las detonaciones de artefactos a distancia, nada sucedió. Las peticiones de depuración de responsabilidades, realizadas por el Partido Popular, se desvanecieron en el aire, como tantas otras.

Mientras, el caso del accidente del Yak-42, en el que perdieron la vida 60 de nuestros soldados, aún sigue siendo utilizado por el Partido Socialista como arma arrojadiza contra el Partido Popular, cuando ya han pasado cinco años desde la tragedia.

Lucio Decumio.

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